Dmitri Bashkirov: gloria en las estrellas

Dmitri Bashkirov: gloria en las estrellas

Madrid llora, con su tenue, luminosa y agradecida lluvia, la desaparición de una de las leyendas del mundo del piano, el gran Dmitri Bashkirov.

Desde Beethoven, la tradición más excelsa del piano moderno ha sido transmitida, como si de sabidurías mágicas se tratasen, de maestro a alumno. Así, la transmisión de esta alquimia pianística de primer nivel que pasó de manera directa de Beethoven a Czerny, su alumno predilecto, se la transmitió Czerny a su vez a su alumno Franz Liszt. Considerado como “el Páter”, el virtuosísimo Liszt fue un muy fecundo y carismático profesor y, al contrario que Chopin, creó una gran escuela pianística. Era el profesor ‘de moda’. El temido y respetadísimo Franz Liszt. Todo el mundo conocía a Liszt. Y así uno de sus mejores alumnos Alexander Siloti, continuando esta familia directa, se convertía después en el profesor del futuro gran pianista y pedagogo ruso Alexander Goldenweiser. Y de Goldenweiser llegamos a Dmitri Bashkirov, su alumno. Tradición directa, que cierra, quizá, con su desaparición este domingo por la tarde en Madrid, esa gran época de la historia del piano denominada ‘la Edad de Oro’.

Qué decir de Bashkirov como intérprete que no se haya dicho ya de semejante artista y gran virtuoso; muy versátil, poseedor de un sonido mágico muy personal, aéreo, limpio, lírico, único, cristalino. Este increíble sonido unido a su eléctrico e hipersensible temperamento, su magnetismo personal y su sabiduría musical, siempre colorista, convertía cada una de sus interpretaciones en un viaje cautivador. Un pianista conocedor al extremo de cada estilo, un maestro de su instrumento, un artista musical y muy personal, posiblemente el último portador de ese admirado ‘perfume del pasado’.

Poliédrico Bashkirov, de personalidad extrovertida, fascinante, gran contador de historias, divertido, sarcástico, ángel y demonio, imprevisible, cambiante, siempre original… todo era posible en él y a su lado. Nunca ha dejado indiferente a nadie.

Como profesor, con fama de ser, si no el mejor del mundo, sí uno de los mejores, ha sido un artista entregado. Grande es la cantera de sus alumnos conocidos internacionalmente. Gran parte de ella, ha sido fraguada entre el Conservatorio Chaikovski de Moscú y en la Escuela Superior de música Reina Sofía de Madrid.

En 1991, Paloma O’Shea, decidía crear ‘La Escuela’. Así la conocemos todos los que hemos tenido el privilegio de estudiar en ella. Una escuela, la de Paloma O’Shea, portadora del nombre y del cariño activo de la reina emérita Doña Sofía, con los mejores profesores del mundo de cada especialidad. Excelencia que iba a cambiar el horizonte de las mejores escuelas mundiales y, por supuesto, la vida y la educación musical en nuestro país. Allí uno de sus profesores fundadores, Dmitri Bashkirov, ha ejercido su magisterio hasta hace pocos días. Es en ‘La Escuela’, querido profesor, donde te conocí con quince años.

Luis Fernando Pérez, autor de este artículo, junto a Dmitri Bashkirov.

Si en algo coincidimos la mayoría de sus alumnos es en que conocerle nos ha cambiado la vida. Pocas veces se reúnen en un profesor tantas cualidades formando, como su personalidad, otro poliedro perfecto.  Trabajador incansable, sus intensísimas clases nunca dejaban indiferente. Preciosista, estilista, devoto del mensaje del compositor pero también de una libertad artística personal… Conocedor de todos los secretos del instrumento, de cada obra, de cada esquina. Y del secreto, también, del arte mas supremo. Paciente, impaciente, ¡imposible! Cariñoso, consejero, intransigente… Gran psicólogo, cualquier cosa que ocurría en clase era parte de su intento por abrir y sacar de cada uno de nosotros nuestro máximo. Nadie dijo que el camino fuese fácil. Nunca había un minuto que perder. Un gran artista en activo conocedor lógico y transmisor de los secretos del arte del directo y del escenario. Y cada una de ellas, cada clase, cada minuto a su lado, nos ha cambiado la vida. Tal ha sido su compromiso docente que él mismo decía últimamente de sí mismo: “Si estoy dos meses sin dar clases, seguramente moriría”.

Generosidad y entrega. Hoy te lloramos maestro Bashkirov. A las pocas horas de tu abandono, de Perú a Moscú, de Nueva York a Tokyo, el mundo entero estaba ya conmocionado por tu ausencia. No existe mejor legado. La enorme consideración y admiración del mundo que se rinde a tus pies, querido maestro. Lloramos tu ausencia, conscientes de la gran pérdida que supone que no estés entre nosotros, legendario Bashkirov. Y nuestros ojos brillan de agradecimiento por cada enseñanza, por cada momento. Como Liszt, querido maestro, has cambiado la vida de muchas personas. No hay acto mas generoso que el de intentar dotar siempre a tus alumnos, de manera incansable, de las armas necesarias para tratar de hacerlos tocar las estrellas.

Las mismas estrellas que te esperan hoy bien altas y orgullosas y te acogen con gloria entre los ilustres, querido gran artista, querido profesor, querido amigo.

Gracias por tanto.

(Luis Fernando Pérez es pianista, exalumno de Dmitri Bashkirov)

(Foto: Kirill Bashkirov)