Cavatina Duo, tendiendo puentes

Del encuentro de dos jóvenes estudiantes del Conservatorio de Rotterdam ‒la flautista valenciana Eugenia Moliner y el guitarrista bosnio Denis Azabagic‒ surge a finales de los años noventa Cavatina Duo. A lo largo de sus 25 años de actividad, Cavatina Duo se ha dedicado a difundir y ampliar el repertorio para flauta y guitarra con una significativa política de encargos. En su último y más ambicioso proyecto, River of Fire (Cedille Records), estrenan cinco piezas de otros tantos autores contemporáneos que tienden puentes entre la tradición clásica y las influencias gitanas. Una iniciativa con la que pretenden celebrar la riqueza de la música gitana en sus múltiples expresiones históricas y geográficas a través de sus conexiones con India, Oriente Medio, los balcanes y España.
Quisiera empezar por vuestros comienzos. Veinticinco años es mucho recorrido para una formación que no posee el prestigio de combinaciones más “clásicas” como la de violín y piano.
E. M.: Nos conocimos siendo estudiantes en el Conservatorio de Rotterdam. Yo fui allí a estudiar flauta. Denis es bosnio, estudiaba en la Academia de Zagreb con Darko Petrinjak, de cuya escuela han salido muchos guitarristas famosos como Zoran Dukic o Ana Vidovic, cuando empezó la guerra en la antigua Yugoslavia. Sus padres tenían familia en Rotterdam y le enviaron allí para evitar su reclutamiento. Nos encontramos por casualidad. Cuando nos conocimos, él estaba preparándose para el concurso de París. La primera vez que tocamos juntos fue en mi pueblo, Burriana. Me pidieron dar un concierto a cambio de una ayuda para los estudios. Entonces tocamos juntos la Sonatina de Castelnuovo-Tedesco y otras obras. Sin embargo, Cavatina Duo no se formó seriamente hasta que grabamos nuestro primer disco en el año 1998 con el sello Opera Tres en Madrid: era un programa con obras de Ruiz-Pipó, Takemitsu, Piazzolla, Rodrigo, Denisov y Yagüe. Nos pidieron un nombre para el dúo y me gustó mucho el de Cavatina, un término de la ópera italiana que evoca algo melodioso.
Uno de los problemas a los que se habrán enfrentado es la limitación del repertorio para flauta y guitarra.
E. M.: No es que se haya escrito poco; la cuestión es que la mayor parte de lo que hay, sobre todo en el siglo XIX, no nos parece muy interesante. A menudo la parte de la guitarra no pasa del simple acompañamiento. Cuando toco por ejemplo la Sonata para flauta de Prokofiev, la parte del piano es tan sustancial como la de flauta, hay un intercambio constante. En el repertorio para flauta y guitarra, esto ocurre poco. Algunas piezas sí existen, pero nosotros estamos intentando revertir la situación. Durante estos años, con los nueve discos que hemos grabado y muchos otros en los que hemos colaborado, hemos realizado 26 encargos, entre ellos un concierto para flauta, guitarra y orquesta que no hemos estrenado en España, pero sí en muchos otros países, desde Corea hasta Serbia y México y Estados Unidos.
D. A.: Una cosa de las cosas más significativas en mi educación como guitarrista fueron los años en Rotterdam. Aquellas clases con el profesor de flauta de Eugenia, Jo Hagen, me ayudaron a entender la música de una forma nueva: en vez de mirar la música a través de la partitura guitarrística, de un pentagrama, me abrió una visión, por así decirlo, orquestal. Nosotros queremos un repertorio para los dos instrumentos en el que estemos siempre conectados, interrelacionados como instrumentistas, músicos e interpretes. A los compositores a los que hacemos encargos les pedimos precisamente este enfoque.
¿Ha sido difícil convencer a los programadores de las bonades de vuestras propuestas, al tratarse de una combinación tan poco habitual?
E. M.: Al principio ha sido difícil convencer a un manager de que lo que hacíamos era interesante, innovador, serio y al mismo tiempo de calidad, porque normalmente la combinación flauta-guitarra se asocia en Estados Unidos a una música ligera, a música para bodas o algo por el estilo. Entrar en el circuito de la música de cámara nos ha costado mucho, pero desde hace unos cuantos años lo hemos conseguido.
¿Han conseguido entrar más por el lado de la música de cámara o por el de la guitarra? ¿Quién ha resultado más receptivo al principio?
D. A.: La entrada fue un poco más por la parte de guitarra. Cuando conocí a Eugenia, me preparaba para el Concurso de París y años más tarde, después de ganar varios concursos en Europa, participé y gané el concursó que más me ayudó a entrar en el circuito guitarrístico en EEUU, el GFA, Guitar Foundation of America, que gané en 1998. Parte del premio consistía en una gira de unos 60 conciertos por Estados Unidos. ¿Qué es el gran valor de este premio? Que te pone en contacto con los programadores, las sociedades y los festivales de guitarra. Esta fue una de las puertas que primero nos abrieron el camino. Luego vino Sergio Assad. Aparte de ser un gran guitarrista y compositor, y un amigo queridísimo, nos ha ayudado mucho en nuestra carrera. Tras escucharnos tocar en Chicago, enseguida nos invitó a su casa. Un día nos llamó diciendo que necesitábamos salir del mundo de la guitarra y entrar en el circuito de la música de cámara, y nos puso en contacto con la que es todavía nuestra manager en Estados Unidos, Lisa Sapinkopf. Así empezamos a dar conciertos en los ciclos de cámara de las universidades y en festivales de cámara. Hemos tocado hasta en festivales especializados en música barroca, ya hemos entrado en el circuito.
Vamos a hablar de vuestro nuevo disco, River of Fire, una serie de encargos que se inspiran en la música gitana pero también en la historia del pueblo gitano más allá de los estereotipos.
D. A. Lo que más nos ha encantado, a lo largo de estos 25 años, ha sido la colaboración con mucha gente; de estas interactuaciones empiezan a surgir ideas de una manera que ni siquiera sabes. Una cosa lleva a otra tal. Así ocurrió también con River of Fire. Hace unos años, una amiga bosníaca en Chicago nos preguntó: ¿por qué no hacéis algo con la música gitana? Estaba escuchando algo en una radio de música clásica que le recordó la música gitana. La cosa nos pareció interesante, pero en este momento no sabíamos exactamente cómo hacerlo. No queríamos entrar en estereotipos.
E. M.: La casualidad quiso que conociera en Nueva York a Kai Christiansen, un musicólogo extraordinario. Cuando nos presentaron y le comenté que era española, me dijo que le encantaba la música flamenca. Acababa de venir de la India y había visto claras conexiones entre la música flamenca y la hindú. Entonces le hablé de un documental sobre gitanos titulado Latcho Drom, de Toni Gatlif; él también lo conocía y a partir de ahí empezó a tomar forma el proyecto. Cuando tienes la mente totalmente abierta, las ideas surgen de concatenaciones inesperadas.
“Cuando tienes la mente abierta, las ideas surgen de concatenaciones inesperadas”
Otra coincidencia: el Conservatorio de Rotterdam donde estudiaron incluía entre sus asignaturas el flamenco y la música clásica india.
E. M.: Es más. Mi compañera de piso estudiaba el bansuri [flauta travesera de bambú originaria de la India] y tocaba ragas todo el día. Luego, en el conservatorio, escuchaba a los alumnos de Paco Peña tocar por el pasillo, y en otro pasillo había alumnos que tocaban la tabla y el bansuri. Entonces me resultó claro que todo estaba conectado. De esta experiencia surge la idea de River of Fire. Kai nos ha ayudado a conectar todas estas cosas.
D. A.: Quiero también destacar el hecho de que Eugenia y yo hemos estado en la India muchas veces, hemos tocado con músicos indios que improvisan al estilo de sus ragas con la tabla. Hay muchas cosas que se unen ahí. Este proyecto es un conjunto de todas esas cosas, de nuestras propias experiencias y también de todos esos viajes del pueblo gitano, que desde el norte de India viaja por Medio Oriente, llega a los Balcanes, se traslada a la Europa del Oeste y, a través de África, llega a España.
¿Cómo ha sido vuestro encuentro con la música gitana?
D. A.: Yo crecí escuchando de niño a músicos gitanos que actuaban con trompetas delante de las casas con un oso bailando. De adolescente me impactó mucho la banda sonora para la película de Kusturica Tiempo de gitanos. Goran Bregovic, que fue rockero en un grupo muy famoso de la antigua Yugoslavia, hizo esta banda sonora basándose en el folclore romaní. Esta música tuvo un impacto muy fuerte en mí, pero también me acuerdo en esta misma época de Paco de Lucía, al que escuché a través de los primeros discos occidentales que entraron en la antigua Yugoslavia. Fue una experiencia significativa que me acercó un poco más al flamenco español y por lo tanto a la influencia de la música gitana en la guitarra.
E. M.: Para mí, que he crecido en España, la música gitana está asociada con la música flamenca. El cante de Camarón de la Isla me impactó. No había escuchado nada parecido, porque en casa a mi padre le gustaban las folclóricas. Luego, en el conservatorio de Rotterdam, vi a muchos estudiantes tocar guitarra flamenca, practicando sus bulerías y sus seguiriyas en los pasillos. Todo eso me ha servido a la hora de realizar este proyecto.
D. A.: Estoy muy agradecido de haber ido también a India, de haber escuchado en directo los ragas y ver cómo, a partir de ahí, la música gitana se ha esparcido por el mundo y ha ido evolucionando en otros lugares como un río de música.
Y una vez que deciden hacerlo, hay que buscar a los compositores. ¿Les han dado algunas directrices en el momento del encargo?
D. A.: Hemos enfocado River of Fire de manera distinta a nuestros dos anteriores proyectos, Balkan Project y Sephardic Journey. En el caso de la música gitana, no estamos hablando de un país sino de una cultura. Es algo tan enorme, porque hay muchas influencias desde cuando el pueblo gitano sale de Rajastán y viaja por Oriente Medio hasta que llega a Europa. Si oyes la cultura romani en Francia, no tiene nada que ver con la de España. Por eso es tan interesante. Los gitanos tienen su propia cultura pero, a medida que se mueven, también absorben la cultura que los rodea. Hay una mezcla única, tienen su firma específica en cada país. Por esta razón, hemos dado a los compositores carta blanca.
¿Cómo lo ha enfocado cada uno de ellos?
E. M.: Ha habido de todo. En Romani Songs, Stacy Garrop ha conectado la cultura roma con la naturaleza. Cada uno de los cuatro movimientos habla de diferentes elementos naturales: el viento, el agua, el aire. Son todas canciones. Stacy utiliza el himno gitano, que se llama Djelem, Djelem, y también utiliza una canción típica de Bosnia, Ederlezi. Matthew Dunne es compositor y también guitarrista de jazz. Él fue quien contactó con nosotros porque quería escribir un homenaje a un colega y amigo nuestro, el flautista Tal Perkes. Three Artisans hace referencia a sus tres facetas de arquitecto, flautista y pintor. Sabiendo que Matthew es un guitarrista jazz, le preguntamos por qué no incorporaba elementos de música gitana en su pieza al estilo del gipsy jazz. También utiliza en el segundo movimiento una melodía gitana, y en el tercero hay ecos del flamenco.
D. A.: Luego queríamos encargar una obra que reflejara los Balcanes. En Raga Ibriama, Atanas Ourkouzounov no sólo utiliza elementos rítmicos de los Balcanes, sino que incorpora también el raga hindú: es una especie de fusión, en la que se dibuja una progresión temporal. Clarice Assad se enfoca en la migración del pueblo gitano, en las duras condiciones de su vida, y las describe a través de los cuatro movimentos de Four Scenes. Yo me identifico con esto, pues fui a Holanda no porque quisiera, sino porque había una guerra y tuve que salir.
¿Y Sergio Assad?
E. M.: Pensábamos que Sergio sería la persona ideal para describir un viaje musical de música gitana a través de varios lugares. Su pieza, Contos ciganos, empieza en Punjab y pasa por Anatolia, los Balcanes y Andalucía ¡hasta llegar a Brasil! Es un trío interesantísimo, donde toco con la flauta en Sol pero en un registro muy agudo. Nos parece tan interesante la fusión tímbrica entre violín, guitarra y la flauta en Sol.
“En el caso de la música gitana, no hablamos de un país sino de una cultura. Es algo tan enorme, porque hay muchas influencias desde cuando el pueblo gitano sale de Rajastán hasta que llega a Europa.”
La mayor parte de las piezas de River of Fire añaden instrumentos a la plantilla de flauta y guitarra.
D. A.: Ha sido decisión nuestra. A la hora de hacer este proyecto no queríamos ponernos limitaciones; queríamos abrir el campo lo máximo posible y escuchar flauta y guitarra también en combinación con otros instrumentos, y que todos tuviesen un papel importante. Empezamos a hacerlo ya en el disco anterior, Sephardic Journey. Nos gusta la sonoridad de las cuerdas combinada con flauta y guitarra. La pieza de Stacy Garrop no sólo incluye también un violonchelo, sino que incorpora efectos de percusión en la guitarra y Eugenia utiliza las palmas y los tacones. Clarice Assad combina flauta y guitarra con un cuarteto de cuerda. El privilegio de tocar con otros músicos del más alto nivel, como el Cuarteto Pacifica, es una fuente de inspiración.
Más allá del aspecto musical, River of Fire tiene también un trasfondo humanístico. Habla de temas como la migración, la marginación, los conflictos culturales. ¿Estaba entre vuestros objetivos?
D. A.: Es algo que creo que ha evolucionado con el proyecto. Cuanto más te metes en este tema, cuanto más lo exploras y trabajas en él, más te das cuenta de esta parte humanística. Y te hace reflexionar cada vez más. Recuerdo, en mi país, el uso despectivo con que se utilizaba la palabra gitano. Mientras realizábamos este proyecto, reparaba en nuestra actitud hipócrita hacia los gitanos: por un lado, disfrutamos de su música tan increíble, admiramos su riqueza musical, y por otro, tendemos a rechazarlos.
E. M.: Si hay algún mensaje, este es: aceptación. Ser diferente es un enriquecimiento para todos. Cuando te ves a ti mismo, eres un mosaico de ADN. Estoy hecha de un poco de esta parte de Europa, de un poco de África, de un poco de aquí y de un poco de allá. No existe algo de lo que puedas decir: esto no tiene nada que ver conmigo.
Ya cuentan con una importante agenda en Estados Unidos y en otros países. ¿Tienen futuros compromisos en España?
E. M.: Aquí en Estados Unidos, donde llevamos muchos años, no nos podemos quejar. En España organizamos desde hace unos años un festival en mi pueblo, Burriana. El festival se llama Juan Gual Esteve y en él, aparte de cursos y conciertos, también organizamos un concurso internacional de cámara que se llama Flauta y Guitarra+, donde pueden participar desde dúos con flauta y guitarra hasta tríos, cuartetos o un sexteto (siempre incluyendo flauta y guitarra). Queremos apoyar todo lo que utilice esta combinación. El festival está apoyado por el ayuntamiento de Burriana así como donaciones privadas de empresas como Sanyces, que apoya el concurso con 6.000 euros anuales, y también recibimos ayuda anual de nuestro benefactor en EEUU, Tom Barón. Muchos conciertos en España todavía no tenemos, estamos en ello. Nos encantaría trabajar más en España.
Stefano Russomanno


