El inagotable patrimonio musical británico

El inagotable patrimonio musical británico

D’ERLANGER / DUNHILL: Quinteto con piano. Quinteto con piano, op. 20 / Piers Lane, piano / Cuarteto Goldner / HYPERION 68296 (1 CD)

El patrimonio musical británico de la época que incluye los años finales del siglo XIX y el primer tercio del XX pareciera inagotable si nos regimos por el interés que suscita a las casas de discos de las Islas, decididas, y con buen criterio cultural, a recuperar primero y a que se juzgue ahora lo olvidado antes con, al menos, el conocimiento de causa que da el paso del tiempo, las posibilidades de comparación. O incluso, ni eso: simplemente ofreciendo la posibilidad de aportar más material a los interesados en el asunto. Ya sabemos que el presente es muchas veces injusto y que la posteridad difícilmente cambia su primer dictado sobre aquellos a los que olvida. Pero no deja de ser cierto que la curiosidad es un valor y que la demanda de los curiosos es capaz de suscitar una oferta, repito, casi inagotable: ahí están las series de conciertos románticos —y no solo británicos, por cierto— para violín y para piano que son gala de un catálogo tan admirable en todos los sentidos como el de Hyperion.

La firma que fundara Ted Perry nos presenta esta vez juntos dos nombres que fueron casi contemporáneos, Frédéric D’Erlanger (1868-1943) y Thomas Dunhill (1877-1946).  El primero nació en París de padre alemán y madre estadounidense y se nacionalizó británico mientras desarrollaba una provechosa carrera como banquero y protector de las artes. Cercano a los centros de poder musical, sus obras interesaron a gentes como Fritz Kreisler —protagonista de la première inglesa de su Concierto en re menor, que aparece en una de las series citadas—, Albert Sammons o John Barbirolli —que le estrenó su Réquiem. Escribió una ópera sobre Tess of the D’urbervilles de Thomas Hardy —Tess— con libreto de Luigi Illica y, en 1935, los Ballets Russes le producían, con coreografía de Bronislava Nijinska, su Les cents baisers.

Thomas Dunhill había nacido en Hampstead, una de las mejores zonas de Londres. Hermano de Alfred, fundador de la compañía de tabacos que lleva el apellido familiar —965, Nightcup, Apéritif, qué Latakia y qué recuerdos—, dedicó buena parte de su vida a la enseñanza de la música, por ejemplo, en Eton y en el Royal College of Music, fue director de orquesta, se preocupó por el bienestar de los músicos retirados y, autor prolífico, obtuvo numerosos éxitos en ese género tan inglés que se conoce como light music. Casado con una sobrina-nieta del poeta Matthew Arnold y bisnieta de Thomas Arnold, en 1938 publicó una biografía de Elgar, Adrian Boult le estrenó una obertura en los Proms y escribió un preludio para The King’s Treshold de Yeats.

De estos dos compositores de tan aseada existencia se nos proponen sendos quintetos con piano —estrenado el de D’Erlanger en 1902 y el de Dunhill, aún no publicado, en 1905— que responden a idéntico patrón, a la influencia indisimulada de Johannes Brahms y al seguimiento de las líneas que para la música inglesa habían marcado Stanford y Parry. Muy conservadores los dos en cuanto a su estilo y muy gráficamente expresado por Dunhill en el odio que le merecía la Cuarta Sinfonía de Vaughan Williams —lo cuenta Lewis Foreman en sus magníficas notas al programa—, diríase que, a su lado, Elgar es un revolucionario.

La música que se nos ofrece es de una corrección absoluta, muy bien escrita, carente de genio y entretenida de escuchar con los modelos románticos —añádase Schumann o Max Bruch también, si se quiere— a la vista. Las versiones del Cuarteto Goldner y el pianista Piers Lane son, como siempre en ellos, y hay discografía de sobra para demostrarlo, modélicas. Los que quieran tener la colección más completa posible de música británica no se pueden perder este disco. El resto, tranquilamente.