HOHENEMS / Andrè Schuen y su ‘Winterreise’ intenso y doliente

Hohenems. Sala Markus Sittikus. 2-V-2026. Andrè Schuen, barítono. Daniel Heide, piano. Schubert: Winterreise.
El 14 de mayo de 1976, Hermann Prey interpretaba el Winterreise junto al pianista Karl Engel en la primera edición de la Schubertiade de Hohenems-Schwarzenberg; cincuenta años después es Andrè Schuen quien toma el relevo. El barítono italiano es uno de los intérpretes de Schubert más reconocidos de la actualidad y, en concreto, uno de los más excelsos intérpretes del Winterreise; de hecho, en 2024 Deutsche Grammophon publicó su grabación del ciclo junto a Daniel Heide.
Desde entonces, Schuen no solo ha cambiado estética dejando atrás su carismática melena juvenil, sino que, además, la voz ha evolucionado a mejor. Al contrario de lo que le ocurrió a Sansón, al perder la melena la voz no solo no ha perdido fuerza, sino que ha madurado vocalmente; sigue conservando esa belleza tímbrica única en el panorama internacional, pero ahora algo más oscurecida y aterciopelada.
Conceptualmente, su interpretación fue de una austera intensidad. Durante todo el ciclo, Schuen consiguió transmitir el profundo dolor de esa voz narradora que da unidad a todo el ciclo y que es, en realidad, la del propio Wilhelm Müller; ahora bien, lo logró con una deslumbrante economía de medios.
La emisión mantuvo una constante homogeneidad con una voz recia y oscura; en lugar de buscar una multiplicidad de efectos y emisiones, se centró en subrayar cada palabra jugando, simplemente, con el color y el acento de la voz. Era en el narrar donde concentró toda la expresividad. En ese proceder, no dejó espacio casi para la relajación, manteniendo una constante intensidad doliente. Solo eventualmente utilizó la voz mixta, por ejemplo, en la frase “Ihr lacht wohl über der Traumer, der Blumen in Winter sah?” (“¿Os reís del soñador que ve flores en invierno?”) de Frühlingstraum, efecto que no repitió en la repetición musical de esa frase en la última estrofa. Tal vez quiso resaltar el significado de esa frase, que es una forma de plasmar la esperanza.
A su lado, Daniel Heide comulgó plenamente con la concepción de la obra de forma que pianista y cantante constituían una unidad. Heide es uno de los grandes especialistas en lied de hoy en día y posee un dominio técnico y estilístico absoluto. Además, es de los pocos pianistas que busca en este repertorio la misma calidad que un gran pianista persigue en las sonatas de Schubert especialmente a la hora de afrontar las repeticiones. En ese sentido, como si de una sonata se tratase, evita caer en la monotonía, el mayor peligro que se corre en la música para piano solo del compositor y que él traslada al lied; en ello, pues, puede compararse, desde la modestia y salvando las distancias, con un Richter o un Brendel.
En definitiva, ambos artistas lograron alcanzar el máximo nivel emotivo y expresivo firmando una versión a la altura de la tradición de la Schubertiade; Schuen, pues, se corona como un digno sucesor que los legendarios Prey o Fischer-Dieskau quienes hicieron grande este festival.
César Rus
(foto: Schubertiade Hohenems)


