Descubierta en los archivos de la Filmoteca Nacional una partitura de Stravinsky para la película ‘Raza’, de José Luis Sáenz de Heredia

Se trataba de un rumor que había circulado durante décadas por los mentideros cinematográficos españoles, pero que hasta hoy no había podido confirmarse plenamente. Igor Stravinsky, genio inmarcesible e indiscutible de la música del siglo XX, escribió una partitura para Raza, la película dirigida en 1941 por José Luis Sáenz de Heredia y considerada como uno de los estandartes cinematográficos del franquismo (el guion, como es sabido, desarrolla una idea de Jaime de Andrade, pseudónimo bajo el cual se ocultaba el propio Francisco Franco).
La sorprendente revelación es fruto del reciente hallazgo de unos documentos sepultados hasta hoy en los inmensos archivos de la Filmoteca Española. Se trata de dos folios de papel pautado que contienen las ideas principales para la música de acompañamiento del filme, escritos a mano por el compositor ruso, quien añade además algunos detalles sobre la instrumentación, así como tres cartas escritas por Stravinsky a Sáenz de Heredia, fechadas en los últimos meses de 1939, en las que el autor de Petrouchka aborda fundamentalmente cuestiones financieras. Es imposible conocer las razones por las que Sáenz de Heredia pensó en Stravinsky -considerado por entonces como un icono de la música de vanguardia- para una película de contenido eminentemente patriótico (las cartas que el cineasta escribió a Stravinsky se han perdido o fueron destruidas por el compositor) ni tampoco en qué términos habló de la película, si bien es de suponer que Stravinsky era consciente de la finalidad de la misma.
Stravinsky nunca ocultó su hostilidad hacia la música de cine; sin embargo, en su primera carta se muestra interesado en la propuesta y pide más datos acerca del encargo. La razón de este interés pudo estribar en la difícil situación económica por la que atravesaba el compositor, entonces residente en Francia. Sus obras eran por entonces objeto de feroces ataques por parte de la crítica francesa y las tensiones internacionales generaban un clima de creciente incertidumbre. Tampoco hay que descartar sus notorias simpatías por los regímenes fascistas (en 1930 había declarado que “no hay nadie que venere a Mussolini más que yo”).
Lo cierto es que, tras esta primera contestación positiva, el entusiasmo del compositor parece enfriarse ya en la segunda carta, donde Stravinsky pregunta de forma más explícita sobre la retribución del encargo. Sáenz de Heredia debió de responder a las peticiones del músico de manera evasiva, postergando la cuestión a un segundo momento. La falta de garantías sobre el compenso se solapa entonces con la marcha del músico a Estados Unidos en septiembre de 1939. Desde allí Stravinsky envía su tercera y última misiva, en la que sigue dejando abierta la puerta a una posible colaboración, pero ya limitada a la composición del tema principal de la película, esgrimiendo la necesidad de aclimatarse al nuevo ambiente americano y la obligación de atender a compromisos urgentes como motivo para no involucrarse más en la realización.
Desconocemos si hubo respuesta por parte de Sáenz de Heredia y si se produjeron sucesivos envíos. Lo cierto es que, por las razones que fueran (y no cabe descartar la propia intervención del Caudillo, poco afecto a los vanguardismos, musicales o de cualquier otro tipo) la colaboración no llegó a fructificar, y la banda sonora de Raza fue encargada finalmente al compositor salmantino Manuel Parada. Hasta aquí llega la revelación del Archivo de la Filmoteca Española sobre la relación de Stravinsky con la película Raza, un tema que finalmente no prosperó pero que el compositor tuvo muy buen cuidado de ocultar ante la posteridad.


