GRANADA / La excelencia de Matteo Imbruno

GRANADA / La excelencia de Matteo Imbruno

Granada. Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. 11-IX-2020. XIX Academia Internacional de Órgano. Matteo Imbruno, órgano. Obras de Marin Marais, Josef Rheinberger y Franz Liszt.

La participación de Matteo Imbruno ha significado un punto culminante en la programación de esta edición de la Academia de Órgano que organiza la Academia de Bellas Artes de Granada, acontecimiento muy esperado por los aficionados como apertura la temporada musical de la ciudad. Imbruno ha suscitado gran expectación en un doble sentido: como concertista en un magno recital por las dimensiones y trascendencia estética de las dos obras que interpretó, Symphonies d’Alcione transcritas para órgano por  Henk Verhoef de pasajes de la ópera dedicada a tal personaje mitológico por Marin Marais en 1706, y la Fantasia y Fuga sobre el coral “Ad nos, ad salutarem undam” de Franz Liszt, creaciones de singular monumentalidad sonora; y también como didacta, al impartir una muy esperada clase magistral, aspecto muy valorado dada su experiencia y prestigio internacional en esta función, que se ve implementada por su titularidad de los órganos de la Oude Kerk de Ámsterdam y del Museo Hermitage de esta capital.

Nada más sonar los primeros compases de la Oberture de la primera pieza, se pudo apreciar la solidez de este intérprete adueñándose de los recursos del instrumento con especial sensibilidad y absoluta seguridad técnica, haciendo un alarde de ambientación en cada una de las ocho partes de la obra, especialmente en sus dos marchas y la chacona final, que reflejó con una preparación registral del órgano al estilo barroco francés sólo contrastado por la presencia de la trompeta en la Bourrée, en la delicadeza expresada en el Ritournelle y en el tratamiento de los aires marciales que expuso como diferenciados momentos dentro del conjunto de la obra.

A modo de intermedio de relajante efecto interpretó, antes de la fantasía de Liszt, la Cantilena que Josef Rheinberger compuso en 1887 para el segundo movimiento de su undécima Sonata, Op. 148. La sonoridad melancólica dada a su expresión fue haciéndose más densa hasta su conclusiva coda, que dio lugar al atronador acorde inicial de la obra de Liszt.

Como si se tratara del intenso impulso de despegue de un cohete espacial, el maestro Imbruno atacó de manera desafiante su primer movimiento dejando seguidamente la impresión de estar inmerso en una ensoñación sonora, imprimiendo a su discurso un emocionalmente dramático aire rapsódico de notables tensiones dinámicas que fueron mitigadas con el sentido meditativo dado al Adagio central, en el que se podía imaginar ese paradójico carácter profano de la religiosidad de Liszt. La apoteosis se produjo en la Fuga final, trazada por el intérprete desde un elocuente planteamiento mefistofélico que puso de manifiesto el enorme virtuosismo de este organista, que llevaba a comprender los grandes elogios de Saint-Saëns vertidos sobre esta obra al considerarla absolutamente paradigmática en el repertorio romántico. El asombro se apoderó del público, hecho que se manifestó en un prolongado y más que justificado aplauso que refrendaba la excelencia de este extraordinario maestro.