Scherzo | CRÍTICAS / GRANADA / Harry Christophers y la OCG: brillantes fuegos de artificio para el comienzo de la temporada, por José Manuel Ruiz Martínez

GRANADA / Harry Christophers y la OCG: brillantes fuegos de artificio para el comienzo de la temporada

GRANADA / Harry Christophers y la OCG: brillantes fuegos de artificio para el comienzo de la temporada

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 16-IX-2022. Coro de la Orquesta Ciudad de Granada (Héctor E. Márquez, director). Orquesta Ciudad de Granada. Director: Harry Christophers. Obras de Haendel y Haydn.

El concierto inaugural de la temporada de la OCG ha resultado muy apropiado para la ocasión, por festivo, lúdico y curioso. También muy británico, tanto por el programa como por el director, lo que viene muy al caso de la actualidad, si bien nada fúnebre, antes al contrario. Se interpretó la Música para los reales fuegos artificiales HWV 351, la Sinfonía de Saúl HWV 53, de Haendel, y las sinfonías nº 103, “Redoble de timbal” y nº 100, “Militar”, de Haydn. Se completaron estas obras sinfónicas con dos breves fragmentos sinfónico-corales: Welcome, mighty King David his ten thousand slew, también de Saul; y (en inglés) Achieved is the glorious work de La Creación Hob. XXI/2 de Haydn, lo que implicó sendas entradas y salidas del coro de la OCG en cada una de las partes.

Lo lúdico y lo curioso venía ya por el orden de las obras escogido por Harry Christophers: en la primera parte, la obertura de los Fuegos, la sinfonía y el coro de Saúl, y la Sinfonía del redoble de timbal; en la segunda parte, el resto de la suite de los Fuegos, el coro de La Creación, y la Sinfonía Militar. Luego, estas cualidades se corroboraron en la interpretación, a las que se añadió lo festivo: brillante, espectacular, muy marcada en diversos matices y detalles, y en donde Christophers supo sacar a la Orquesta ciudad de Granada sonoridades barrocas en Haendel (sobre todo en las cuerdas) y clásicas en el Haydn, más ligero. Interpretaciones siempre muy matizadas y plenas de pequeños detalles y subrayados, alternando la contundencia y la solemnidad con la ligereza dialogada entre cuerdas y vientos en Haendel, o resaltando la compleja trama polifónica y tímbrica oculta tras la aparente sencillez de Haydn. La orquesta estuvo sobresaliente en general, cuerdas, vientos —maravillosos diálogos entre el oboe y la flauta solistas en Haendel, o, en el trío del minueto de la Sinfonía 103, los clarinetes doblando a las cuerdas— con una interpretación acorde con la expresividad gestual y demandante de Christopher en su dirección, saltarina, de desgarbada elegancia, como un figurín animado de Tim Burton.

Desde el principio del concierto se hizo notar (de nuevo lo festivo) la participación destacada de la percusión —para la Sinfonía Militar requirió de hasta cinco intérpretes—, que arrancó la obertura de los Fuegos con un imponente y atronador redoble de tambor a cargo de la percusionista Noelia Arco —por un momento uno llegó a pensar si Christopher no habría decidido hacer un homenaje a la difunta Isabel II interpretando sin previo aviso la Música para el funeral de la reina María de Purcelly que, un poco más tarde, se vio replicado por un no menos atronador redoble de timbal a cargo de Jaume Esteve en el arranque de la sinfonía homónima de Haydn. Campanillas para el polifónico y saltarín Welcome, mighty King interpretado a la celesta, y el colofón de la espectacularidad vino con la percusión turca de la Sinfonía Militar en la que, a la batería turca habitual —platillos, bombo y triángulo— se sumó un vistoso ‘pabellón turco’, instrumento característico de esta misma formación a medio camino entre un candelabro de pie y un estandarte y erizado de cascabeles. La interpretación literalmente espectacular del segundo movimiento, con semejante parafernalia, arrancó de forma espontánea los aplausos del público.

Por último, las brevísimas intervenciones del coro se contagiaron del entusiasmo festivo de Christophers y aquel sonó cristalino y grácil en Haendel y gracioso y sacro en Haydn, este último, a mi juicio, uno de los momentos culminantes de la velada desde el punto de vista interpretativo.

En suma, se confirma la buena sintonía, ya histórica, de Harry Christophers con la OCG con un concierto brillante que preludia una temporada plena de buena música y no exenta de sorpresas.

José Manuel Ruiz Martínez