In memoriam Pedro Llopis

In memoriam Pedro Llopis

Escribo estas notas desde la habitación de un hotel. Me encuentro en Barcelona, donde tocaré el arpa dentro de un par de días en un precioso proyecto con muy queridos colegas y amigos. Todos los participantes de este concierto son cantantes, excepto yo; y mi arpa será el único instrumento que acompañará sus voces. El arpa que utilizaré para este concierto fue construida por un violero (o luthier) maravilloso, todo un referente en el campo de la recuperación de las arpas antiguas hispanas y un gran amigo; su nombre: Pedro Llopis.

Lamentablemente, ayer mismo, pocas horas antes de escribir estas líneas, me entero del fallecimiento de Pedro. Podría pasarme horas hablando de la importancia de su figura, sobre su fundamental trabajo en el campo de la investigación y reconstrucción de las arpas españolas… Y es que Pedro era un pionero, y de los pioneros siempre hay mucho que contar. Me encanta esa palabra, pionero, a la hora de hablar de música antigua, tanto de intérpretes como de violeros. Quien me conozca un poquito sabe de mi admiración y adoración por esas generaciones, una admiración que con los años va en aumento. Un pionero parte de la nada, no hay barreras para su entusiasmo y pasión y tanto la sabiduría como el aprendizaje van de la mano durante toda su vida. Pedro era de esa pasta, un pionero en mayúsculas; el arpa antigua hispana hoy en día no sería nada sin su legado, y todo el camino que Pedro recorrió fue vital para las generaciones posteriores (incluso lo fue para sus colegas coetáneos).

Su pasión por el arpa antigua lo llevó a donde hay que ir: a las fuentes originales, a los conventos, monasterios, colecciones privadas, y al minucioso estudio de los tratados de construcción de arpas. No importaban los azarosos y complicados trámites que había que sortear para estudiar determinada arpa, ahí estaba Pedro viajando a donde había que viajar y echando las horas que fueran necesarias, todo sin ningún tipo de apoyo institucional, solamente guiado por su honestidad, curiosidad y ansias de hacer bien las cosas.

Sin el trabajo de constructores como Pedro, los músicos no podríamos ejercer nuestros trabajos ni expresarnos como queremos, ya que sabemos de la gran importancia de tener un muy buen instrumento, por eso nunca está de más acordarnos de los desvelos de los luthiers para contentarnos… Pedro era también de esos que no cesaban hasta dar con el sonido adecuado, siempre fiel a las fuentes originales.

Termino estas breves palabras en recuerdo de un amigo, que tanto me apoyó y me ayudó. Lo echaré muchísimo de menos, y en este momento me vienen mil recuerdos de él, ya que nos conocíamos desde hace más de treinta años, que se dice pronto… Pero, de repente, mientras termino de escribir en la mesa de mi habitación, giro ligeramente mi cabeza a la derecha y ahí veo mi arpa construida por Pedro, que sonará de nuevo este domingo, cubierta por su funda morada, con su logo tan característico formado por sus iniciales acompañadas de la frase “Arpas antiguas de España”. Pienso que muchas veces durante muchos años, siempre que viajo con mi arpa, cuando va a mi lado en un avión o tren, cuando compartimos horas de estudio y ensayo, algo de Pedro viene conmigo, que mi arpa esta formada por tablas de maderas cortadas por sus manos con todo el cariño del mundo y pienso que un poco de Pedro siempre me acompañará y me seguirá apoyando…mil gracias por todo querido Pedro, nunca te olvidaré, para mí sería imposible.

(Manuel Vilas es arpista y director del grupo Ars Atlántica)

Nota de la Redacción: Pedro Llopis falleció en la noche del pasado 13 de mayo, a los 76 años, en Santa Cruz de Tenerife, donde había fijado hacía tiempo su residencia. En 2018, recibió el Premio de Honor de la Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua (GEMA), compartido con su hermana, la arpista Nuria Llopis (quien le convenció para que dejara su profesión de arquitecto y se dedicara a construir arpas históricas), y con la musicóloga Cristina Bordas [los tres, en la foto adjunta] por su trabajo pionero en la recuperación de este instrumento. Deja un incalculable legado de conocimiento y experiencia, que ha sido recogido por su sobrino, el lutier Javier Reyes de León.