Dmytro Choni: “Hay que conseguir que la gente crezca junto a la música clásica”

Dmytro Choni: “Hay que conseguir que la gente crezca junto a la música clásica”

En 2018, el Festival internacional de piano Paloma O’Shea proclamaba a Dmytro Choni vencedor de una de las finales más ajustadas en los últimos tiempos, en palabras de Achucarro. El joven pianista ucraniano, con apariencia tímida, pero interpretativamente voraz, se enfrenta a un año repleto de conciertos en España. Desde haber interpretado junto a la orquesta de RTVE esta semana el Concierto nº 1 de Chaikovski, hasta debutar en el Formentor Sunset Classics. Conversamos con él en la presentación de este último festival en el que el pianista ucraniano ofrecerá el 26 de julio un concierto en torno a la música de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Con tan solo 25 años ha ganado gran parte de los concursos más prestigiosos del mundo del piano: el reciente de Santander Paloma O’Shea, el Ferruccio Busoni International o el Vladimir Horowitz en 2017. ¿Cuál es el siguiente paso?

Hace dos semanas grabé mi primer disco aquí, en Madrid, en la Escuela de Música Reina Sofía. Se publicará en el sello de Naxos. Mientras tanto, estoy preparando diferentes programas tanto a solo como con orquesta, sobre todo de música alemana. Digamos que mi agenda en los próximos meses está bien repleta.

¿Qué encontraremos en su primera grabación discográfica?

Es una grabación centrada en un repertorio en que he estado trabajando en los últimos años: compositores del siglo XX, como Prokofiev, Debussy, Ginastera o Ligeti. El disco ha sido posible gracias al Concurso de Piano Paloma O’Shea.

El pianista durante su periodo de profesionalización va de concurso en concurso, probando destrezas y compitiendo con otros pianistas de todo el mundo. ¿Cómo sabe uno que la etapa de hacer concursos ha terminado?

Cada uno es diferente. Para mí, ese momento ya ha llegado. Tras ganar el concurso de Santander, me di cuenta de que ya era hora de centrarse en una carrera profesional. Generalmente, vas a concursos para disfrutar de la música y conseguir transmitir al público aquello que sientes. Aun así, creo que es algo que se puede combinar y mientras desarrollas tu carrera profesional, puedes seguir haciendo concursos. Compites para mejorar y los concursos ayudan a retarte y a conseguir más experiencia. En lo personal, ahora mismo me encuentro en una etapa en la que estoy entusiasmado con todos los proyectos que están saliendo, y me voy a centrar en ellos para dar la mejor versión de mí.

La final del Concurso de piano Paloma O’Shea 2018 fue algo peculiar. En la final, tres participantes escogieron el Concierto nº 3 para piano y orquesta de Prokofiev. ¿Qué le aporta este concierto para que decidiese llevarlo a la final?

Prokofiev es un compositor por el que siento una cercanía especial. De sus cinco conciertos para piano y orquesta, ya había tocado el Segundo, el Tercero y el Quinto. Todos ellos rebosan de belleza. El Tercer concierto tiene esa genialidad que crea Prokofiev mediante la continua conversación entre solista y orquesta que, en muchas ocasiones, es algo mágico, creando un equilibrio maravilloso entre ambos. Es una obra maestra que solo tocarla me produce una felicidad tremenda. También hay que destacar que es una pieza muy efectista para este tipo de competiciones y creo que fue una buena elección.

Mientras va de concurso en concurso, también está finalizando su Grado Superior en el Conservatorio de Graz. ¿Cómo consigue combinar los estudios con todos los concursos y conciertos?

No es algo sencillo, pero tampoco complicado. Muchas veces la solución está en coger vuelos a horas intempestivas para conseguir llegar a las clases a tiempo. A veces no llego, pero normalmente consigo combinarlo todo a la perfección.

¿Desde el conservatorio hay cierta comprensión al respecto?

No en exceso. No hay mucha libertad en los horarios de las clases, aunque siempre se hace alguna excepción para cambiar alguna clase. Creo que hasta ahor, lo estoy haciendo bastante bien para obtener buenos resultados en el conservatorio y en los concursos.

Debuta este año en el Formentor Sunset Classics de Barceló Hotels, compartiendo escenario con artistas de renombre como Maria Joao Pires o Gustavo Dudamel. ¿Cómo se siente frente a este debut?

Para mí es un gran honor poder participar en el Formentor Sunset Classics y hacerlo junto a intérpretes de esa categoría. Es un sueño. Espero poder escuchar sus conciertos en directo, aunque no me podré quedar todo el festival en Formentor, pues tengo conciertos durante el verano. Desde luego, intentaré ir a escuchar a Pires y  Dudamel.

¿Qué pianistas, tanto de la vieja escuela cómo actuales, consideraría como referentes?

Lo cierto es que no sigo un modelo fijo de pianista. Me dejo guiar por diferentes influencias que sintonizan conmigo según qué momentos. Mis profesores han influido bastante en esta cuestión. Me gusta ver la evolución de determinados pianistas y cómo han ido cambiando en determinados momentos de sus vidas. Me gustan mucho Vladimir Sofronitski y Sviatoslav Richter, de la vieja escuela. De los actuales, admiro mucho a Daniil Trifonov, András Schiff o Daniel Barenboim. No tengo un ídolo, pero sí que me gusta dejarme llevar por diferentes pianistas de diferentes estilos.

Parece que en el mundo del piano, a día de hoy, encontramos dos corrientes entre pianistas que se han volcado al mundo de las redes sociales y otros que permaneces ajenos a toda esta tecnología. ¿En cuál de estos dos grupos le encontraríamos?

A día de hoy, diría que me encuentro exactamente en el medio. Las redes sociales son importantes, pues es la manera de comunicar y difundir tu trabajo al resto del mundo de una forma clara y directa. No las critico, ya que permiten conocer el trabajo de muchos músicos de todo el mundo y facilitar que estos conozcan el tuyo e, incluso, sepan dónde tocas, por si vas a tocar cerca de donde ellos viven. Yo no tengo tiempo para las redes sociales y estoy seguro que las grandes estrellas del piano tendrán equipos enteros que les realizarán este trabajo.

¿Hay algún periodo o compositor del que sienta cierto miedo o preferencia?

Es algo que nunca he pensado. La verdad es que hay determinados periodos, como son el romántico o el siglo XX, con los que me siento más fuerte, más pleno y que acaban produciendo una sintonía especial en mí: Schumann, Liszt, Scriabin…

¿Y compositores españoles, como Albéniz, Granados o Falla?

Sí, toqué El puerto de Albéniz en la Competición de piano Paloma O’Shea. Me gustan algunas de Granados y en septiembre interpretaré el Concierto para piano de Pedro Blanco en el Festival de León. Estoy ahora mismo trabajando para consolidar un repertorio de autores españoles.

Cómo joven intérprete, ¿qué opina del envejecimiento del público en la música clásica?

Es un problema global muy difícil y del que todos tenemos que poner de nuestra parte. Desde la educación hay que conseguir que la gente crezca junto a la música clásica para que la sientan como algo cercano. En algunos sitios sí que empiezo a ver cada vez más gente joven, así que no creo que debamos perder la esperanza. Los intérpretes tenemos que ser partícipes de esta difusión, demostrar que la música clásica es un disfrute, que no es algo aburrido o de lo que se tenga que tener miedo.

Si tuviera que grabar la obra integral para piano de un compositor, ¿a quién elegiría?

Posiblemente elegiría a Beethoven o Schumann. No podría decantarme por uno de ellos. Ambos tienen muchísimo repertorio para pianos y me pasaría años estudiándolo para poder grabarlo. Los dos tienen piezas tan diferentes, pero a la vez tan llenas y completas en contenido. Aun así, creo que entre los dos escogería a Beethoven, ya que es de esos compositores que tienen tanto que contarte que podría estar toda una vida interpretándolo y estudiándolo.