GRANADA / Pons y la OCG interpretan a Nino Rota: un reencuentro memorable

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 10-X-2026. Joaquín Arrabal, contrabajo. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Josep Pons. Obras de Nino Rota.
El primer concierto de abono sinfónico de la OCG implicaba en cierto modo remontar hasta alguna de las fuentes principales que han contribuido a crear la formación. Dirigía la orquesta Josep Pons, quien, sin menoscabo de otros, contribuyó de forma decisiva a darle su sonido y su personalidad —y se notó en los gestos y miradas cómplices, antes y después de las interpretaciones con algunos de los miembros más veteranos—, y lo hizo con un programa también marca de la casa y del director, de esos que amplían las posibilidades más obvias del repertorio y, a la vez, acercan la orquesta a otros públicos. Se interpretó música de Nino Rota, en lo que implicaba un homenaje, sin necesidad de velo, a la grabación que orquesta y director hicieron de parte del programa del concierto en un libro-disco memorable para Harmonia Mundi que puede recomendarse sin reservas. Hicieron en esta ocasión las ballabili dances de Il Gattopardo, el Divertimento concertante para contrabajo y orquesta y La Strada, suite del ballet (y por tanto una música autónoma de la banda sonora de la película, y que incluía, de hecho, algunos motivos y referencias empleados en otras).
La versión de las danzas de Il Gattopardo fue una auténtica delicia. Con una dirección nítida y matizadísima, atenta sobre todo a los detalles, la sucesión (valses, mazurka, polca, cuadrilla, galop…) pudo evocar, con todo su encanto característico, un concierto de año nuevo en miniatura, solo que alterado por la malicia meridional, novecentista y cinematográfica que aporta Rota. De hecho, la versión tuvo un punto muy sugestivo de amaneramiento consciente, casi irónico, en el uso de las dinámicas, los contrastes tímbricos, la alteración de tempi y, sobre todo, del rubato. La música sonaba evocadora consiguiendo no ser cursi ni ingenua. Un ejemplo: para subrayar el matiz, Pons se llevó la mano a los labios con coquetería, como una damisela falsamente sonrojada, y la orquesta hizo un súbito rubato. El Valzer del Commiato en particular fue una verdadera maravilla.
Un concierto con contrabajo solista permitió desautomatizar de repente la envergadura y la dificultad de un instrumento que, paradójicamente, suele pasar desapercibido en la orquesta a pesar de constituir en muchas ocasiones su cimiento sonoros (como muy bien supo contar el estupendo monólogo de Patrick Süsskind, El contrabajo). Visto de frente y esgrimido por Joaquín Arrabal junto al director, parecía de repente casi un instrumento cómico en su desolada desproporción y dificultades de manejo. Hasta que comenzó a sonar. Fue un espectáculo asistir a la lucha amorosa del solista con el instrumento en su interpretación esforzada y virtuosa, con una musicalidad espectacular y unos agudos imposibles junto a una orquesta compacta y brillante como lo es la propia obra, cuya densidad sinfónica tras su aparente desenfado supieron recoger. Todavía hizo Arrabal una propina: la Polonesa de la Suite nº 2 BVW 1067 de Bach en un arreglo para dos contrabajos —allá que se fue a tocar, con simpática naturalidad, junto su colega y el resto de contrabajos— al que se sumó Juan Carlos Chornet con la flauta, muy logrado y cómplice.
Esta brillantez llegó a su paroxismo en la suite del ballet La Strada. Fue un auténtico alarde de sonoridad, expresividad emoción y belleza, con la orquesta en plena forma en sus distintas familias y recorriendo toda una serie de registros —de lo circense a lo dramático, de los ecos de vanguardia a la big band— que se desplegaron en todo su poder. La orquesta estaba comodísima y empastada y por momentos no se sabía, llevada por Pons, a dónde iba a llegar en potencia y belleza sonora. Magníficas intervenciones solistas de la concertino, Birgit Kolar, que al interpretar el tema característico del film consiguió evocarlo en toda su nostálgico poder de sugestión. Un concierto emocionante y memorable
José Manuel Ruiz Martínez


