GRANADA / Lucas Macías, determinante personalidad

GRANADA / Lucas Macías, determinante personalidad

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 19-XII-2020. Orquesta Ciudad de Granada (OCG). Director: Lucas Macías. Obras de Beethoven y Mendelssohn.

La segunda presencia de Lucas Macías ante la OCG después de ser nombrado nuevo director titular de la formación granadina ha significado la confirmación de su determinante personalidad en tan importante función. Dos obras de gran calado romántico han servido para dejar claro cómo una memoria musical segura puede proyectar su contenido con una claridad objetiva ciertamente admirable y con gran carga emocional para orquesta y público. Fueron la obertura Egmont en Fa menor op.84 de Beethoven y la Tercera sinfonía en La menor op. 56, “Escocesa”, de Mendelssohn.

Así, el gesto enérgico en la apertura de la primera dejaba de manifiesto el carácter heroico que iba a mantener durante su elocuente interpretación, llevando a la orquesta a su máxima expresión desde el primer tema, transmitido con tan firme pulso que, paradójicamente, produjo a su vez en un relevante efecto declamatorio propiciando que el oyente percibiera con distinción los entresijos armónicos y tímbricos de la obra. Los sucesivos motivos fueron tratados con similar efusividad, jugando en todo momento a contrastar las tensiones y distensiones que propone el autor con ese particular instinto que tienen los sólidos intérpretes y que, seguramente, llevaban al maestro a recordar algunas de sus experiencias con Claudio Abbado, que lo eligió en numerosas ocasiones para sus proyectos y actuaciones por su gran calidad de oboísta. La OCG, absolutamente entregada a sus diáfanas indicaciones resolvía con brillantez cada pentagrama, dejando la sensación de un solo instrumento, compacto y confiado a las evoluciones de su director.

Con esta misma directriz planteó la ejecución de la hermosa sinfonía de Mendelssohn, significativo referente de música orquestal del romanticismo alemán. Haciendo un ejercicio de máxima concentración, condujo su primer movimiento con la serena elegancia que requiere su introducción y la controlada agitación que necesitan los dos temas que le siguen antes de afrontar su desarrollo, con el que demostró el conocimiento profundo de los pentagramas que lo integran, sabiéndolo reflejar en su cinética corporal como complemento de la batuta. La OCG respondió siempre eficazmente a sus propuestas de fraseo, mixturas tímbricas y articulaciones, aspectos necesarios para la búsqueda de un sonido propio que seguramente será objeto constante de atención de músicos y maestro en el futuro.

Con un resolutivo attacca se dispuso a dirigir el scherzante Vivace, tensionando la expresividad de la cuerda y el viento-madera que, particularmente, llevaba a imaginar los sones populares escoceses. Después de una leve pausa, condujo el Adagio con un sentido recogimiento que reflejaba un simultáneo control de la música, de la respuesta de la orquesta y de sí mismo como elemento catalizador de la interpretación. La solemnidad fúnebre lograda en algunos pasajes demostraba la actitud y aptitud de un músico consumado en sensibilidad y destreza. Sus gestos se volvieron más fluidos y distendidos en el allegro final sin perder en momento alguno el preciso control que Mendelssohn exige en sus articulados y a la vez veloces pasajes centrales, todo un virtuosismo orquestal que, desde el pódium, requiere de un absoluto dominio técnico. La solemnidad dada a la conclusión de la sinfonía dejó una magnífica sensación de complacencia en el público como reflejaban sus aplausos, que llevaron a que orquesta y director obsequiaran con un conocido apunte vienés, la Anne Polka op. 117 de Johann Strauss II, con la que tanto Lucas Macías como los músicos felicitaron a los asistentes por la festividad navideña y el nuevo año.