El universo maravilloso de los cuartetos de Ligeti, por el Marmen Quartet

LIGETI: Cuartetos de cuerda 1 & 2. BARTÓK: Cuarteto de cuerda n.4.
Marmen Quartet. BIS
Hace tres décadas escuché a György Ligeti explicar por qué había aceptado que se interpretara su primer cuarteto de cuerda, tras haber permanecido casi cuarenta años guardado en un cajón. El cuarteto, compuesto en 1954, estaba demasiado cerca de sus fuentes. “Era el séptimo de Bartók”, dijo Ligeti; “pero ahora he caído en la cuenta de que eso no es tan malo”.
Titulado Metamorphoses nocturnes, la obra incluye insectos que zumban, hierbas que murmuran y muchas cosas que se mueven por la noche. En medio de tanta sonoridad silvestre se filtran melancólicas líneas melódicas y un macabro sentido del humor, mucho más negro que en el Barbazul de Bartók. De vez en cuando se oye incluso un acorde haydniano. Podemos ver la pieza como una especie de puente entre la vanguardia de antes y después de la guerra, escrita bajo la férrea represión del comunismo estatal húngaro. Dos años después, Ligeti escaparía a Occidente.
Su segundo cuarteto, fechado en 1968, es asimismo transicional. Escrito en un año revolucionario, se abre con un nervioso Allegro en el cual el compositor se aleja del serialismo de Boulez-Stockhausen para adentrarse en un encuentro franco y brutal con la música del mundo real que la gente podría querer escuchar. Como siempre en Ligeti, hay mordacidad, momentos desabridos y episodios de calma y delicadeza trascendentales. Ligeti es el menos predecible de los compositores, el más gratificante para una mente inquieta, el antídoto perfecto contra la bazofia sentimentaloide.
Entre los dos Ligetis, el Marmen Quartet ofrece el cuarto cuarteto de Bartók, de 1928, mozartiano en comparación con sus vecinos. El álbum, de una hora de duración, está interpretado con vehemencia y lirismo por cuatro europeos que se conocieron en 2013 en el Royal College of Music, antes de que Londres se volviera demasiado Brexity para que los continentales pudieran completar sus estudios. Los Marmen, formados en otra época, nos recuerdan lo mucho que hemos perdido en la isla; entre otras cosas, oportunidades como esta para explorar el bullente universo ligetiano, ubicado allá, en los confines del mundo conocido.
Norman Lebrecht


