Debut discográfico del violinista Randall Goosby

Debut discográfico del violinista Randall Goosby

RANDALL GOOSBY: Roots (Obras para violín y piano de Dubois Foley, Gershwin, Perkinson, Grant Still, Dvorák) / Randall Goosby, violín. Zhu Wang, piano. / Decca

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El verano es un momento ideal para dar a conocer a un nuevo artista, una época en la que los grandes nombres están de gira y el flujo de lanzamientos de las discográficas se ralentiza. Randall Goosby, de 25 años, es el nuevo violinista de Decca.

De padre afroamericano y madre coreana, Goosby ha sido preparado profesionalmente por Itzhak Perlman y la Juilliard School, y recientemente se ha incorporado a una de las grandes agencias internacionales de artistas, con sedes en Londres y Nueva York. Posee, además, buenas dotes de comunicación pública. ¿Qué podría salir mal?

En una primera impresión -este es su álbum de debut- Goosby tiene la técnica necesaria y exhibe un tipo de fraseo amplio que le permite proyectar una juvenil despreocupación . Su sonido es limpio como un bisturí y hay una verdadera sensación de gozo en su forma de tocar y en lo que quiere transmitir. La forma en que convierte un Guarneri del Gesù de 1735 en un violín de pueblo en obras de carácter bluesy de Xavier Dubois Foley y Coleridge-Taylor Perkinson es la prueba de que estamos ante un músico nato que se siente orgánicamente a gusto con cualquier instrumento que toque.

El problema del disco es el programa, concretamente en lo que se refiere al gusto y la selección. Todas las obras, salvo dos, son de compositores afroamericanos y, aunque siempre merece la pena escuchar a Wlliam Grant Still, y de vez en cuando a Florence Price, la homogeneidad puede llegar a ser cansina.

Los grandes éxitos de Jascha Heifetz extraídos de Porgy and Bess no contribuyen a variar el estado de ánimo, y la sonatina americana de Dvorak (opus 100) es música country en todo salvo en el nombre. El oyente se siente defraudado. Culpo de ello al productor David Frost, quien atesora un buen montón de Grammys, por no haber variado más, ni haber insistido en la necesidad de un pianista acompañante de mayor carácter y audacia que el desesperadamente inexperto Zhu Wang.

Se trata, en resumidas cuentas, de un cóctel de canapés precocinados. Goosby tendrá que hacerlo mejor la próxima vez. Cuando le oigamos en una sonata de Brahms, o en una de Ives, podremos valorar justamente lo que este violinista es y, sobre todo, lo que puede llegar a ser.