El triste destino del Liszt sinfónico

LISZT:
Sinfonía Fausto. Mephisto Waltz n.1. Real Orquesta Filarmónica de Lieja. Gergely Madaras. BIS (1 CD)
Franz Liszt ha sido cancelado por las orquestas de todo el mundo, probablemente por algo que dijo en redes sociales. Y ahora en serio, ¿cuándo fue la última vez que vio usted una obra orquestal de Liszt en un programa sinfónico, aparte de los dos conciertos para piano? Probablemente no en el presente siglo.
Sin embargo, Liszt fue considerado en vida y mucho después de su muerte en 1886 como un compositor orquestal de gran importancia, a la altura de Berlioz en colorido, control y vívida imaginación. Nikisch y Mahler dirigieron sus poemas sinfónicos, Richard Strauss los imitó y Arnold Schoenberg los estudió en busca de soluciones post-tonales. Entonces, ¿por qué el Liszt orquestal es tan lamentablemente ignorado hoy en día?
Se pueden encontrar pistas en la reciente y apasionante grabación de la Sinfonía Fausto que ha realizado para BIS Gergely Madaras al frente de la Real Orquesta Filarmónica de Lieja. Aunque afincado en el Reino Unido, Madaras es húngaro hasta la médula y sabe extraer la paprika de esta partitura fechada en 1854, junto con el dramatismo teatral que Liszt invierte en la manida historia de Goethe del hombre que vendió su alma al diablo.
Pocas obras de Liszt muestran tantas evidencias de la deuda de Wagner con su mentor, desde las anticipaciones de Tannhäuser y Rheingold al principio hasta las insinuaciones de Tristán en el final. Se podría llenar un cuaderno entero con las ideas que Wagner tomó de Liszt. El problema es que Wagner las mejoró. Cuando la Sinfonía Fausto alcanza la hora de duración, nos empieza a parecer más larga que Parsifal.
Liszt es un formidable orquestador y un pésimo autoeditor. Ojalá que alguien le hubiera gritado ‘¡corten!’ Madaras y sus belgas ajustan los pasajes más desaliñados y ejercen una permanente fascinación jugando con las referencias a Wagner. Una interpretación de este calibre iría muy bien en un festival de verano ante un público con tiempo libre. Pero se comprende por qué las orquestas urbanas, atareadas y sensibles a la falta de tiempo de sus oyentes, ponen a Liszt en la lista de cancelaciones. Tanta buena música y tan poco sentido común.
Norman Lebrecht


