Eva Gevorgyan: “Hemos reducido la música clásica a un grupo selecto, cuando es un lenguaje universal”

Eva Gevorgyan: “Hemos reducido la música clásica a un grupo selecto, cuando es un lenguaje universal”

Pese a ser la benjamina del ciclo de Jóvenes Intérpretes, Eva Gevorgyan (2004) atesora ya más de cuarenta premios en concursos internacionales de piano, lo cual la convierte en uno de los más jóvenes referentes del pianismo ruso. Entiende la música como un proceso mental, como un viaje imaginativo que la sumerge en mundos y realidades que van más allá del instrumento. Quiere ser pianista, pero también compositora, y defiende que la composición musical debe tener una vida infinita, aportando nuevas obras sin anquilosarnos en el repertorio pretérito que ya conocemos. Este lunes, 28 de junio, debuta en Madrid en el que será su primer concierto en un país mediterráneo dentro de esta ‘nueva normalidad’. Y lo hace con un programa con obras de Chopin y Scriabin que, de alguna forma, la preparan para su debut en el Concurso Chopin de Varsovia el próximo otoño.

Con tan solo 17 años ya es una de las grandes promesas del piano. ¿Cómo comenzó su camino en el mundo musical?

Mi madre es violista. Nací escuchándola. Yo quería ser como ella. Incluso llegaron a comprarme un violín, pero desistí pronto porque realmente no me gustaba el sonido que le estaba sacando al instrumento. Terminé rompiendo el violín. Fue entonces cuando mis padres pensaron que igual no tenía talento para la música. Mientras tanto, comencé a estudiar ballet cuando apenas tenía 3 años. Se me daba bien, tenía potencial… pero no me gustaba. Reconozco que soy una persona bastante vaga para los deportes, soy más de energía mental que física. Cuando tenía cinco años, mi madre decidió darme otra oportunidad en el mundo musical y presentarme a las pruebas del conservatorio. Gracias a Dios, pude superarlas y despedirme así del ballet. Fue en ese momento cuando descubrí que la música era algo que estaba dentro de mí.

Compatibiliza sus estudios musicales, con el instituto, además de desarrollar una carrera internacional como pianista. ¿Qué problemas encuentra a la hora de compaginar todas sus obligaciones?

El problema es compaginar tu carrera con los exámenes oficiales. Obviamente, todos los adolescentes debemos enfrentarnos a esos exámenes que nos evalúen y que demuestren que nuestra educación está dentro de la media. Pero el sistema debe entender que también somos pianistas profesionales que estamos desarrollando una carrera que va más allá de un examen. Este año, por casualidades de la vida, el coronavirus ha hecho que no necesite enfrentarme a estos exámenes. Pero es un problema real al que se enfrentan muchos músicos en Rusia. Se debería intentar flexibilizar las normas para que podamos desarrollar nuestra carrera mientras nos preparamos para esos exámenes con paciencia y estudio.

¿Cuál cree que son los retos a los que los pianistas de su generación deberán enfrentarse?

Recientemente vi un documental en torno a la figura de Emil Gilels que me mostró una realidad pasada que desconocía. Hace setenta u ochenta años, las competiciones musicales eran eventos multitudinarios, como lo son hoy los eventos deportivos. La música clásica formaba parte de la cultura general de cualquier país. Hoy, la realidad es muy distinta. Ganas una competición musical internacional, vuelves a tu país, y parece que tan solo algunos medios especializados se hacen eco. La gente ha perdido el interés. La información ya no posee poder de atención, todo está a golpe de clic, incluso podemos escuchar conciertos sin movernos de casa. La música, la cultura, han perdido su valor como elemento necesario en la sociedad. Vivimos en un mundo en donde existe un problema claro con la música clásica del que nadie conoce solución alguna. Y esto es muy triste. Nos hace falta un lenguaje claro y directo. Hemos de dejar atrás los intelectualismos que alejan al público más que atraerlo. La música es un lenguaje claro y preciso, pero la forma en la que nos referimos a ella, a veces no lo es tanto. Y eso en parte ha desconectado a un sector muy grande del público joven. Hemos reducido la música clásica a un grupo selecto, cuando realmente es un lenguaje universal. No entiende de lenguajes, no entiende de ideologías. La música entra en ti y te hace vibrar más allá de quien seas o cómo seas.

Interpretará en el ciclo de Jóvenes Intérpretes un programa bastante singular, que aúna tres obras de Chopin con los 24 preludios de Scriabin.

Es inevitable apreciar la influencia que Chopin tuvo sobre Scriabin en sus 24 preludios. Actualmente, además, me estoy preparando para la International Chopin Piano Competition 2021, y este programa es una conversación entre ambos compositores, que muestra sus analogías y sus diferencias desde no solo dos periodos muy distintos, sino también desde dos realidades culturales diferentes. Los 24 preludios de Scriabin llegaron a mí gracias a Mikhail Pletnev. Lo escuché en una grabación y sentí devoción por todos ellos. Son muy exigentes, incluso su estudio es más mental que físico. Cojo la partitura y los repaso en mi cabeza día sí, día también.

Además de ganar con tan solo 16 años más de cuarenta concursos de piano, recientemente se alzó con el ICMA Discovery Award. ¿Cómo fue la experiencia?

Fue una experiencia muy grata que me ha proporcionado difusión en el mercado europeo. Quiero empezar a conocer países del resto de Europa, descubrir los diferentes tipos de público a los que me puedo enfrentar. Al final, todo es parte del mismo aprendizaje. Por ejemplo, la oportunidad de venir a España, un país que amo y del que quiero descubrir su cultura y su música.

¿Quién diría que ha sido su mayor inspiración en estos años de aprendizaje?

En el séptimo curso del conservatorio, comencé a recibir clases de la pianista Natalia Trull. Gracias a ella, mi concepción musical cambió a todos los niveles. Se transformó en un auténtico referente para mí, y no hay mejor aprendizaje que el que obtienes de tus ídolos. También reconozco sentir fascinación por Mikhail Pletnev, y últimamente estoy escuchando bastantes discos de Ivo Pogorelich

¿Qué le están aportando las enseñanzas de Natalia Trull?

Natalia escucha. Natalia está dentro de la música cuando toca. Consigue sumergirse en lo que está haciendo a un nivel que pocas veces he visto en otros pianistas. Para mí eso es hacer música. Estar tan concentrado en lo que estás haciendo que el resto del mundo da igual. Tan solo existes tú y el instrumento. La música se crea en cuadros mentales que ocurren de verdad, aunque sea solo en tu mente. Y a partir de ahí, disfrutas de las aventuras e historias que estos cuadros te narran. Está muy bien tener una técnica magnífica, eso facilita mucho las cosas; pero es necesario desarrollar nuevas ideas, de la misma forma que la música debe de seguir componiéndose. No podemos asentarnos en el repertorio canónico que ya conocemos.

También está comenzando una carrera como compositora…

He compuesto algunas obras breves, pero todavía no he encontrado un sonido que me guste. En un futuro me gustaría poder compaginar la carrera de pianista con la de compositora. Mientras tanto, sigo estudiando armonía, orquestación, tímbrica… Componer no es sentarse al piano y que las musas te inspiren una sinfonía. Componer es hacer mil bocetos, mil ejercicios antes de escribir la primera nota. Es un proceso lento que estoy aprendiendo y que espero que dé sus frutos en un futuro cercano.

¿Cómo cree que debe de ser la relación entre los instrumentistas y los compositores contemporáneos?

Los momentos de crisis y de cambio ayudan a que las explosiones culturales calen con más fuerza. La gente busca referencias, necesita expresarse frente a lo que ocurre a su alrededor. La gente siente un rechazo por la música contemporánea. Incluso muchos intérpretes lo hacen. Pero estoy segura de que en cien o en doscientos años, esa música que hoy en día tocan unos pocos se transformará en el canon que actualmente suponen Mozart, Beethoven o Debussy. Chopin, Scriabin eran unos incomprendidos en su época y hoy son grandes referentes musicales. ¿Por qué no va a ocurrir eso de aquí a doscientos años con la música que se está componiendo hoy en día? El tiempo siempre pone todo en su sitio.

Más información sobre el concierto de Eva Gevorgyan aquí.