GRANADA / Solemne y emocionante Bruckner de la Orquesta sinfónica de RTVE

Granada. Palacio de Carlos V. 16-VI-2024. Orquesta sinfónica de RTVE. Director: Christoph Eschenbach. Obras de Mozart y Bruckner.
Tercero de los Conciertos de palacio del Festival de Granada con la Orquesta Sinfónica de RTVE bajo la dirección de Christoph Eschenbach en conmemoración del 200 aniversario del nacimiento de Anton Bruckner con un programa bien hilado, que incluía la Sinfonía nº 36 en do mayor K 425 “Linz” de Mozart (como es sabido, de allí fue organista Bruckner durante varios años), y la Sinfonía n.º 7 en mi mayor WAB 107 de este último compositor: una excelente manera de observar la evolución en el tiempo de esta forma musical fundamental desde su consolidación clásica a su expansiva manifestación posromántica y además en el mismo contexto cultural.
La interpretación de la sinfonía de Mozart fue correcta, digamos “tradicional” (dicho sin la menor intención peyorativa), un Mozart terso y refinado, propio de una orquesta versátil y de repertorio de instrumentos actuales. Inevitablemente pareció tener algo de pórtico a lo que venía después, una suerte de preludio o preámbulo. El segundo movimiento, el Andante, por ejemplo, fue rápido y legato, algo plano, en contraste con el Menuetto, muy contrastado y enérgico, y un cuarto movimiento, Presto, inspirado y jovial. Los gestos de Eschenbach fueron durante todo el concierto mínimos y precisos, muy eficaces, destinados a destacar matices y efectos muy concretos y deliberados. Es interesante señalar cómo la sinfonía de Mozart la dirigió con partitura y la de Bruckner sin ella.
A la vuelta del descanso, impresionaba el contraste entre la breve orquesta clásica y la descomunal formación que aguardaba para interpretar la séptima. Desde los primeros compases, expectantes y luminosos, la interpretación fluyó magnífica, enérgica, honda, sentida. Cabe destacar especialmente la claridad expositiva de la pieza, dotada además de una cierta solemnidad que resaltaba la estructura de los distintos movimientos y le sentaba muy bien. También la capacidad para el matiz y el contraste (maravillosos en general los pianissimi), tanto del director para solicitarlos como de las orquesta para su ejecución. En el primer movimiento, el Allegro moderato, cabe destacar, en este mismo sentido de claridad expositiva, la interpretación del desarrollo, y, en particular, de los momentos mínimos de diálogo entre instrumentos concretos o familias que aligeran la partitura (al igual que, por el contrario, algunos tutti amenazaron con cierta desestabilización); la coda, poderosa en su lentitud, sonó impresionante. El imponente adagio también participó de esta virtud de la claridad aunada a la intensidad y resultó emocionante y desbordantemente lírico en su expansión descomunal, quizá un poco desfondado justo al llegar al clímax, pero con una preciosa culminación en la breve trauermusik conclusiva y el calmo final de las trompas.
Estupendo el scherzo, sin cargar mucho las tintas, en especial en el lirismo del trío, muy logrado —la cuerda fue, a mi juicio, sin menoscabo de las otras familias de instrumentos, todas a un gran nivel, la gran protagonista de la noche en su desempeño—, y un cuarto movimiento muy suelto, juguetón y contrastado, con una orquesta ya plenamente imbuida del espíritu de gran sinfonismo y entregada al asombroso juego de contrastes del movimiento.
En definitiva, una interpretación vibrante y magnífica con una orquesta de RTVE en plena forma, óptima para continuar esta conmemoración de Anton Bruckner, que ya comenzó con la interpretación de la Quinta en la inauguración y que, como una carrera de relevos, tendrá su prolongación en próximas entregas del Festival.
José Manuel Ruiz Martínez
(foto: Fermín Rodríguez | Festival de Granada 2024)


