Heinz Holliger, el espíritu descubridor

Heinz Holliger, el espíritu descubridor

El pasado 21 de mayo cumplió 80 años Heinz Holliger. Es difícil resumir en pocas líneas la personalidad polifacética de este músico suizo que ha descollado en las facetas de oboísta, compositor y director de orquesta. Su carrera internacional empieza con la victoria en los concursos de Ginebra (1959) y Múnich (1961), donde se impone como uno de los grandes solistas de su instrumento. El afán indagador acompañará siempre a Holliger, quien muestra un acusado interés los repertorios menos atendidos. En primer lugar, el contemporáneo. A él se debe el estreno de páginas como la Sequenza VII de Berio, Spiral de Stockhausen, Distance de Takemitsu o el Doble concierto de Henze. Pero es también notoria su dedicación al repertorio barroco cuando los grupos de música antigua se contaban aún con los dedos de una mano. En los años setenta y ochenta gozaban todavía de buena difusión sus versiones de los conciertos para oboe de Vivaldi, Albinoni y Telemann. Aunque donde Holliger dejó una huella decisiva fue en la divulgación del entonces desconocido Jan Dismas Zelenka junto a sus compañeros de la Camerata Bern a principios de los setenta.

A medida que su actividad como solista disminuía, Holliger empezó a dedicar más tiempo a la dirección orquestal. Aquí tampoco cejó en su empeño por abogar en favor de compositores injustamente minusvalorados. Ejemplares en este sentido son sus registros dedicados a Charles Koechlin (Hänssler). Tampoco puede pasarse por alto en el aspecto estrictamente artístico la reciente integral dedicada a la obra orquestal de su compositor fetiche, Schumann (Audite).

Si algo define a Holliger y lo acompaña a lo largo de toda su carrera, es sin duda su faceta creadora. Su primera etapa muestra una proximidad evidente con las formulaciones más radicales de la vanguardia de entonces (Nono, Lachenmann). A principios de los noventa, termina Scardanelli-Zyklus (1975-1991), un conjunto de piezas inspiradas en Hölderlin que le afianza definitivamente como uno de los grandes compositores de la escena internacional. Las obras posteriores, numerosas y variadas, no han hecho sino confirmar su estatura como creador desde enfoques estéticos más dúctiles pero siempre originales y rigurosos. Gran importancia tiene en su catálogo la voz y el texto poético, donde una vez más ratifica su interés por los artistas marginales, como el genial escritor suizo Robert Walser.

 

(foto: Daniel Vass)