José María Sánchez-Verdú: “No es teatro noh lo que propongo, he buscado una expresión que nos lleva a otro mundo”

José María Sánchez-Verdú: “No es teatro noh lo que propongo, he buscado una expresión que nos lleva a otro mundo”

Cuatro coros, una cantante de teatro noh japonés (Ryoko Aoki) y el abrazo de una orquesta sinfónica, la Nacional de España. Estos son los efectivos que nutren una de las obras más singulares y ambiciosas creadas en los últimos años por el compositor José María Sánchez-Verdú (1968). Tras ser cancelada por la pandemia, los días 11, 12 y 13 la OCNE, a las órdenes de Miguel Harth-Bedoya, alumbrarán por fin el estreno de Hacia la luz en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

¿En qué momento comenzó a plantearse la composición de una obra de efectivos y contexto tan singular como Hacia la luz?

Hace muchos años que el mundo de los presocráticos está entre mis lecturas y estudios. El Poema de Parménides ha destacado siempre junto a Empédocles. Parménides era candidato para hacer algo sobre él, sobre ese fragmentario y visionario texto, yo lo sabía…, y fue la llegada de este encargo de la OCNE el que me hizo ya dar el paso definitivamente. Hacia la luz está compuesta justo antes de la pandemia. La alegría es que ahora va a ver finalmente la luz, gracias al empeño de Félix Palomero y todos los responsables de la OCNE.

¿Cuál es la aportación de la cantante de teatro noh japonés Ryoko Aoki y cuál es su relación con esta tradición?

El mundo japonés está presente en muchas de mis investigaciones desde hace muchísimos años, no solo como compositor sino en el terreno de la estética, la filosofía, la literatura, las artes plásticas, las distintas formas de teatro y música, o la caligrafía. En 2018 estrené en Tokio una obra escénica inspirada en el teatro noh (Far Water), y fue interpretada precisamente con Ryoko Aoki y la violinista Lina Tur Bonet. Pero la lista de obras con inspiración en esa cultura es muchísimo más amplia. Ryoko Aoki encarna en esta obra escénico-musical —porque es como un gran retablo— el papel de la Diosa del proemio del Poema de Parménides. Con su voz, su movimiento y todo su mundo ritual he querido vincular el griego antiguo y todo el mundo mágico y mítico tan especial de Parménides con otra forma de voz, con el ritual del teatro noh japonés que hunde sus raíces en el siglo XIV. Obviamente no es teatro noh lo que se verá, sino una tipología de voz y expresión que nos lleva a otro mundo. Las voces en esta obra —como ese enorme coro de voces masculinas graves— abordan otros terrenos: el sonido del mito, de ese pasado que aúna el logos con la magia.

Es una obra amplia, en duración y efectivos. ¿A qué complejidades se enfrenta la OCNE a la hora de ponerla en pie?

Es un enorme retablo sonoro y de espacios. Las complejidades están sobre todo en los planos sonoros, en nuevos mundos acústicos, en los extremos en que se mueve todo este ritual y en los contrastes entre lo más refinado y mínimo frente a los grandes gestos. Es, seguro, un gran reto para la OCNE, para los cuatro coros que participan (Nacional, ORCAM, RTVE y Coral de Cámara de Pamplona) y para varios solistas de la propia orquesta, que van a tener importantes papeles protagonistas.

Hace años estuvo muy interesado en el juego con los espacios y las resonancias (mediante, por ejemplo, un instrumento de su invención, el auraphon). ¿Siguen estos asuntos vigentes en sus inquietudes estéticas actuales?

He seguido trabajando en muchas de mis grandes obras escénicas con aspectos relacionados con la resonancia, con el aura, la luz, la arquitectura, con determinadas formas de rituales, con el uso de la tecnología o también con este proceso que he desarrollado a través de muchos grandes proyectos que denominé auraphon. No me suelo repetir, por eso los proyectos que hago van abriendo nuevos campos de trabajo y de búsquedas. Especialmente en estas grandes obras escénico-musicales es donde se pueden abrir algunos de estos territorios. Hay algunas como mi última gran ópera ARGO (Schwetzingen / Maguncia), Concerto grosso (Berlín), Alegorías de la luz (Berlín), o GRAMMA (Múnich /Lucerna) que han sido muy importantes para mí y que no se han conocido en España. Todas han desplegado nuevos territorios acústicos, espaciales, de superposición de varios espacios arquitectónicos, de dramaturgias de luces, o de completa oscuridad, etc. Y también verdaderas óperas con libreto… Es un terreno en el que me siento muy feliz desde mis primeras obras escénicas en Berlín como Silence o Unbewohnter Körper, allá por 2004.

 ¿Qué otras obras tiene pendientes de estreno?

Pues en pocos días se presenta en Oporto (Casa da Musica) la obra para orquesta que hice junto al filme La chute de la maison Usher, de J. Epstein (1928). En abril destaca el estreno con la Sinfónica de la Coruña de mi nuevo concierto para guitarra y orquesta, con el solista Petri Kumela. Después vienen un nuevo cuarteto de guitarras en el ZKM de Karlsruhe con el Aleph-Gitarrenquartett, y ya en 2023 una obra para violoncello y electrónica en Avelino (Italia) y un concierto para violonchelo y orquesta en el Véneto. Echo ya de menos volver a trabajar en un proyecto potente y nuevo para la escena. Espero que sea en breve porque es uno de mis mundos más queridos; debo tener unas doce obras, entre óperas, teatro musical, óperas instalaciones, etc. Es un mundo por el que siento fascinación. Y vuelvo siempre a él.

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Ismael G. Cabral