GRANADA / La OCG y Marianna Henriksonn, moderna de la música antigua

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 25-IX-2026. Orquesta Ciudad de Granada. Clave y directora: Marianna Henriksson. Obras de Henriksson, Marini, Castello, Muffat, Byrd, Bach y Roman.
El segundo concierto de este miniciclo inaugural de septiembre de la OCG en torno a la música antigua ha resultado ser uno de los más originales que podamos recordar. Hasta tal punto es así que las notas al programa están redactadas por la propia directora, Marianna Henriksson, porque nadie podría haber explicado mejor el planteamiento de un concierto tan personal y decididamente heterodoxo, tanto por lo poco conocido del grueso de los compositores presentes, como por la distribución y articulación de las piezas, planteada de forma orgánica (la propia directora hace alusión a la idea de cómo materiales o formas simples, mínimos, pueden dar lugar a configuraciones complejas y exuberantes, con la analogía de las semillas o los átomos y el árbol o las galaxias) a lo que, por si no fuera poco, se suman dos o tres pinceladas contemporáneas en un repertorio de música antigua.
El concierto comenzó de hecho con una obra de la propia Henriksson, Merulian Sketch, un preludio para clave “de estilo improvisado”, como ella misma indica, con claros ecos del seiscientos que, sin embargo, se van enrareciendo paulatinamente conforme avanza la pieza al tiempo que se produce además una progresiva exuberancia armónica y ornamental que parece expandir la posibilidades sonoras del instrumento; la interpretación fue de un incuestionable virtuosismo. Después, sin solución de continuidad (y esta será una de las claves del concierto), comenzó la siguiente obra, de forma que el espectador poco avisado podía pensar que era la misma, la Ritirata, sinfonia sesto tuono de Biaggio Marini que, en ese contexto, adquiría por contaminación una cualidad inevitablemente moderna y, en su simplicidad armónica y su reiteración, evocaba la poética minimalista. Y después, de nuevo sin solución de continuidad, como un todo que se va volviendo cada vez más complejo, se continuó con la Sonata decima quinta del misterioso compositor, contemporáneo de Marini, Dario Castello.
Henriksson dirigió a la orquesta desde el clave; al principio, de pie, interpretando su parte, sin separar por tanto las manos del teclado, por lo que llegaba a dirigir literalmente con el cuerpo; después, como en una relajación progresiva, acababa por sentarse, pero no del todo, ejecutando una suerte de curiosas sentadillas musicales con las que marcaba el ritmo y el tono de las obras. La orquesta sonó delicada y, como ya hemos indicado alguna vez, de época aun con los instrumentos modernos, por carácter y resultados tímbricos, al margen de la propia afinación. El Concerto grosso XII, Propitia sydera («las estrellas favorables») de Georg Muffat se interpretó exento y a la manera tradicional. La versión fue magnífica, y supo reflejar la compleja escritura contrapuntística de la obra, donde el clave se erigía como un instrumento solista más, con, por ejemplo, un bonito diálogo que mantuvo con los oboes.
La segunda parte continuó con las curiosidades. Se interpretó The Bells de William Byrd, obra original para teclado, pero en adaptación de la propia Henriksson para clave y cuerdas que se convierte así (según de nuevo palabras de la autora, y así sucedió, de hecho) en una composición minimalista que va sumando capas a partir del motivo inicial de dos notas simple que imita el sonido de campanas, y que las cuerdas ejecutaron en pizzicato, con algún toque de spiccato, de resultado sorprendente e hipnótico (los músicos, a tenor de sus expresiones, se divirtieron interpretándola). Después, de nuevo sin solución de continuidad, como una obra única, sonó la pieza con mucha diferencia más conocida del concierto, el Concierto de Brandenburgo nº 3 BWV 1048, pero tampoco sin su novedad: en ese intervalo sonoro que parece construir el clave entre el segundo y el tercer movimiento, Henriksson introdujo a modo de movimiento posible Brandi, fantasía del finlandés Jukka Tiensuu (1948), movimiento que comienza como una suerte de música barroca algo perturbada y que se va perturbando aún más, un poco a la manera de algunos movimientos de Schnittke, pero sin su ironía posmoderna.
Un último experimento para finalizar: una obra inédita del compositor sueco del siglo XVIII Johan Helmich Roman, svit (suite en sueco), sucesión de movimientos tomados de su Sjukmans musiquen y de las Sinfonías en sol mayor y sol menor), selección y combinación realizada al gusto de la cocinera Henriksson, con una interpretación empastada y grata de aire galante y que concluyó con una Pastorale de marcado carácter folclórico subrayada por un pedal de los bajos a modo de bordón pleno de encanto. En definitiva, un concierto extraordinario en muchos sentidos, hermoso y original, quizá una alternativa posible a los conciertos museísticos al uso. Quizá.
José Manuel Ruiz Martínez


