FLORENCIA / Un ‘Wozzeck’ demasiado apegado a la realidad

Florencia. Teatro del Maggio. 3-X-2026. Wolfgang Koch, Ian Koziara, Sam Furnes, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Clive Bayley, Anja Kampe. Director musical: Thomas Guggeis. Directora de escena: Deborah Warner. Berg: Wozzeck.
Después de 28 años, Wozzeck de Berg ha vuelto a representarse en Florencia, en la misma producción londinense presentada en 2023 en el Covent Garden, con dirección escénica de Deborah Warner. En el podio se encontraba un joven director en ascenso, Thomas Guggeis, y el reparto vocal era de indudable solvencia. En conjunto, un espectáculo de excelente profesionalidad que, sin embargo, no hacía plena justicia a la grandeza de la primera obra maestra teatral de Berg.
La puesta en escena se sitúa bajo el signo de un realismo cotidiano, sin nada que remita al expresionismo, aunque en ocasiones con cierta brutalidad, como al comienzo, cuando la sobria escenografía de Hemi Shin muestra en primer plano una hilera de retretes que Wozzeck limpia mientras sus compañeros se burlan de él, antes de afeitar al Capitán. En cambio, resulta persuasiva por su esencialidad la desnudez de las escenas junto al estanque del tercer acto. Naturalmente, las referencias al expresionismo no son obligatorias, y la dirección de Deborah Warner suscita una compasión humana y participativa. Pero la prestigiosa directora no parece captar hasta el fondo la tensión visionaria presente en el extraordinario fragmento de Büchner y, sobre todo, en la música de Berg.
En Berg, la fidelidad a Büchner —dentro de los límites en que podía conocer su obra, a través de las manipulaciones de la primera edición que la dio a conocer— implica una profunda adhesión a la dimensión trágica de una historia ambientada en una realidad cotidiana sórdida, en una existencia oprimida y asfixiante que, sin embargo, no puede entenderse desde una perspectiva simplemente naturalista. Asistimos a la desintegración de una conciencia, a una pérdida de identidad y a la situación social que conduce a ella. Y todo ello se define en la música mediante iluminaciones dramáticas que realzan, con fuerza visionaria y alucinada, la naturaleza de cada escena, haciendo que el carácter explosivo de cada fragmento coexista con una rigurosa continuidad.
La interpretación musical de Thomas Guggeis parece coherente con la concepción escénica y resalta los aspectos líricos de la partitura, en ocasiones con una suavidad casi desgarradora. También en el caso del director, lo que a mí me pareció en parte una limitación gustó a otros sin reservas. En cualquier caso, excelente la actuación de la orquesta.
En el reparto había algunos intérpretes reconocidos desde hace tiempo por su autoridad en sus respectivos papeles: pienso en el intensísimo Wozzeck de Wolfgang Koch o en el Capitán de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, a quien muchos conocen como Mime. No había escuchado anteriormente a Clive Bayley como el Doctor: resultó impresionante por la naturalidad siniestra de su interpretación y vocalmente impecable. En algunos momentos me pareció que la, por otra parte, notable Anja Kampe encontraba dificultades en el papel de Marie, al menos en la tercera representación, a la que asistí. Impecables Ian Koziara (el Tambor Mayor) y Sam Furnes (Andres); bien todos los demás y el coro.
Paolo Petazzi


