GRANADA / La OCG y Jospeh Swensen: Lo novedoso y lo familiar

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 10-X-2025. Geneva Lewis, violín. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Joseph Swensen. Obras de Korngold y Beethoven.
Vuelta a Granada en este segundo concierto del abono sinfónico de uno de los principales directores invitados de la OCG, Joseph Swensen, con un programa muy sugestivo en su combinación: el Concierto para violín en Re mayor op. 35 de Korngold —que, si no me equivoco, es la primera vez que lo interpreta la orquesta, y probablemente la primera vez que se haya escuchado en Granada—, y la celebérrima Sinfonía n.º 6 en fa mayor op. 68 «Pastoral» de Beethoven.
La interpretación del concierto fue espléndida. Director y orquesta supieron plasmar la atmósfera de sonoridades densas y timbres sugestivos y cinematográficos del concierto, una música dotada de un fuerte poder evocativo y un lirismo quebrado a veces por las intervenciones solistas, que aportaban el toque de vanguardia característico en un interesante equilibro. La citada densidad se consiguió gracias a un empaste extraordinario de las cuerdas entre sí y con el resto de familias —a lo que contribuyó el toque preciso, ensoñado, de la percusión, que incluía una celesta, un xilófono y un glockenspiel—, con unas dinámicas muy expresivas que Swensen marcaba con su vehemencia habitual. La solista, la joven violinista Geneva Lewis, estuvo extraordinaria. Tranquila, igualmente expresiva pero de movimientos sobrios, resultó asombrosa, sobre todo en la precisión en los agudos y algunos armónicos perfectos. También contribuyó a la belleza de la interpretación su compenetración plena con la orquesta: en dos ocasiones soltó la melodía —oscura, en la cuerda grave— para que la recogieran, sin solución de continuidad, como si se tratara del mismo instrumento, las violas primero y después los violines segundos. O el bonito momento en el que la concertino le robó la melodía, de modo que por un instante no supimos acertar de dónde provenía el sonido del violín mientras ellas se miraban cómplices.
Por su parte, la interpretación de la «Pastoral» fue más que correcta, con algunos momentos brillantes, como no cabía esperar de otra manera con este director y la OCG, que tantas veces la ha interpretado. No obstante, esto también puede ser un problema, tanto para la orquesta como para el público: la interpretación y la escucha de lo demasiado familiar. Puede ser que en algún momento alguno de los dos, oyente o intérprete, cayera en la rutina. El problema de esta sinfonía, además, es que, en su apacible reiteración, requiere de una tensión lírica que la sostenga, muy propia de Swensen, por cierto, y que no siempre apareció. Las cuerdas resultaron menos empastadas que en el concierto de Korngold. Las maderas, fundamentales para esta obra, estuvieron magníficas y aportaron la tensión y la belleza que la ejecución necesitaba, desde la clarinete solista al dúo de Juan Carlos Chornet a la flauta y Eduardo Martínez en la «escena junto al arroyo», verdaderamente encantador —parecía haber un genuino cortejo aviar entre ambos—, y las llamadas igualmente pajariles del final del movimiento. Con todo, la cosa se animó, como era de esperar, en la, en efecto, «Animada reunión de campesinos» y con el desdencadenamiento de una soberbia tormenta donde la sinfonía alcanzó su cenit interpretativo (estupendos los contrabajos, con unos matices muy bien traídos, y los timbales). Con el «Himno de los pastores», la sinfonía continuó razonablemente con la tensión requerida, con lo que puede decirse que fue de menos a más.
Tras los aplausos el concierto concluyó con una propina, algo inusual en la OCG, alentada por un eufórico Swensen: el 2º movimiento, vivace, del Cuarteto en fa mayor n.º 16 op. 135 de Beethoven (qué asombrosamente moderno suena), posiblemente en su arreglo para cuerdas de Bernstein: las de la OCG, de nuevo empastadísimas y joviales, pusieron así un brillante colofón al concierto.
José Manuel Ruiz Martínez


