GRANADA / Nosferatu, pesadilla de una noche de verano

Granada. Colegio Mayor Santa Cruz la Real. 12-VII-2024. 73º Festival de Granada. Ander Tellería, acordeón. Orquesta Ciudad de Granada. Coro de la OCG. Héctor E. Márquez, director del coro. Director: José María Sánchez-Verdú. José María Sánchez-Verdú: Nosferatu. Una sinfonía del horror.
Las imágenes que Friedrich Wilhelm Murnau fijó en la pantalla con su Nosferatu siguen apelándonos por igual más de un siglo después de que estas fueras fijadas (1922). Como ejemplo práctico, recientemente el laudista y compositor holandés Jozef van Wissem ha creado una nueva banda sonora para el filme y, a finales de este año, llegará a los cines unas nueva adaptación del clásico firmada por Robert Eggers. José María Sánchez-Verdú (1968) llegó al filme en 2002 por encargo del Teatro de la Zarzuela y, desde su estreno, con su música para la película fijó un cierto canon contemporáneo. Entiéndase, gracias a su amplia difusión en concierto (próximamente la presentará en Costa Rica) la gran obra de Murnau empieza a ser inseparable (o aproximadamente, para no caer en maximalismos) de estos pentagramas.
El éxito radica en el abrigo. La partitura de Sánchez-Verdú atrapa como un manto a las imágenes, no niega la voz propia (la que tenía el músico hace una década, ahora desde luego ya no sería exactamente la misma, perdería organicidad, acrecentaría sus esquinas más afiladas; ejemplo: La chute de la maison Usher), insufla nuevos significantes y hace que la película exude nuevos horrores, o que estos se recarguen ante los ojos actuales por mor de la composición. Y es, con pleno sentido, una banda sonora que se adapta a lo que se proyecta, una suerte de paisaje sonoro en la que convive la fuerza de la naturaleza (en las voces femeninas, en el aparato orquestal) y la identidad de cada personaje (transustanciada en distintos instrumentos de la orquesta, con un omnipresente acordeón —color central de la música— para Nosferatu).
Se presentó esta propuesta en una muy ortodoxa noche de verano para los estándares granadinos. Así, bajo el sofoco las apariciones del actor Max Schreck iconizado como el mayor y más cruel vampiro fílmico adquirían nuevos contornos. La Orquesta Ciudad de Granada, con un muy buen trabajo de ensayos detrás, azuzó el tono pesadillesco —inquietantes sonidos sibilantes en los violines, terrosos y ambientales tonos mantenidos en los contrabajos— y contó con un formidable Ander Tellería en el acordeón, instrumento que ligado a Nosferatu impregna el ambiente, hace de argamasa, de untuoso aceite que engrasa con unas secciones y otras de la orquesta.

La funcionalidad de la música de Sánchez-Verdú volvió a demostrarse sagaz y, hasta cierto punto, sencilla en su acomodación a algunas imágenes: el triángulo cuando se da la hora, la percusión ante la creciente plaga de ratas y un empleo de transiciones reconocibles que confieren a esta extensa partitura carente de silencios una voz rápidamente reconocible por quien opte por centrarse en las imágenes y no tanto en lo que acaece en los atriles. La versión que condujo el compositor remarcó el tenebrismo y la tímbrica, no tanto los contrastes ni las múltiples violencias que restallan en diversos momentos. Ojalá en algún momento la Friedrich-Wilhem-Murnau Stiftung decidiera fijar en soporte audiovisual la creación para dar así aún más vida —en formato doméstico— a este Nosferatu.
No se entendió sin embargo el escaso acierto del Festival de Granada al proyectar una copia con intertítulos en inglés. Peor aún, estos quedaban enterrados entre las cabezas de los músicos imposibilitando su seguimiento y comprensión de la trama.
Ismael G. Cabral
(Fotos: Fermín Rodríguez / Festival de Granada 2024)


