DRESDE / Angela Denoke debuta como directora de escena en la Semperoper con ‘Un ballo in maschera’

Dresde. Semperoper. 4 de octubre de 2026. Francesco Meli, Nicole Car, Germán Enrique Alcántara, Rosalia Cid, Yulia Matochkina y David Roy. Dirección musical: Daniele Gatti. Dirección escénica: Angela Denoke. Verdi: Un ballo in maschera.
Angela Denoke plantea Un ballo in maschera en la Semperoper como un ejercicio de teatro dentro del teatro. Se trata del debut como directora de escena en el coliseo sajón de la soprano que se hizo célebre, sobre todo, por sus interpretaciones de Salome y de Marie en Wozzeck. Para la escenografía y el vestuario ha contado con el dúo formado por Timo Dentler y Okarina Peter.
Sobre el escenario giratorio se alza una plataforma circular, elevada sobre unos escalones, que recuerda a un teatro de variedades o a una pista de circo. Unas pequeñas luces la iluminan por arriba y por abajo, y un telón rojo la cierra. A ambos lados se sientan en unas sillas unos espectadores con extrañas cabezas de pez, que dan a la representación un aire surrealista. Estos hombres pez actúan durante toda la función como figurantes: cierran y abren los telones, traen y se llevan sillas, sirven bebidas a los protagonistas y, sobre todo, forman el séquito de Ulrica. La adivina ocupa un lugar central en esta puesta en escena. Vestida con un reluciente traje de pantalón, está presente desde el principio, incluso en las escenas en las que habitualmente no interviene: el primer cuadro, junto al gobernador Riccardo; la colina de las horcas, con Amelia; y, al final, el baile de máscaras, donde abandona la escena junto al asesinado Riccardo.

El decorado único, completado por tres paredes con columnas de un dorado mate y pinturas murales de acusada pátina, sustituidas más adelante por planchas de metal martillado, resulta visualmente atractivo, pero no guarda relación con los distintos lugares de la acción. Así, el encuentro entre Riccardo y Amelia en la colina de las horcas no provoca ningún escalofrío, pues tiene lugar en un elegante interior. Peor aún es la falta de habilidad de Denoke para dirigir a los personajes: sitúa a los amantes junto a las candilejas, sin establecer vínculo alguno entre ellos. Al menos Francesco Meli, como Riccardo, y Nicole Car, como Amelia, consiguieron dar vida con sus voces a las emociones de la pareja.
La voz del tenor adquiere un timbre metálico en el forte, pero en los pasajes líricos ofreció delicados matices, como en la barcarola, cantada con gran variedad expresiva. Por desgracia, exageró el énfasis en su última aria, llegando al límite de sus posibilidades vocales en la jubilosa sección final, «Sì, rivederti, Amelia». La soprano australiana mostró a veces cierta inestabilidad en el registro agudo, pero en la gran aria «Ma dall’arido stelo divulsa» su voz fluyó con belleza, dibujando frases luminosas. También convenció por la íntima expresividad de «Morrò, ma prima in grazia».

El barítono argentino Germán Enrique Alcántara, que debutaba en el teatro como Renato, dejó una impresión desigual. Su voz posee un enorme potencial en el forte, que el cantante aprovecha con eficacia, pero pierde claramente sonoridad en el piano. Yulia Matochkina encarnó a una Ulrica de imponente presencia, con una espléndida voz de contralto cuyos graves evocan la sonoridad de un órgano. Rosalia Cid ofreció el contraste de un Oscar de ágiles y vivaces coloraturas y agudos centelleantes. También merece mención la breve intervención del marinero Silvano ante Ulrica, en la que el joven David Roy reveló unas cualidades vocales considerables.
El trabajo de Denoke con el Coro de la Ópera Estatal de Dresde, que, preparado por Jan Hoffmann, cantó con gran riqueza de matices y espléndida sonoridad, resultó igualmente poco logrado. A sus integrantes, que entran y salen de escena sobre la plataforma giratoria, les impone unos movimientos uniformes que rozan el ridículo. Al frente de la Staatskapelle de Dresde, que tocó de manera exquisita, estaba su director musical, Daniele Gatti. Tras haber dirigido hace un año Falstaff, confirma ahora de manera contundente con Un ballo in maschera su afinidad con Verdi. Los contrastes entre las escenas de atmósfera sombría, los episodios de aire francés en torno a Oscar, la majestuosa pompa de la grand opéra y la pasión del drama musical italiano estuvieron trazados de forma fascinante. En el estreno del 4 de octubre de 2026, el público aplaudió con entusiasmo a todos los intérpretes, mientras que la aparición del equipo de dirección escénica generó una evidente división de opiniones.
Bernd Hoppe


