En recuerdo de Thomas Fey, un gran haydniano que no tuvo suerte

La muerte del director de orquesta alemán Thomas Fey, ocurrida el pasado 27 de junio a los 65 años, ha pasado casi inadvertida fuera del ámbito centroeuropeo. Sin embargo, desaparece con él una de las personalidades más singulares que dio el movimiento de la interpretación históricamente informada en las últimas décadas y, sobre todo, uno de los directores que con mayor convicción contribuyó a renovar la escucha de Joseph Haydn, un compositor al que dedicó buena parte de su vida artística. Su fallecimiento fue consecuencia de las secuelas de un grave traumatismo craneoencefálico sufrido en 2014 al precipitarse por una escalera, un accidente que puso fin de forma abrupta a una carrera que todavía parecía tener mucho recorrido por delante.
Nacido en Mannheim el 9 de noviembre de 1960, Fey estudió piano y dirección en la Hochschule de su ciudad natal y completó su formación en el Mozarteum de Salzburgo con Nikolaus Harnoncourt, cuya influencia resultaría decisiva. También asistió a cursos impartidos por Leonard Bernstein, dos referencias muy distintas que ayudan a comprender la combinación de rigor histórico y energía expresiva que caracterizó posteriormente sus interpretaciones.
Su trayectoria estuvo estrechamente ligada a los conjuntos que él mismo creó. En 1985 fundó el Heidelberger Motettenchor y dos años después la Schlierbacher Kammerorchester, germen de la Heidelberger Sinfoniker, orquesta que desde 1993 se convirtió en el vehículo principal de su actividad artística. Más adelante impulsó también la Mannheimer Mozartorchester y el Ensemble La Passione, siempre con la voluntad de aplicar los principios de la interpretación historicista al repertorio clásico y prerromántico sin renunciar a la intensidad dramática.
Aunque dirigió con frecuencia música de Mozart, Beethoven, Mendelssohn o Schubert, el nombre de Thomas Fey quedará asociado sobre todo a la figura y la obra de Joseph Haydn. Su ambicioso proyecto de grabar la integral de las sinfonías para el sello Hänssler Classic fue una de las empresas discográficas más importantes dedicadas al compositor austríaco en el cambio de siglo. Antes de que el accidente interrumpiera definitivamente el trabajo, Fey había registrado 58 de las 104 sinfonías que compuso Haydn, reunidas en veintidós volúmenes. La colección quedó de ese modo truncada, aunque poco después sería retomada por sus sucesores al frente de la orquesta. Tras una breve etapa de transición en la que el concertino Benjamin Spillner asumió algunas grabaciones, el proyecto fue retomado por Johannes Klumpp, sucesor de Fey al frente de los Heidelberger Sinfoniker, quien culminó la empresa para Hänssler en 2024
Aquellas grabaciones llamaron la atención por un enfoque que evitaba tanto la solemnidad heredada de la tradición centroeuropea como cierta asepsia asociada en ocasiones a la interpretación historicista. Fey buscaba un Haydn incisivo, lleno de contrastes dinámicos, tempi vivos y acentos muy marcados, pero también atento a la retórica y al sentido teatral de cada frase. El resultado podía parecer provocador para algunos oyentes, aunque contribuía a devolver a estas partituras el carácter imprevisible, el humor y la capacidad de sorpresa que con frecuencia se habían diluido bajo décadas de lecturas más convencionales.
No todas sus interpretaciones alcanzaban el mismo grado de consenso. Su tendencia a extremar los contrastes y a llevar al límite los tempi suscitó reservas entre algunos críticos. Pero incluso quienes discrepaban de determinadas opciones reconocían la coherencia de un pensamiento musical que nunca buscó el término medio ni el compromiso estético. Fey pertenecía a esa clase de directores fácilmente identificables tras pocos compases, una cualidad cada vez menos frecuente.
El accidente sufrido en octubre de 2014 truncó esa evolución. Las esperanzas iniciales de que pudiera regresar al podio fueron apagándose con el paso de los años, mientras los Heidelberger Sinfoniker continuaban su actividad bajo nuevas direcciones musicales. Fey nunca volvió a dirigir.
Su legado permanece, ante todo, en una discografía que invita a redescubrir la música de Haydn desde una perspectiva personal, exigente y ajena a cualquier rutina. En una época en la que la interpretación históricamente informada comenzaba a convertirse en una nueva tradición, Thomas Fey recordó que el verdadero espíritu de ese movimiento consistía precisamente en cuestionar las convenciones y volver a mirar las partituras con ojos nuevos. Esa fue, probablemente, su aportación más duradera.
Laura Chacel


