GRANADA / Trío Arbós, de Bach a un Opus. 1 devorador

Granada. 74º Festival de Granada. Hospital Real. 6-VII-2025. Trío Arbós (Ferdinando Trematore, violín; José Miguel Gómez, violonchelo; Juan Carlos Garvayo, piano). Obras de Bach/Busoni, Sánchez-Verdú, Hidalgo, García Román y Guerrero.
Ojalá volver a escuchar el Op. 1 Manual, de Francisco Guerrero (1951-1997). Lo registraron, para su posterior emisión, los micrófonos de Radio Clásica. Será entonces momento de reevaluar si la versión fue tan portentosa como, de primeras, pareció serlo. Juan Carlos Garvayó atacó las iniciales oleadas xenakianas y logró que esta pieza un tanto extraviada en el catálogo del compositor de Linares cobrara una importancia que, a menudo, le esquiva. De lenguaje denso, densísimo, el pianista del Arbós enfatizó la masa sonora y expuso con gigantesca violencia y teatralidad las células motívicas que transitan esta obra devoradora. Lo es en tanto que una excelente ejecución de la misma (como fue el caso) puede devorar a dentelladas lo que la rodea en un programa.
Que su conclusión se hilase con los primeros compases de Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, de Bach, no hizo si no generar un efecto dramático fenomenal. El concierto del Trío Arbós funcionó, en su carácter expositivo, de principio a fin. Se repasaba el magisterio del granadino Juan Alfonso García en los compositores que le sucedieron y que aprendieron con él. De José María Sánchez-Verdú (1968) se escuchó su Trío III, donde espejean esquejes de lo que pudiera ser una música antigua innominada. Está en ella toda la gestualidad que forma parte de su gramática; resonancias del pedal del piano, roces del arco, trabajo con los armónicos, transformaciones a cámara lenta del timbre y dinámicas extremadas. Trematore y Gómez, en las cuerdas, profundizaron en esa suspensión del tiempo tan cercana a su poética. Nada que ver con el Trío Esperando, de Manel Hidalgo (1956) cuya obra se ha ido haciendo más y más formalista con el tiempo. Se trata de una obra resuelta con oficio en la que se plantean conflictos a los que no se le ofrecen soluciones; conecta, en estética, con la música del último Mauricio Kagel; un regreso a la forma desde la óptica de un academicismo regio.

De civitate cordis, de José García Román (1945), procuró instantes de una introspección canónica un punto desusada; puede no ser música de ultimísima novedad, pero está excelentemente escrita. En la escucha, y en el buen hacer de los músicos del Arbós, se siguieron las líneas melódicas y los climax serenos; de texturas diáfanas y un lenguaje en el que lo tonal aparece como consecuencia de la propia lógica interna. Hubo más Bach al ojo de Busoni y reelaborado por Juan Carlos Garvayo. Tanto repensarlo hizo que este se licuara en la primera muestra, Komm, Gott Schöpfer!, para reaparecer con toda su carga de sugerencias en Wachet auf, ruft uns die Stimme.
Ismael G. Cabral


