GRANADA / Jordi Savall y Le Concert des Nations: del caos primigenio (y fingido) a la apoteosis de la danza

GRANADA / Jordi Savall y Le Concert des Nations: del caos primigenio (y fingido) a la apoteosis de la danza

Granada. Palacio de Carlos V. 30-VI-2021. Le Concert des Nations. Director: Jordi Savall. Obras de Rebel, Haendel y Gluck

Jordi Savall es un una presencia continua y feliz en el Festival de Música y Danza de Granada, en el que, como él mismo recordó al público en una breve intervención al terminar el concierto, debutó hace ahora cincuenta años con la viola da gamba, en el patio de los Arrayanes de la Alhambra, acompañando a Victoria de los Ángeles. En esta ocasión venía con su orquesta, Le Concert des Nations, para hacer tres suites de danzas de tres grandes maestros del setecientos europeo, cada una con su programa y su propósito particular: Los elementos de Rebel, la Suite I en fa mayor HWV 348 de la Música acuática de Haendel, y el ballet pantomima Don Juan, convitato di pietra de Gluck.

Ya desde los primeros compases pudo apreciarse lo que sería una constante en todo el concierto: la belleza del sonido, por timbre, por capacidad de matiz, del conjunto. En el comienzo de la obra de Rebel, que pretende remedar musicalmente el caos primigenio, Savall se complació en subrayar las disonancias y lo que de extraño y atrevido pueda tener esta música para un espectador actual. A partir de ahí, lució todos los contrastes de la obra, desde los números de conjunto, con la cuerda suave y empastada, a aquellos en los que dialogaban distintos instrumentos solistas entre sí.

Esta dinámica contrastante, y los citados juegos tímbricos, manejados con maestría, fueron de hecho la tónica general y el resumen del concierto, que osciló entre la majestad y la gracia propia de estas obras del Barroco tardío, lo áspero o lo dulce de los ataques, lo bailable y lo estático: maravillosos el Premier Tambourin (el agua), la entrada del adagio de la Música acuática, o, tras la continua sorpresa galante de cada número del Don Juan, el clima ominoso de Las Furias finales. Savall dirige con calma, sin moverse del sitio, sin aspavientos, con una gestualidad que recuerda al director de coro, en ocasiones sin apenas mover la mano izquierda durante tiempo, transmitiendo dominio y serena autoridad que, sin embargo, logran a la vez una atmósfera de juego, levedad y contrastes.

Ante el entusiasmo lógico del público, el conjunto hizo tres propinas. Para la primera, una Contradanza de Rameau, pidió la colaboración del público, que debía acompañar con palmas el estribillo (y que, sorprendentemente, lo hizo bien, sin palmadas a destiempo, guiados por el maestro); la Bourrée d’Avignon, anónima, levísima y desatada, brillante; y, aun cuando ya se había despedido, todavía volvió con una danza lenta y serena, de nuevo de Rameau, para concluir en calma lírica una velada regia.

(Foto: Fermín Rodríguez)