Fastuosa ‘Serenata a tre’ de Vivaldi por Andrea Buccarella

VIVALDI:
Serenata a tre. Marie Lys, Sophie Rennert, Anicio Zorzi Giustiniani. Abchordis Ensemble. Clave y dirección: Andrea Buccarella. NAÏVE (1 CD)
Vivaldi compuso la conocida como Serenata a tre en los últimos años de la segunda década del siglo XVIII, probablemente para las celebraciones íntimas del matrimonio secreto del marqués de Toureil, un aristócrata francés poseído por un furor musical tal que lo llevó a Venecia a conocer a Vivaldi, donde se enamoró de una plebeya llamada Marina Berti.
Sobre el habitual texto arcádico poblado por ninfas y pastores, presenta una música deliciosa, ligera y animada, con arias en ocasiones de extremo virtuosismo. No faltan, sin embargo, momentos muy reposados, como la bellísima y delicada Se all’estivo ardor cocente o Acque placide che correte, que describe de forma exquisita el discurrir de un calmado arroyo. Para la ocasión el prete creó una orquesta muy colorista, con empleo de oboes, fagotes y trompas —estas últimas descuellan en el aria cinegética Alla caccia d’un core spietato, que pasó más tarde a Tito Manlio— y un virtuosísimo violín solista en Ad infiammar quel seno, donde Boris Begelman obra maravillas.
De las tres serenatas conservadas de Vivaldi, sin duda esta ha corrido la peor suerte —muy injustamente, personalmente la situaría por encima de sus hermanas—, pues sufrió dos incursiones discográficas (Claudio Scimone, Erato; René Clemencic, HM) absolutamente olvidables. Por fortuna, el año pasado comenzó un vuelco con la sensacional grabación dirigida por Federico Maria Sardelli en Glossa, que se consolida con la no menos extraordinaria que comanda Andrea Buccarella. Esta presenta un trío protagónico fastuoso, encabezado por unas Marie Lys y Sophie Rennert alucinantes, una orquesta magníficamente timbrada y empastada, que funciona como un reloj suizo bajo la vibrante y contrastada dirección del excelente clavecinista, y una toma soberbia.
Sinceramente, quedarse con una u otra se me antoja dificilísimo; mejor atesorar ambas.
Javier Sarría Pueyo


