GRANADA / Arrebato con afectado sentido

GRANADA / Arrebato con afectado sentido

Granada. Palacio de Carlos V. 21-VII-2020. 69º Festival de Música y Danza de Granada. Orquesta Ciudad de Granada. Director y piano: Krystian Zimerman. Obras de Beethoven.

Siguiendo con el aniversario Beethoven, la segunda de las tres actuaciones del pianista polaco Krystian Zimerman, que con gran ilusión ha programado el Festival de Granada, se produjo también en el singular espacio carolino, interpretándose dos obras señeras del repertorio beethoveniano: el Tercer concierto para piano op. 37 y la Cuarta sinfonía op. 60. Fue esta la que abrió el programa, con la intención de resaltar posteriormente con el concierto la doble función del protagonista como director y solista.

El carácter mágico y misterioso que Zimerman imprimió al discurso del primer tiempo de la sinfonía llevaba a pensar podían superarse la bondades de la primera cita, percibiéndose la buena respuesta de la Orquesta Ciudad de Granada en su lenta introducción y posterior desarrollo. Un sonido empastado, con densa pulsión rítmica, era el producto de una dirección vigorosa y animada. En el segundo movimiento fueron los instrumentos de madera los que asumieron la gran responsabilidad expresiva, dejando constancia, una vez más, de la suerte que tuvo la orquesta con la elección de los solistas de esta sección, que se ha mantenido como una de las señas de identidad de la formación granadina. El ritmo que anima la sustancia del tercer y cuarto movimientos hizo que apareciera una extraña tensión en Zimerman, que más tarde se constataría en su intervención al teclado, no llegando a definirse ese aire oculto de minueto que contiene el Allegro vivace ni la rica simplicidad del tiempo final, ambos sustentados más en los arrestos orquestales que por las indicaciones surgidas del bolígrafo que el maestro utilizaba como batuta.

Toda la expectación de gran parte del público estaba centrada en lo que ocurriría en la obra concertante, dada su enorme singularidad estética. La serenidad marcial de su amplio pasaje inicial quedó alterada en la reexposición por parte del pianista por su arrebatado tempo, que se instalaba en una especie de impetuoso manierismo rítmico de difícil justificación, rompiéndose esa dialéctica deseable entre los temas que lo estructuran. Esto pudo quedar olvidado ante el seráfico tratamiento que Zimerman dio al Largo central, aprovechando la oportunidad que le brindaba la transparencia que permite su tonalidad mayor, todo un contrastante hallazgo creativo del autor. Se producía así seguramente la música mejor realizada durante la velada.

Como si quisiera huir de la incomodidad que le producía el instrumento empleado, Zimerman condujo el tiempo final con una afectación y una velocidad inapropiadas, implementadas por un pedal agresivo, con unos taconazos molestos para el oyente que, pese a su epatante efecto, no se justificaban musicalmente en modo alguno. La orquesta seguía manteniendo una sonoridad compacta y, a la vez, brillante, como la mostrada en el pasaje fugado del tercer estribillo del rondó final, que daba seguridad al solista en cómo el discurso funcionaba a pesar de sus continuos arrebatos con inesperadas ráfagas de adornos desde el teclado.