GRANADA / La OCG y Víctor Pablo Pérez: Un ‘Elías’ solemne y dramático

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 28-III-2025. Alicia Amo, soprano. Anna Alàs, mezzosoprano. Stuart Jackson, tenor. José Antonio López, barítono. Coro de la orquesta Ciudad de Granada (Héctor Eliel Márquez, director). Director: Victor Pablo Pérez. Mendelssohn: Elías.
En el octavo concierto de temporada de la OCG se pudo escucha el oratorio Elias op. 70 (en su versión en alemán) de Mendelssohn, una obra poco interpretada en nuestro entorno —no así, por ejemplo, en el anglosajón, cuya versión en inglés rivaliza en popularidad con el Mesías de Haendel—. Un nuevo acierto, en este sentido, de una programación que apuesta por alejarse del repertorio más trillado.
Fue una interpretación muy buena, solemne, compacta y, sobre todo, y este creo que fue su gran acierto, verdaderamente dramática en su planteamiento dinámico y contrastado, acorde con el espíritu de una música que, sin estar pensada estrictamente para la escena, sí que busca desarrollar musicalmente una historia con un cierto argumento y un indudable arco dramático, y donde solistas y coro encarnan genuinos personajes (aparte, durante el concierto, se subrayó esta intención con algún levísimo movimiento escénico: así los solistas, al interpelar en sus intervenciones al coro-pueblo, se volvían hacia él, o la soprano, en el papel del muchacho que atisba si aparece la nube que acabará con la sequía, se subió al antepecho del órgano para cantar su respuesta desde allí). La dirección de Víctor Pablo Pérez, nítida y precisa, logró de la orquesta una textura densa, empastada, en perfecto ensamblaje con el coro y con los solistas desde el mismo comienzo, (magníficas las cuerdas graves antes de la primera profecía) en un continuum ora tonante y terrible en los momentos de ira y temor de Dios, ora dulce en las intervenciones angélicas, y noble en los momentos de plegaria.
Como decimos, lo episodios más logrados fueron los dramáticos. Así por ejemplo la escena en la que Elías reta a los profetas de Baal a que invoquen a su dios para que prenda el sacrificio, o la citada escena en la que el pueblo clama por la lluvia y Elías envía a un muchacho a lo alto de la montaña para que mire al horizonte, ambas con sus características repeticiones rituales. También las interpelaciones insidiosas de la Reina al pueblo contra Elías y las réplicas de éste adquirieron un ritmo característico muy logrado y emocionante.
En este sentido, el coro se erigió como un personaje colectivo notable, a veces airado e impío, a veces suplicante o humilde en sus ruegos o alabanzas, progresivamente más seguro e implicado conforme se desenvolvía la acción musical del oratorio, siempre muy solvente y especialmente brillante en los momentos de mayor intensidad, como por ejemplo, la interpretación del n.º 24, Wehe ihm, er muss sterben! (¡Ay de él, debe morir!).
Los solistas resultaron también magníficos. José Antonio López, el barítono, resultó un Elías sentido y persuasivo, siempre en su papel, con una voz profunda y clara a la vez que respondía muy bien a las necesidades dramáticas del personaje. Especialmente bonita, de entre todas sus intervenciones, fue el aria Es ist genug! (¡Es suficiente, basta!), lamento comentado muy bellamente por la intervención de violonchelo solista, Arnaud Dupont. La mezzosoprano, Anna Alàs, estuvo brillante y espectacular, con un fraseo preciso y pleno de matices, desde el dramatismo más intenso, como en el aria Warum darf er weissagen (Por qué se le permite a él profetizar…), hasta el el lirismo más sentido en otra, Sei stille dem Herrn (Guarda silencio ante el Señor…) El tenor, Stuart Jackson desempeñó asimismo su papel con un timbre ligero y una dicción precisa, pleno de encanto; por último, Alicia Amo, la soprano, quien hizo anunciar por megafonía que no estaría al nivel deseado debido a una congestión, bien podría no haber anunciado nada porque (quizá con el aviso como sortilegio) decidió darlo todo y cantó maravillosamente, con gracia y musicalidad, ya fuera como niño, ya como ángel, o incluso como profetisa: así en el comienzo de la segunda parte del oratorio, tan comprometido para ella con una doble aria separada por un recitativo, Höre, Israel… Ich bin euer Tröster (Escucha, Israel… Soy vuestro consuelo) y que al final resultó su gran momento. Cabe destacar también por cierto las intervenciones de los solistas como cuarteto, donde cantaron como los ángeles que encarnaban. En definitiva, todo un gran espectáculo, religioso y dramático a la vez, pleno de solemne emoción.
José Manuel Ruiz Martínez


