Homenaje entrañable a un músico irrepetible: Nicolau de Figueiredo

Homenaje entrañable a un músico irrepetible: Nicolau de Figueiredo

Nicolau de Figueiredo fue una figura irrepetible. Un auténtico genio. Uno de los más sobresalientes especialistas en música barroca nacidos en Iberoamérica. Y, sin duda, uno de los mejores clavecinistas del siglo XX, como no podía ser de otra manera tratándose del alumno predilecto del gran Scott Ross. No ha habido nadie que conociera y que tocara mejor que este brasileño la obra para teclado de las tres ‘eses’ del barroco ibérico: Scarlatti, Soler y Seixas. Figueiredo falleció prematuramente en julio de 2016, dos meses antes de cumplir los 56 años, cuando estaba en la cima de su carrera y cuando todavía tenía muchas cosas que decir, no solo como clavecinista sino como director, campo en el que destacó de manera admirable ya desde sus tiempos de titular de la cátedra de Música de Ópera en la Schola Catorum Basiliensis (de 1990 a 2000) y, sobre todo, en su faceta de asistente de René Jacobs. De 2004 a 2007, también fue profesor de Canto Barroco en el Conservatorio de París, ciudad en la que residió hasta solo unos meses antes de morir, cuando decidió regresar a São Paulo para cuidar a su anciana madre.

El hueco que dejó Figueiredo no ha sido todavía cubierto por nadie. Es imposible hacerlo. Sobre todo, para quienes tuvieron el privilegio de ser sus alumnos y para los que tuvimos la fortuna de ser sus amigos. Tres de aquellos alumnos (la soprano Marília Vargas, el clavecinista Fernando Cordella y el violinista Juliano Buosi, formado en Violín Barroco en la ESMUC de Barcelona) acaban de dedicar el mejor homenaje posible a quien fue su maestro, amigo y colega: la grabación de las Nueve arias alemanas de Haendel.

Figueiredo poseía una importante colección musical que, tras su fallecimiento, fue donada por su familia a la Escuela de Música del Estado de São Paulo (la colección había sido trasladada poco a poco desde Europa por sus amigos, ya que era realmente voluminosa). Una vez en Brasil, se profundizó en su contenido y se descubrió en ella un manuscrito autógrafo con las mencionadas Nueve arias alemanas de Haendel ornamentadas por Figueiredo, que son las que se han empleado para esta grabación. Si por algo destacó Figueiredo fue precisamente por su pericia a la hora de embellecer los da capi, de lo cual queda constancia en su abundante discografía (sobre todo, en los registros en que intervino como asistente de Jacobs). Como parte del homenaje, la Escuela de Música del Estado de São Paulo ha puesto a disposición de quienes quieran utilizarlos los facsímiles y la edición de estas ornamentaciones de las Nueve arias alemanas.

Lamentablemente, estas ornamentaciones apenas pudieron escucharse en su momento. El público del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÀS) sí tuvo la fortuna de poder hacerlo: en la edición de 2009, coincidiendo con el 250º aniversario de la muerte de Haendel, se programaron las Nueve arias alemanas ornadas por Figueiredo, quien desde el clave dirigió a la soprano ucraniana Julia Kogan y a la Orquesta Barroca de Sevilla. El concierto fue grabado y retransmitido por Radio Clásica. No es ese el único testimonio que hay de la colaboración entre la Barroca de Sevilla y el clavecinista brasileño, que unos años más tarde (2012), junto al contratenor Carlos Mena, publicarían en el sello Prometeus un disco con obras de Domenico Scarlatti y Charles Avison.

Como forma simbólica de unirnos a este homenaje, incluimos aquí un interesante vídeo de Figueiredo disertando (en francés) sobre el Fandango del padre Soler… y tocándolo. Nadie lo ha tocado nunca mejor que él. Al menos, en tiempos modernos.

Eduardo Torrico

(Foto: Archivo de la Fundación Juan March)