GRANADA / Orquesta Ciudad de Granada: coronación para un centenario

Granada. Catedral. 6-VI-2025. Sabrina Gárdez, soprano. Marta Infante, alto. Santiago Ballerini, tenor. Reinhard Hagen, bajo. Coro de la Orquesta Ciudad de Granada (director: Héctor Eliel Márquez). Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías. Obras de Mozart.
La OCG, que ya se había sumado a la conmemoración del V Centenario de la Catedral de Granada a través de su bonita imagen para esta temporada (carteles y programas de mano), diseñados a partir de imágenes y motivos de la Catedral, culmina la conmemoración con un concierto extraordinario realizado en el propio templo. Si concluyó el curso con un concierto dedicado íntegramente a Mozart, este otro extraordinario también lo estuvo, e incluyó la Sinfonía n.º 25 en Sol menor K 183/173b y la Misa en Do mayor K 317 “de la Coronación”.
Pocos marcos más apropiados y sugestivos para escuchar esas obras —un espacio alto y luminoso donde predomina el blanco y el dorado, y dos imponentes órganos barrocos simétricos que custodian el crucero, donde se situaron los músicos—. No obstante, la acústica de la Catedral de Granada —un bosque abierto de haces de columnas, sin coro que la recoja— es peculiar, lo que dificulta tanto la interpretación como la escucha: hay un efecto muy acusado de reverberación al que se suma otro algo extraño de leve amplificación. En estas condiciones, resultó interesante el esfuerzo consciente que realizaron tanto la orquesta como el coro de la OCG —estos últimos en dicción y en proyección— bajo la dirección de Lucas Macías, de manera que se minimizaron los inconvenientes y la interpretación fluyó en todo momento, clara y sonora. En cierto modo esto permitió incluso una mejor escucha de la propuesta desde el extrañamiento.
La sinfonía sonó expresiva, pero a la vez contenida y elegante, acorde con su característico espíritu de Sturm und Drang que, siendo dramático, todavía no es propiamente romántico. Con un gran empaste y excelente balance entre familias (en un contexto donde cualquier desajuste se habría amplificado y repetido en eco de manera fatal), fue una versión impecable y equilibrada —bonitos los diálogos entre violines y violonchelos—, con un Lucas Macías con las ideas claras, preciso y confiado en sus gestos.
Las mismas virtudes acompañaron a la interpretación de la misa —precisión y expresividad—, salvo que el dramatismo se sustituyó por una serena jovialidad, tanto en los momentos exultantes como en los líricos y delicados. Como hemos dicho, el coro cuidó la dicción, y supo realizar en esas condiciones tan difíciles diversos matices (repeticiones en piano, ataques o silencios súbitos…) con empaste y musicalidad no inferiores a los de la orquesta. Especialmente logrados resultaron, por ejemplo, tanto el comienzo del Kirie como el del Gloria, en su tema inicial y sus recapitulaciones sucesivas.
Los solistas resultaron también estupendos, muy solventes: sus intervenciones fluían con naturalidad en sus alternancias con el coro creando un elegante continuum. Destacaron como es lógico en uno de sus grandes momentos, el Benedictus. La soprano, Sabrina Gárdez, estuvo musical, delicada y maravillosa en el Agnus dei, —mágico el momento de acompañamiento en pizzicati—, que quedó suspendido en su propio eco.
Fue, en definitiva, un concierto muy grato y no exento de cierta ligereza, y que hermana de un modo peculiar Salzburgo con Granada más allá del católico barroco, blanco y dorado: de lo más adecuado para una conmemoración histórica.
José Manuel Ruiz Martínez
(foto: José Antonio Albornoz)


