GRANADA / Impecable ‘Cuarta’ de Mahler de Lucas Macías con la OCG

Granada. Audiorio Manuel de Falla. 21-II-2026. Julia Kleiter, soprano. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías. Obras de Mahler.
Continúa el ciclo que la OCG y su director artístico, Lucas Macías, están dedicando a Gustav Mahler con la interpretación, en este octavo concierto de abono de los cinco lieder sobre textos de Rückert, y la Sinfonía nº 4 en Sol mayor.
El concierto confirma a Macías como un estupendo director mahleriano, y la OCG como una orquesta afín a este repertorio, que en apariencia podría parecer alejado de ella —y digo apariencia porque, de hecho, esta es una sinfonía que ha interpretado ya en varias ocasiones con otros directores—. Esto pudo comprobarse ya desde los propios lieder, cuya interpretación destacó por la riqueza tímbrica y de matices (por ejemplo, en el alado y sinuoso, Blicke mir nicht die Lieder!, especialmente logrado), algo que fue la tónica general del concierto. La soprano, Julia Kleiter, estuvo espléndida, con una voz densa y bien modulada, especialmente apta para este repertorio, con ataques poderosos en los agudos, si bien a veces fue opacada por el volumen de la orquesta, sobre todo en el forte final del sobrecogedorUm Mitternacht, algo que no parece del todo achacable a ella. El último, Ich bien der Welt abhanden gekommen, quizá pueda resumir la interpretación de la obra en conjunto: la belleza de ejecución; la decisión acertada de imprimir a la música una lentitud etérea y casi religiosa, pero también cierta falta de tensión que podía hacer peligrar dicho tempo.
La interpretación de la Cuarta Sinfonía fue impecable. Fluida, graciosa, ligera, bienhumorada, con los habituales contrastes mahlerianos entre el tutti y los excursos solistas, los momentos camerísticos, las extravagancias tímbricas, los inspirados momentos de belleza sorpresiva y efímera, la trascendencia, los atrevimientos rítmicos, el alzarse los instrumentos de viento para sobrepujar el sonido… Todo eso estuvo, y todo funcionó, con una impresión además de una interpretación meditada y en sus justos términos por parte del director, un planteamiento de la obra con visión de conjunto, que además ofrecía, aquí y allá detalles inéditos en tal o cual instrumento —algunos momentos de sonoridad grave, de los violoncelos y contrabajos, fagotes, los trombones y la tuba, sonaron particularmente bien—.
La orquesta en su conjunto estuvo inspiradísima, cuerdas, vientos, percusión… Es injusto, en el contexto de una interpretación tan virtuosa, destacar a nadie, pero en esta sinfonía en particular resulta casi inevitable no mencionar la intervención de las flautas (bonito momento selvático cuando tocaron las cuatro al unísono en el primer movimiento uno de los temas característicos del desarrollo), los clarinetes y los oboes: extraordinario Eduardo Martínez, y José Antonio Masmano con el corno inglés, con el que tuvo una intervención también memorable en los lieder; también es preciso mencionar a la concertino Birgit Kolar y sus diferentes solos a lo largo de la obra, y cuya notable intervención en el scherzo, con los cambios sucesivos al “violín de la muerte” y su característica scordatura, fue impecablemente virtuosa —si bien como le sucedió a la soprano, quizá quedó un tanto opacada por el tutti y y no sonó con la esperada agresividad solista, lo que, por otra parte, no dejó de tener su interés sonoro e interpretativo—.
El cenit de la emoción y de la belleza se alcanzó en el Poco adagio, llevado al tiempo justo y con las cuerdas cantando confiadas y líricas, con Macías marcando expresivo el tono justo de emoción. El momento posterior a la exaltante “apertura de las puertas del cielo” (sobrecogedor el timbal doble), fue una auténtica música de las esferas, más allá de las contingencias sublunares. Mientras aún podía oírse, entró la soprano para no romper con aplausos el momento, y, sin solución de continuidad, comenzó el lied final, de nuevo maravillosamente cantado y acompañado en sus sorpresivos contrastes entre la violencia de algunos momentos y la ingenuidad y el lirismo de otros. La prueba final de la belleza de la interpretación fue el silencio que, tras extinguirse el último eco de arpa, se logró, mágico, antes de los merecidos aplausos. El ciclo de Mahler de Lucas Macías y la OCG está resultando todo un éxito.
José Manuel Ruiz Martínez


