Ha muerto Pedro Sarmiento, maestro en la música y la vida

Ha muerto Pedro Sarmiento, maestro en la música y la vida

Hace un rato me llamaba Juan Lucas para decirme que ha muerto Pedro Sarmiento. Pedro fue una de las mejores cosas con las que me encontré al llegar a SCHERZO. Y no sólo por su extraordinaria competencia en temas de educación y pedagogía musical sino por su carácter, su tranquilidad, su educación exquisita, su inteligencia sólo comparable a una envidiable elegancia en el trato. Los años en los que dirigí la revista la presencia de Pedro en los temas de educación era un seguro de vida, saber que teníamos al mejor, que cualquier tema que se suscitara, y no digamos en esos tiempos en los que las cosas venían peor dadas, iba a tener de su mano un tratamiento equilibrado y sensato.

Hace tiempo que no nos veíamos, vivíamos en ciudades distantes y las circunstancias hacían difícil que pudiéramos encontrarnos, pero Pedro siempre estaba cercano, cada vez que leía su sección en SCHERZO o siguiendo las peripecias de su maravilloso proyecto LÓVA, que todavía está esperando el reconocimiento explícito del mundo de la lírica, como tantos tan rácano a la hora de mirar más allá de su horizonte inmediato o de cubrir huecos en el escalafón de las vanidades. Benjamín García-Rosado lo explicaba muy bien en el número de SCHERZO correspondiente a este mismo mes de marzo.

Pedro ejercía su magisterio ya sólo con estar, mostrando como sin querer todo lo que sabía, abierto siempre a aquellas cosas que quizá controlaba menos porque pertenecían a lo más banal de nuestra actividad conjunta, él que trabajaba de verdad por la música. Un magisterio que llegaba de la naturalidad y que sabía mostrarse en foros bien distintos, del aula a la revista o a la conferencia.

Ha sido un honor y una suerte inmensa trabajar con Pedro, conocerlo, aprender de él tantas cosas y procurar poner en práctica ese su admirable talante que le llevaba a ser mucho más que un poco de todo y todo bien: profesor, compositor, pianista o improvisador que venía de haber estudiado en Boston con Ran Blake. Nos deja muy joven, a los sesenta, con mucho por hacer y con mucho que enseñarnos. Cómo le vamos a echar de menos.