GRANADA / El gigante poético

GRANADA / El gigante poético

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 11-VII-2020. 69º Festival Internacional de Música y Danza. Grigori Sokolov, piano. Obras de Mozart y Schumann.

Soberbio concierto que establece definitivamente el nivel artístico de este festival. Treinta y cinco minutos de ovaciones y cinco propinas avalan el éxito apoteósico del gigante ruso del teclado en un recital perfecto y cuajado de joyas en cada compás. La primera parte, dedicada a Mozart, se configuró con el Preludio y fuga en Do mayor KV 394, la Sonata nº 11 en La mayor KV 331 y el Rondó en La menor KV 511. Sobre la base de una articulación pulidísima, puramente mozartiana, sustentada sobre una pulsación picada que permitía reconocer con nitidez cada nota, con su peso apropiado; pero a la vez sutilmente ligada, sin arrastrar el tiempo y con elegancia interminable, Sokolov hizo suyo el universo expresivo mozartiano. 

Pedal comedido, claridad meridiana en la exposición de las voces en la fuga del KV 394 (equilibrio en el relieve de sujeto y contrasujeto) y rubato muy sutil, Sokolov atacó el tema con variaciones del primer tiempo de la sonata con tempo comedido que le permitía recrearse en cada frase y cada giro, sin precipitación, pero también sin morosidad. Los ataques siempre medidos, retenciones en la exposición del Menuetto, subrayando las apoyaturas y mordentes, desembocó en el famoso Rondó alla turca sin prisas y sin innecesarios sforzandi, como queriendo revelarnos el carácter de bibelot dieciochesco de la pieza. En manos de Sokolov el Rondó KV 511 suena casi como un nocturno prerromántico en el que se detiene nota a nota en su discurso expresivo y que culmina con una soberbia lección de cómo darle protagonismo a la mano izquierda en el pasaje final.

La segunda parte fue dedicada a las Bunte Blätter op. 99 de Robert Schumann. Aquí el pianista densificó más su articulación, pero sin olvidar algo tan esencial como la claridad expositiva de las voces, de los cantos y contracantos. En las piezas más alegres asomó la luz radiante de un pianismo brillante; pero en cambio, en las más reflexivas no se dejó llevar Sokolov por un excesivo dramatismo. Fue, por ello, un Eusebius menos triste, más comedido y en el que afloraron infinitos matices de sabiduría y maestría expresiva.

(Foto: Fermín Rodríguez)