Scherzo | OPINIÓN / El caso de César Franck, por Blas Matamoro

El caso de César Franck

El caso de César Franck

Estos apuntes son un modesto aporte al recuerdo del bicentenario de César Franck, nacido en 1822. Sólo subrayo dos cosas. La primera es lo que podríamos llamar su decisión olímpica de componer una sola obra en cada género formal y concederle el listón de capolavoro. Soslayo su única ópera, prescindible en su catálogo. Enumero: una sinfonía, una sonata, un quinteto con piano, un cuarteto de cuerdas, un concertante de piano que equivale a un concierto (las Variaciones sinfónicas), un oratorio piadoso (Las beatitudes) y un oratorio laico (Redención). En todas ellas actúa este belga aquerenciado en Francia y que, como de costumbre, de sana costumbre, los franceses consideran propio.

En efecto, la música de Franck define lo francés fuera del tópico de lo francés. Es instrumental, tanto de cámara como sinfónica, incluyendo las voces oratoriales, y no centralmente teatral, como ocurría en la Francia de su tiempo. En esto, desde luego, anticipa al impresionismo. En otro sentido, el estrictamente retórico, Franck puede considerarse un introductor del germanismo en Francia, pero logrando ponerlo al servicio de una sensibilidad latina y una estrictez elocuente aunque desprovista de énfasis y de catalogación filosófica.

El segundo aporte se refiere a la estructura. Si se piensa en la sinfonía clásica y su antepasado la sonata, cabe una lectura literaria – con todas las cautelas que imponer verbalizar la música – que remite a una construcción que puede alegorizar la vida humana, las cuatro edades convencionales, eventualmente contraídas a tres. Los temas caracterizan cada movimiento/cada edad, de manera que no se repiten. En Franck, en cambio, se acumulan y repiten a lo largo de la obra, de manera reminiscente. A la historia humana se le añade la memoria, la rememoración. No se abandonan las temáticas de cada época, se retienen y reaparecen. Lo hace Liszt en su gran sonata y, de modo ocasional, Tchaikovski en su Sinfonía patética. Y, en el paralelo mundo de la novela, Marcel Proust, un admirador de la música de Franck. Su magna construcción novelesca combina la narración lineal del tiempo itinerante con una suerte de contratiempo que lo agrieta y lo fragmenta: la memoria.

En cualquier variante, sea que vayamos de la música a la letra y de la letra a la música, estamos al lado de la obra franckiana. En esta dualidad se la puede ver como una respuesta al wagnerismo y su doble carácter de música nacional alemana y propuesta universal de una redención histórica de la humanidad. En Franck lo trascendente no es un a priori filosófico sino un resultado eventual de su música. Trasciende en ti, lector o lectora, como trasciende en mí, que he intentado contribuir fugazmente a la rememoración dos veces centenaria de César Franck.

Blas Matamoro