GRANADA / Metaexégesis de las Siete Palabras

Granada. Monasterio de San Jerónimo. 14-VII-2024. 73º Festival de Granada. Academia Barroca del Festival de Granada. Narrador. Enrique Árbol. Director. Aarón Zapico. Haydn/Sánchez-Verdú: Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz.
Una de las vetas más atractivas del Festival de este año ha sido la programación de tres de las cuatro versiones conocidas de Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:1, de Haydn: la destinada a un cuarteto de cuerda, la escrita para al teclado (en este caso el fortepiano), de la que hablábamos en estas páginas hace unos días, y la original, la prevista para una orquesta sinfónica. Ha faltado la cuarta, la que convirtió la obra en un oratorio, también muy bella.
Con la inicial, la solicitada en su día por la Catedral de Cádiz, nos hemos encontrado en esta agradable sesión matinal en el maravilloso marco del Monasterio de San Jerónimo, frente al monumental altar mayor tan poblado de imágenes. Ideal para el caso. Las siete Palabras, más la Introducción y el Terremoto, fueron desgranadas con pulcritud, sentido del estilo, expresión intensa y caluroso fraseo, con ligeras faltas de equilibrio y planificación, por un bien ensayado conjunto de barroco de 28 instrumentistas, siempre atentos al gesto claro y parsimonioso, elegante y preciso de Aaron Zapico, al frente de los alumnos con los que ha venido trabajando provechosamente. Se ha notado la labor por el respeto a lo escrito y por la concentración a lo largo de la sesión.
Los pentagramas haydnianos han circulado libre y saludablemente, aunque tocados de unción y serenidad. Entre ellos se fueron introduciendo, en bienhechora idea, los modelados en 2018 por José María Sánchez Verdú, compositor residente este año, contenidos en una serie de estudios agrupados bajo el nombre de SHEVA, pensados para una “orquesta histórica”. Una suerte de comentarios a la partitura de Haydn. Ha sido un experimento muy interesante combinar músicas tan dispares pero alusivas a la misma idea central.

Las “Palabras” de Sánchez Verdú fueron introduciéndose entre las de Haydn. No había un aviso previo y nada se decía al respecto en el programa de mano. Lo que pudo ocasionar algún que otro despiste. Pero el resultado fue altamente saludable. Tras la primera Sonata (cada Palabra responde a ese esquema formal) del músico austrohúngaro se situó la primera del algecireño, que nos sedujo por sus sonoridades singularmente vaporosas, muy de la firma. Ahí empezamos a comprobar la sutileza de su escritura y su sentido íntimo, que, según nos dice Bernardo García-Bernalt Alonso en sus notas al programa (de las que hemos extraído el título de esta crítica), interpelan y comentan las composiciones haydnianas “planteando una resignificación e la propia retórica de los afectos (…) Una fascinante propuesta de nuevas sonoridades a partir de la exploración de las peculiaridades tímbricas de los instrumentos de época”.
Según el propio Sánchez Verdú, “los registros, los colores tonales y las características de orquestación de Haydn se deforman como en una especie de anamorfosis del material musical”. Tras la segunda Sonata, tocada con exquisito cuidado, escuchamos las líneas y los finos dibujos del compositor de hoy, que no aportó ninguna idea para la Sonata nº 3, pero sí abrió el fuego en la nº 4 y la nº 5, en esta última con un delicado tejido poblado de pizzicati, con golpes en boquillas. En la Palabra-Sonata nº 7 escuchamos un bello trabajo del músico actual en torno al tema fundamental, melódico y efusivo, del antecesor. El número final de Haydn, El terremoto, sonó libremente para cerrar el animado concierto, en el que participó, pronunciando las Palabras de Cristo y añadiendo brevísimos comentarios amplificados el actor Enrique Árbol, excelente voz de barítono lírico la suya, que se fue resintiendo por momentos a causa de un mal apoyo. El éxito final fue rotundo. Y merecido. Por las músicas y por su recreación.
Arturo Reverter
(foto: Fermín Rodríguez / Festival de Granada 2024)


