El golpe del espadachín

El golpe del espadachín

Este vídeo con el fragmento de una clase magistral de Riccardo Muti (sobre el comienzo del acto I de Traviata) aclara muy bien su manera de concebir la dirección orquestal. En primer lugar, un detalle de vieja escuela. Muti le dice a la alumna que no dé saltitos sobre el podio mientras dirige: “Todos los directores movéis los pies”. Muti trata de evitar aquellos gestos que puedan distraer o confundir a los músicos. Es preciso que las señales que el director envía sean claras y esenciales. Una vez que la pieza está preparada y ensayada, el gesto ha de ser lo más directo posible, depurado de cualquier elemento que retrase o emborrone la acción.

La esencialidad del gesto no sólo evita dudas y malentendidos, sino que genera un plus de intensidad. Es lo que ocurre con las personas lacónicas: cada una de sus palabras adquiere más peso y significado precisamente porque utilizan pocas. A continuación, Muti propone un experimento: sugiere a la alumna que, en lugar de marcar todos los tiempos del compás, se limite a dar el ataque con un único gesto de la batuta, aunque con una advertencia: “Esto lo puedes hacer con una orquesta que ya sabe tu tempo”. El primer intento no sale del todo bien, pero Muti la tranquiliza: “Algunos se han adelantado, pero no por tu culpa. Es que en lugar de mirarte a ti, estaban mirando la partitura”.

Entonces Muti sube al podio y toma el mando. Un único gesto: rotundo, incisivo. Luego viene la explicación: “Muchas veces nuestro segundo movimiento crea problemas. Una vez que la orquesta sabe lo que quieres… porque a veces nuestro segundo movimiento no se corresponde con lo que ha sido el impulso inicial; de alguna manera ralentizamos, y la orquesta es muy sensible a estos cambios.” Así que es mejor un único gesto, y Muti lo vuelve a repetir (1’50”). Este gesto –empujar hacia delante la batuta con un movimiento decidido del brazo, como si fuera una espada– resume a la perfección los valores de la dirección de Muti: la intensidad, el temperamento, la autoridad, la fuerza. Yo lo llamaría el “golpe del espadachín” y es un gesto muy característico de Muti cuando dirige, por ejemplo, a Verdi o a Beethoven.

Hay dos tipos de directores. Los que, como Leonard Bernstein, se adelantan con su gesto a lo que va a ocurrir: avisan en cierto modo a los músicos de lo que les espera poco después. Y luego están los directores como Muti, cuyo gesto actúa al instante y requiere de los músicos una reactividad inmediata. No tienes tiempo para prepararte, para pensártelo; tienes que responder instantáneamente. Así es como Muti controla a la orquesta, como la mantiene pendiente de su batuta, sin pausa, y esto crea una electricidad palpable, una tensión y una energía constantes. Pero sólo lo consigues cuando tu gesto tiene contundencia, esencialidad, y no se pierde en trayectorias secundarias o redundantes.

Así ocurre también al final del vídeo, cuando con un mismo gesto, un simple balanceo de la muñeca (1’57”), Muti muestra cómo se puede marcar por un lado el tiempo fuerte y, por otro, el contratiempo de trompas y trompetas. “De este modo –le dice a la alumna– obligas también a aquellos señores a ir a tiempo”, e indica a los cantantes. Y por si no ha quedado claro, se ratifica: “Les tienes que obligar”.

(foto: Silvia Lelli)