GRANADA / La OCG y su ‘noche americana’ como preámbulo del Festival

Granada. Palacio de Carlos V. 13-VI-2025. Orquesta Ciudad de Granada. Piano y dirección: William Eddins. Obras de Gershwin, Bernstein y Ellington.
Para la inauguración oficiosa (una suerte de previa o preludio) del Festival de Granada, concierto benéfico, además, en favor de la Fundación World Monuments, la OCG propuso un programa dedicado íntegramente a la música clásica estadounidense, con su mezcla fascinante de tradición culta europea y músicas folclóricas y populares autóctonas e incluso —en su momento— emergentes o que al menos comenzaba a concitar la atención del gran público. Interpretaron, de Gershwin, la obertura de Strike Up the Band (en arreglo de Don Rose) —y dado que, como señala Vela del Campo en las notas al programa, se trata de un musical satírico sobre unos aranceles que el gobierno estadounidense impone sobre los quesos europeos, quizá esta elección fuera toda una declaración política por parte del director—; Porgy and Bess: A Symphonic Picture, el arreglo de Robert Russel Bennett a partir de fragmentos de la ópera homónima de Gershwin; la Rhapsody in Blue (arr. Gofré), en la versión para jazz band de Paul Whiteman; las Danzas sinfónicas de West Side Story de Leonard Bernstein; y, por último A Tone Parallel to Harlem, de Duke Ellington (en arreglo de Luther Henderson).
Pocos directores más apropiados que el elegido para este programa, el estadounidense de origen afroamericano William Eddins, en quien se percibió desde el principio su identificación con el repertorio: con un entusiasmo preciso y contagioso, y unos gestos amplios (los brazos en muchas ocasiones por encima de la cabeza) y una dirección hasta cierto punto tradicional, la batuta bien visible y la marcación del compás muy clara, la música y el ritmo pasaban por su cuerpo y se contagiaban al cuerpo de la orquesta. Consiguió transmitir a sus músicos todo el swing necesario, la fluidez de tiempos y de compás característicos, y marcaba algunos momentos culminantes —una trompeta que debe destacar en un casi solo por encima del resto en un clímax, o un desmoronarse súbito de la armonía (en la Rhapsody in blue)— con gestos extáticos y definitivos. También balanceó muy bien las distintas familias, de forma que el viento metal y la percusión predominantes (y que tuvieron un desempeño sensacional) no se comieran a la cuerda, que estuvo también magnífica en los momentos líricos e introspectivos de las obras, y que hacían de contrapunto con los más rítmicos y estrepitosos.
Así discurrieron las dos primeras piezas de Gershwin, divertidas, contrastadas y espectaculares. La Rhapsody in blue constituyó una genuina curiosidad al no ser la versión más habitualmente interpretada para orquesta sinfónica, de sonoridad más ligada y grandilocuente. Esta, sonó más camerística que jazzística, íntima, también más ácida en sus timbres y más contrastada que la orquestal —a cambio, por ejemplo, el clímax final quedó algo deslucido, como en sordina—. Eddins planteó una versión muy rápida, rítmica, donde se lució en los momentos de solista, manejando el tiempo a sus anchas, y con un fraseo jazzístico y muy elocuente, y muy bien coordinado en el diálogo con otros solistas y el conjunto.
La interpretación de las Danzas sinfónicas de Bernstein resultó algo más problemática e irregular, aunque sin perder el altísimo nivel general de la velada. Con algunos desajustes al principio, los metales menos limpios y un mambo un tanto pasado de rosca, la orquesta brilló por contraste en los momentos líricos (maravillosa intervención de los primeros violines en la Meeting Scene), una ejecución impecable del fugado en la Cool Fugue y un final mágico y suspendido acorde con la serenidad trágica con culmina el musical.
Por último, la obra de Ellington fue un verdadero alarde de virtuosismo. Pieza (de apariencia al menos) muy compleja en lo rítmico, lo tímbrico y lo armónico, quizá haya sido una de las mejores y más espectaculares interpretaciones de la OCG, con un sobrecogedor momento de cadencia o aparente zapada de toda la percusión. Un concierto en suma divertido y espectacular, magnífico preludio para un festival de verano.
José Manuel Ruiz Martínez
(foto: Fermín Rodríguez)


