Inmejorable introducción al fascinante universo musical de Malcom Arnold

MALCOM ARNOLD:
Commonwealth Christmas Overture; Clarinet Concerto; Philharmonic Concerto; Divertimento n. 2; The Padstow Lifeboat. Michael Collins, clarinete. BBC Philharmonic. Dir.: Rumon Gamba / CHANDOS
Si Aaron Copland hubiera nacido en Inglaterra, se habría llamado Malcolm Arnold.
Y viceversa.
A veces, entre la ubérrima cornucopia que supone la producción musical de Arnold, el inglés se desvía -igual que Copland- de la vasta competencia orquestal para ofrecernos maíz recién enlatado. Pero justo cuando uno piensa que el compositor no está siendo capaz de afrontar del todo la situación, Arnold -como Copland- lanza un petardo desde algún instrumento de viento-madera y nos hace entender por qué algunos cognoscenti le consideran el compositor británico más infravalorado del siglo XX.
¿Por dónde empezar? Pues, por ejemplo, por una Commonwealth Christmas Overture de 1957 en la que se escuchan, entre todo tipo de decoraciones navideñas, fragmentos del rodeo hollywoodiense de Copland junto a pasajes de calipso caribeño para banda de metales que hoy en día estarían prohibidos por apropiación cultural indebida. Arnold ganó ese año un Oscar por El puente sobre el río Kwai, de David Lean. Copland había obtenido seis Oscar, el último en 1950.
El Concierto para clarinete de Arnold, escrito en 1948, es dos años anterior al de Copland. Aunque está impregnado de un refrescante espíritu lúdico y lleno de buenas melodías, carece de la atmósfera mahleriana, melancólica e íntima, del que Copland compuso para Benny Goodman. El solista en esta grabación es el empático Michael Collins, quien logra reflejar sombríamente las numerosas desgracias que golpearon a un compositor que padeció severos desequilibrios mentales y en una ocasión estuvo recluido en un hospital psiquiátrico.
El Philharmonic Concerto de Arnold fue un encargo de Bernard Haitink y la Orquesta Filarmónica de Londres con motivo del debut de la orquesta en el Carnegie Hall en noviembre de 1976, coincidiendo con el bicentenario de la independencia estadounidense. Como no podía ser de otra manera, Arnold se lanza sobre el tarro de las galletas de la América musical, exactamente igual que hizo Copland en Appalachian Spring. Pase por alto los momentos en los que esta pieza de 14 minutos parece escrita para el programa televisivo ‘Nombre la melodía’ y encontrará pasajes de trascendencia sinfónica, sobre todo en el introspectivo movimiento central. Malcom Arnold podía ser un compositor rimbombante, pero era siempre capaz de intuir y sorprender con agudeza.
Hay muchas más cosas en este álbum -me encanta el evocador poema sinfónico Larch Trees, de 1943-, pero no dispongo de tiempo ni de espacio. En todo caso, el disco se antoja la mejor introducción posible al universo musical de Arnold, interpretada con absoluta excelencia por la Filarmónica de la BBC bajo la dirección del experto Rumon Gamba. Si quiere descubrir la dimensión que le falta a la música inglesa, aquí la tiene.
Norman Lebrecht


