Gerardo Bullón: “Me gusta el trabajo actoral de los papeles de Puccini”

Con una versátil carrera entre ópera y zarzuela, el barítono Gerardo Bullón continúa adentrándose en el amplio catálogo de títulos italianos, interpretando papeles de creciente relevancia. Bullón viene de estrenarse en Stuttgart como el Barón Scarpia, de Tosca, y a lo largo de julio, encarnará a Sharpless en ocho de las representaciones de Madama Butterfly del Teatro Real, papel que recuperará en diciembre para su regreso al Gran Teatre del Liceu.
Desde su último, y único, Sharpless hace tres años, ¿cómo ha cambiado su interpretación del personaje?
Cuando dejo un papel y lo retomo después de un tiempo, me da la impresión de que ha evolucionado por sí mismo, resulta sorprendente. Por supuesto, no es magia, todo es fruto del trabajo. Ahora que afronto de nuevo a Sharpless, tengo la sensación de que el personaje está más reposado y es más maduro. ¡Será que yo me he hecho mayor!
Sharpless es prácticamente el único papel de barítono en Puccini que no es antagonista.
Sí, existen incluso teorías que defienden que el personaje de Sharpless está basado en el propio Puccini, que el compositor depositó en este papel mucho de sí mismo. En la música del personaje se respira sensatez, cierta sabiduría. Es por esto que es muy agradable interpretarlo. Además, Puccini le reserva dos o tres frases de muchísima belleza, resulta reconfortante.
Este no es el único papel del compositor italiano que ha interpretado este año, ¿cómo fue encarnar por primera vez al Barón Scarpia en Stuttgart?
Es un papelazo, ¡y es muy divertido hacer de malo! Se pasa muy bien porque te da pie a explorar cosas que en tu vida diaria no puedes. Tuve la suerte de poder ensayar bastante. Al ser una producción de hace 26 años, lo normal es ensayar dos días y lanzarte a las funciones, pero no fue el caso. Además, aprendí mucho. En cada representación procuraba siempre mejorar algo que en la función anterior no me había convencido, o cosas que habían estado bien, pero podrían estar mucho mejor.
¿Qué siente en su regreso al Teatro Real?
Mi sensación es la de volver a casa. Aunque mi primer hogar es el Teatro de la Zarzuela, digamos que el Teatro Real es como mi segunda residencia. Estoy muy contento de volver a este maravilloso teatro, con un equipo técnico y artístico inmejorable.
Muestra un cariño especial por la zarzuela, ¿qué diferencias puede destacar a la hora de preparar e interpretar un papel de ópera italiana y uno de zarzuela?
La principal diferencia es que en la zarzuela hay texto hablado, cosa que a mí me gusta mucho tener, porque me da la oportunidad de matizar más detalladamente el carácter del personaje. Además, la música de zarzuela es, en un sentido, más afín a mí, más cercana. En mi infancia no escuché mucha zarzuela, pero es un estilo que surge solo, de alguna manera, porque te ves reflejado en él.
¿Quién es su barítono de referencia?
Mi gran cantante referencia es Hans Hotter, al que adoraba cuando empecé a cantar y sigo adorando a día de hoy. Cuando estudiaba quería ser como él y, obviamente, le imitaba mucho. Ya con el tiempo, fui ampliando conceptos e ídolos.
¿Cómo descubre que su voz es de barítono?
Cuando comencé a estudiar con Virginia Prieto, fue ella la que me clasificó. He tenido que trabajar mucho para ampliar el rango, sobre todo en la zona aguda, que nunca me ha resultado fácil. En cambio, tengo un centro muy oscuro y sonoro.
¿Algún otro profesor que le haya marcado especialmente?
He estudiado con varios, y todos me han aportado algo. Aún así, puedo destacar a Ricardo Muñiz, tenor español maravilloso. Tras haber trabajado juntos, me dijo: “Tú con la voz que tienes, no puedes cantar así”. Ricardo no impartía clases, pero le insistí mucho hasta que accedió, y de él pude aprender muchísimo.
¿Prefiere actuar en producciones nuevas e innovadoras, o en montajes más clásicos?
Lo esencial en una producción es que haya una buena dirección de actores, independientemente del concepto estético en el que se encuadre. A veces, la producción presenta una buena idea, pero no profundiza lo suficiente en la actuación de los cantantes y se queda en un plano muy superficial.
De hecho, Ud. estudió arte dramático, ¿considera que es una formación importante para los cantantes de ópera?
Completamente, saber actuar es muy importante en la ópera. Ya no es como antes, ya no se acepta aquello del cantante plantado en mitad del escenario. Yo aprendí mucho con José Carlos Plaza, que centra gran parte de su trabajo en imaginar e idear un trasfondo para cada personaje, brindándole una historia, una familia, un oficio… José Carlos Plaza es capaz de crear volumen para los personajes, y eso ayuda a la hora de interpretarlos.
¿Qué planes tiene para la próxima temporada?
El próximo verano voy a cantar Rigoletto en Estados Unidos, en Santa Fe. El papel de Rigoletto es un gran paso para mí y estoy muy emocionado, aunque, después de tantos años interpretando personajes secundarios, debo admitir que me abruman un poco los roles protagonistas. También volveré a interpretar a Sharpless, esta vez en el Liceu y en una producción distinta, en diciembre de este año. Y, por supuesto, volveré al Teatro de la Zarzuela, donde siempre intento actuar al menos una vez al año. En este caso, regreso al escenario del Zarzuela con El bateo y La revoltosa, en abril de 2025.
¿Cómo le gustaría seguir desarrollando su carrera en el futuro?
Nunca he cantado Wagner, y me encantaría interpretar cualquiera de sus papeles de barítono. Aún así, no es algo que a corto o medio plazo me esté planteando y, como nunca lo he hecho, no sé cómo cambiaría la colocación vocal. Aunque Wagner escribía bien para voces, sabía lo que hacía. También, me gustaría continuar interpretando papeles de Puccini porque tienen un trabajo actoral que me encanta desarrollar.
Carmen Herrmann Fernández
[Foto: Nani Gutiérrez]


