GRANADA / Carlos Mena experimenta con Orfeo

GRANADA / Carlos Mena experimenta con Orfeo

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 21-02-2020. Gluck, Orfeo ed Euridice Jone Martínez y Pilar Alva, sopranos. Coro de la Orquesta Ciudad de Granada. Orquesta Ciudad de Granada. Contratenor y director: Carlos Mena.

Como singular cita de la presente temporada de la Orquesta Ciudad de Granada, la versión concierto de Orfeo ed Euridice de Gluck llenó el aforo del auditorio granadino, dada la fama de esta ópera y la interesante intervención del contratenor alavés Carlos Mena en la doble función de protagonista y director. Desde punto de vista canoro, la solvencia de su actuación se contaba como segura, desde la faceta de conductor, había el antecedente de un positivo encuentro con la OCG en el pasado otoño con el que empezó a determinarse una mutua afinidad, hecho que ha vuelto a confirmarse también en esta velada operística.

Con la inestimable colaboración del concertino, Alexis Aguado, solista de la sección de segundos violines de la OCG y músico de gran experiencia en música del barroco por su habitual colaboración con formaciones como Al Ayre Español y la Orquesta Barroca de Sevilla, Carlos Mena planteó esa primigenia sonoridad clásica de Gluck como elemento sustancial de la expresividad que hay que dar a esta obra ya desde la sinfonía con la que se inicia el primer acto, carácter que mantuvo siempre a lo largo de su discurso. La voz de Orfeo surgió entre el coro de pastores y ninfas en el número siguiente con extraño timbre, efecto que fue pronto despejado en el recitativo en el que Mena reguló su emisión vocal, sin que se presentara posteriormente sorpresa alguna respecto de su canto, que alcanzó ya plena prestancia en el aria Chiamo il mio ben cosi después de una estimulante dirección de la primera pantomima. Antes de concluir el primer acto se pudo disfrutar de la adecuada impostación de la soprano granadina Pilar Alva en el papel de Amore, dando siempre sentido a los ornamentos que requieren las arias Ah! Sei il dolce suon y Gli sguardi trattieni, momentos de gran expresividad y carga emocional que predispusieron al oyente a la escucha del recitativo y aria final del primer acto a cargo de Orfeo.

Fue interesante el tratamiento que Carlos Mena dio a la primera parte del segundo acto. Condujo el ballet, su arietta y las réplicas de las furias en el coro no como partes sino como unidad dramática, hecho muy relevante si tenemos en cuenta la ausencia de escenificación, dando destacado sentido a la función orquestal como hilo conductor y refuerzo lírico-dramático. En este momento operístico supo contraponer las tensiones opuestas que refleja el libreto, de algún modo equilibradas por la sutil presencia del arpa, activada con sentido musical y cuidado gusto por la intérprete invitada, Paula Vicente. Como resumen, hay que decir que siempre trató en igualdad de importancia su “orféico” canto, el coro, bien trabajado por su titular Héctor Eliel Márquez, y la OCG, que supo asumir en todo momento esa función de llevar a buen término la complejidad musical que conlleva el dramatismo de este acto. La incorporación de Euridice, encarnada por la soprano vizcaína Jone Martínez, supuso un nuevo foco de atención para el espectador. Su voz clara y bien timbrada en el aria Quest’asilo dolce e beato, envuelta por la heroica sonoridad coral, hacía albergar positivas expectativas para el tercer acto como así se confirmó en el dueto con Orfeo con el que éste se inicia, Vieni! Segui i miei passi, en el que ambos cantantes lucieron su mejor arte canoro.

Con cadenciosa delicadeza Carlos Mena cantó y dirigió la siempre esperada aria Che farò senza Euridice? convirtiéndola en el momento culminante de toda la interpretación, alcanzando ese sentido doloroso que paradójicamente deriva de su animado pulso musical,  antes de la incorporación del tercer personaje, el Amor, que no entraba en acción desde el primer acto, con la exclamación, Orfeo! Che fai?, y recitativos subsiguientes integrando el trío hasta llegar la gran escena final en el templo del Amor, donde las ninfas y pastores celebran el regreso de Eurídice a la vida, como despertando de un sueño profundo, y su reencuentro con Orfeo en un inmenso gozo y alegría de todos, incluido el público que lo manifestó en un largo e intenso aplauso final.

Es deseable que vuelva a repetirse la colaboración entre Carlos Mena y La Orquesta Ciudad de Granada en nuevos proyectos, dada la confirmación del positivo entente que se ha establecido entre ambos con esta versión concierto de la ópera más representativa de Gluck, con la que el contratenor alavés, desde una seria y calculada experimentación, está explorando nuevas facetas en su sólida carrera musical de admirable contratenor.