Franz Mazura: cantar hasta la muerte

Franz Mazura: cantar hasta la muerte

El próximo 21 de abril Franz Mazura habría cumplido 96 años de una larga y provechosa vida como cantante si la dama de la guadaña no se lo hubiera llevado hace unos días. Estuvo en escena hasta bien cumplidos los noventa, demostrando aguante, resistencia a prueba de bomba, tablas y un temple raro que le permitía, pese a los estragos del tiempo, mantenerse en pie más que decorosamente y revestir, por ejemplo, de especial intensidad y vigor a un personaje como el de Gunther de El crepúsculo de los Dioses, en el que pudimos verlo no hace tantos años en Bayreuth, uno de sus escenarios favoritos desde que partiendo de su Salzburgo natal y, dejando su dedicación a la ingeniería, se trasladara a la localidad alemana de Detmold acabada ya la Segunda Guerra Mundial

Sus primeros pasos artísticos, tras los estudios con Frederik Husler, fueron como actor. Como cantante debutó en Kassel en 1955 y enseguida en Mainz y Braunschweig. Pocos años después lo encontramos en Mannheim y en la Ópera Alemana de Berlín, aunque ya había aparecido en Salzburgo en 1960 en el papel de Cassandro de La finta giardiniera de Mozart. Diez años más tarde cantaría allí Pizarro de Fidelio de Beethoven, una parte que iba como anillo al dedo a su timbre oscuro y un poco velado de bajo cantante tirando a baritonal en algunas ocasiones, a su torva emisión, a su sonoridad un tanto engolada, muy propia de ciertas voces teutonas. El instrumento era extenso, de buen volumen, de metal muy característico y acerado. Fraseaba con mucha propiedad y acentuaba de manera muy personal. A medida que cumplía años iba, como es lógico, perdiendo fuelle, armónicos y tonicidad muscular, lo que motivaba una cada vez más criticable costumbre de interpretar abusando de un semiparlato en pasajes en los que se pedía un canto puro y duro. Pero así fue trampeando hasta el final.

En todo caso, su historial, en el que cubrió, según las crónicas, hasta 200 papeles distintos, entre pequeños y grandes cometidos, es apabullante. Se le recuerda en sus buenos tiempos por el carácter, por el dramatismo un poco a lo Paul Schöffler, que sabía transferir a sus criaturas, como excepcional Alberich, Moisés (de Moisés y Aaron de Schönberg), Marke, Orest, Klingsor (en particular), Rangoni (Boris), Creon (Edipus Rex), Doktor (Wozzeck) e incluso Flint (Billy Budd). Fue muy celebrada su participación en el estreno parisino, con Boulez en el foso, de la versión de Lulu de Berg completada por Friedrich Cerha. Allí hizo un doble papel, el de Doctor Schön y el de Jack el Destripador (24 de febrero de 1979). En 1991 intervino en la presentación de Der Meister und Margarita de Yok Holler en Colonia. En sus últimos años se especializó en el papel hablado del judío Schigolch de Lulu. No desdeñó tampoco el musical (Showboat de Kern) y llegó a cantar Porgy en Porgy and Bess de Gershwin.

Casi hasta su muerte mantuvo actividad, por lo que no es raro que nos lo encontráramos en 2017, en el papel de Abraham, en la primera mundial de la ópera Lot de Giorgio Battistelli. Y todavía en abril de 2019 figuraba como Meister Hans Schwarz, el calcetero, en Los maestros cantores de Wagner de la Staatsoper de Berlín. Una suerte de homenaje a una longeva y provechosa carrera. El homenaje que desde estas páginas rendimos a artista tan constante, tan entregado, tan profesional.