GRANADA / OCG y la Joven Academia: un final de año ruso y festivo

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 19-XII-2024. Joven Academia de la OCG. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías. Obras de Glinka y Chaikovski.
A diferencia de otros años, esta vez no ha terminado el año de la Orquesta Ciudad de Granada con El Mesías, sino que ha habido otro concierto con un espíritu más o menos navideño, sin duda festivo (así se indicaba en el título, «festival»), donde la orquesta tocó junto a la Joven Academia de la OCG —ya se sabe: la simbiosis virtuosa por lo la cual los jóvenes músicos se forman y tocan en un concierto real mentorizados por los músicos senior y la orquesta puede interpretar obras sinfónicas que requieren de una plantilla más nutrida—. Se interpretaron obras de dos compositores rusos. La obertura de Ruslán y Liudmila, de Mijaíl Glinka; la de Romeo y Julieta de Chaikovski, así como sendas suites de sus ballets: la de El lago de los cisnes, op. 20; y la de El Cascanueces, la nº 1 op. 71a, que suponemos que es la que aportaba el debido toque navideño.
Con este programa, era inevitable un planteamiento, en efecto, festivo, Muy apropiado para su realización con la Joven Academia, capaz de aportar el plus de entusiasmo genuino por unas obras cuya popularidad a veces corre el riesgo de volver su escucha —o su interpretación— en algo rutinario por sabido, y revitalizarlas con la energía de quienes las hacían probablemente por vez primera. Así la obertura de Ruslán y Liudmila sonó velocísima y, sin embargo, muy precisa en la ejecución, con numerosos detalles y contrastes menores marcados por Lucas Macías —de gesto alegre y entusiasta durante todo el concierto—, muy bien traídos, y que no se perdieron en el torbellino, mostrando que se trata de una obra más sutil de lo que una escucha apresurada pudiera hacer creer.
El Lago de los cisnes continuó en la misma tónica de buen hacer; mejor los números más delicados —por ejemplo, la Danza de los cisnes, o la Danza española—, muy bien resueltos, que los grandilocuentes en tutti —la coda del Vals o la Danza húngara—. Con todo, a modo de síntesis, la mazurca final fue perfecta, brillante en su potencia y matizada a la vez; muy bien aquí, por cierto, la intervención de los clarinetes. El trompeta solista, Bernabé García, estuvo muy inspirado y gracioso en sus dos grandes momentos, tanto en el vals como en la Danza napolitana. También el arpa, Paula Vicente, aportando su toque genuino de color orquestal, sobre todo en su gran soliloquio de la Escena.
Más complicada resultó la interpretación de la obertura fantasía Romeo y Julieta, por momentos un tanto embarullada y falta de matices, con algún que otro desajuste. Y, no obstante, también se lograron momentos magníficos, una vez más en la parte lírica (quizá la que mejor sabe comunicar Macías), el célebre tema amoroso, sobre todo en la parte de desarrollo de las cuerdas, que obtuvieron una sonoridad como en sordina sobresaliente.
Se completó el concierto con la mejor interpretación de toda la noche, la de la suite de El Cascanueces. Graciosa, finísima, en ella una vez más la Joven Academia demostró junto a la OCG en su conjunto su altísimo nivel y las excelentes interpretaciones que pueden ambas llegar a desarrollar, aparte del entendimiento con Macías. Todo funcionó bien: desde la Obertura miniatura, precisa en su mínima filigrana —magníficas las cuerdas tanto aquí como en la Danza árabe—, a lo trepidante de la Danza rusa. En la suite brillaron de manera especial las flautas, comandadas por Juan Carlos Chornet, tanto en la Danza China, como, aun más si cabre, en el Vals de las flores.
Tras el concierto, durante los aplausos, Lucas Macías sacó a proscenio al solista de contrabajo Frano Kakarigi: estos son sus últimos conciertos con la OCG, de quien es toda una institución. Significativo este saludo, con el emotivo y sincero aplauso del público, en presencia de las nuevas generaciones que nutrirán la orquesta.
José Manuel Ruiz Martínez


