Intensa expresión pucciniana de Gustavo Gimeno

PUCCINI:
Misa de Gloria. Scherzo para cuerdas. Capricho sinfónico. Crisantemos. Charles Castronovo, Ludovic Tézier. Orquesta Filarmónica de Luxemburgo. Orfeó Català. Director: Gustavo Gimeno. HARMONIA MUNDI (1 CD)
Desde las primeras tenues notas que portican el Kyrie, se siente la atmósfera introspectiva, interiorizada y de intensa expresión pucciniana con la que Gustavo Gimeno envuelve, entiende y aborda la Misa de Gloria que el genio de Lucca compone en 1880, con apenas 21 años. Gimeno, maestro ducho en repertorio sinfónico-coral (recuérdense sus interpretaciones o grabaciones de obras como el Stabat mater y Petite Messe Solennelle, de Rossini; Requiem de Verdi; Mesías de Händel, Dafnis y Cloe de Ravel o Tercera sinfonía de Mahler), se impregna de la frescura y esencia dramática que alienta la partitura para plantear una versión transparente, brillante —Gloría— y de intensa luminosidad, cualidades que cohabitan con un lenguaje expresivo —Credo— que parece anunciar el futuro Te Deum de Tosca.
Músico de hondos sentires y saberes, Gimeno calibra con mano realmente maestra los universos diversos que convergen en los 18 episodios que componen esta misa cargada de resonancias arcaizantes, esencia dramática (casi operística: Et resurrexit) y resuelta naturaleza coral. El equilibrio entre el rico sinfonismo y la cuidada vocalidad es tan proverbial como la meticulosa claridad de los detalles. Se siente la fiel e inteligente involucración de la batuta con una partitura que en sus manos se carga de colores, matices y destellos. Versión de referencia, enriquecida con las intervenciones de dos voces tan punteras como las del tenor Charles Castronovo y el barítono Ludovic Tézier, excepcionales ambos en el Agnus Dei. Particularmente Castronovo en la apasionada “aria” Gratias tibi agimus y Tézier en un ungido Benedictus que marca referencia.
El Orfeó Català relumbra en todo el registro: ya desde el dramático Kyrie (fragmento que Puccini recuperaría en su segunda ópera, Edgar), luego en el coral Cum sancto Spiritu y en la subsiguiente e impresionante fuga, que concluye con la afirmación triunfal del Gloria (Gloria in excelsis Deo).También en el asombroso final, magistralmente reestructurado por un Gimeno del todo involucrado en este Agnus Dei que concluye asombrosamente desvanecido en un inesperado pianísimo, y que luego Puccini reutilizaría, rebautizado como “Madrigale”, en el segundo acto de Manon Lescaut.
Esta nueva diana discográfica de Gustavo Gimeno se completa con otras tres referencias, todas de carácter exclusivamente instrumental. La Filarmónica de Luxemburgo, de la mano de su titular, redondea su pulida interpretación de la misa con visiones cuajadas de fuste instrumental y sentido expresivo del Scherzo para cuerdas, del Capricho sinfónico de 1883, y del elegiaco Crisantemos, fragmento concebido en 1892 para cuarteto de cuerdas, que aquí encuentra una más que emotiva lectura de los filarmónicos luxemburgueses inspirados y regidos por un maestro que respira y transpira con el sortilegio de estos casi inmóviles compases.
Justo Romero


