David García, director de la Filarmónica de Bogotá: “Una capital puede nutrirse de su talento local y dialogar con el mundo desde la excelencia artística”

Bogotá da un paso firme en la escena musical internacional con la creación del Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá, una iniciativa de profundo alcance educativo que busca posicionar a la capital como referente de la música clásica en América Latina. Impulsado por la Alcaldía Mayor, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el certamen está dirigido a jóvenes violinistas de todo el mundo y se integra activamente con los programas formativos de la ciudad. David García, director general de la Filarmónica, comparte en esta entrevista la visión detrás del concurso y el impacto que busca generar en el ecosistema musical local e internacional.
¿Qué motivó la creación del Concurso Internacional de Violín de la Orquesta Filarmónica de Bogotá?
La creación del Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá fue impulsada por la visión del actual secretario de cultura del Distrito Capital, Santiago Trujillo, quien, además de su trayectoria como violinista, ha promovido activamente el fortalecimiento del ecosistema musical de la ciudad. Este certamen nace del interés del sector por resaltar la importancia del violín como instrumento fundamental dentro de las orquestas sinfónicas, no solo por su protagonismo técnico y expresivo, sino también por su vasto repertorio y su capacidad de conectar con el público. El concurso busca visibilizar a intérpretes emergentes, enriquecer la oferta cultural de la ciudad y consolidar a Bogotá como un referente internacional en la formación y proyección de jóvenes talentos musicales.
¿Qué lugar ocupa este concurso dentro de la estrategia educativa y artística de la Filarmónica?
A diferencia de muchos concursos internacionales que operan al margen de los procesos educativos locales, el Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá ha sido diseñado como una pieza clave dentro de la estrategia educativa y artística. Este concurso no solo busca visibilizar y proyectar a jóvenes violinistas con vocación solista y proyección internacional, sino que también se integra de forma activa con el Programa de Formación Musical de la Filarmónica, que alcanza a alrededor de 30.000 niñas, niños y adolescentes cada año. Al conectar la más alta exigencia artística con los procesos pedagógicos, el concurso actúa como una fuente de inspiración directa para nuestros estudiantes. Les permite acercarse al repertorio profesional, conocer referentes internacionales y visualizarse, a futuro, como participantes en escenarios de este nivel. Asimismo, fortalece el posicionamiento cultural de Bogotá al mostrar cómo una capital puede nutrirse de su talento local y, al mismo tiempo, dialogar con el mundo desde la excelencia artística.
¿Qué lo distingue de otros certámenes internacionales de violín?
Cada concurso se distingue por su orientación o vocación particular; algunos se enfocan, por ejemplo, en la obra de un compositor específico: Paganini, Sibelius, Chaikovski, solo por mencionar algunos de los certámenes más emblemáticos. Un concurso internacional de música “clásica” —o “académica”, como se le denomina cada vez más— representa en sí mismo una propuesta singular incluso en el primer mundo, de donde históricamente provienen tanto el instrumento como su repertorio. En América Latina, además de ser una propuesta única, constituye un desafío de proporciones aún mayores.
¿Qué mensaje busca transmitir Bogotá como ciudad musical al lanzar una iniciativa de este nivel?
Bogotá se consolida, desde la música “clásica”, como una capital cultural de gran relevancia tanto en el contexto americano como a nivel mundial. Dar un paso adelante con iniciativas como el Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá representa no solo un avance, sino también un reflejo del crecimiento y la evolución de una tradición musical que llegó al continente americano con los conquistadores europeos, principalmente a través de la Iglesia Católica. Desde entonces —y como ha ocurrido en muchas otras partes del mundo, sin que Bogotá o Colombia sean la excepción— esta música se ha integrado progresivamente en la vida social y cultural, hasta alcanzar un nivel de desarrollo que hoy le permite a la ciudad participar de manera legítima y competitiva en las grandes ligas de los concursos internacionales.
¿Cómo dialoga este concurso con la labor formativa de los programas educativos de la Filarmónica de Bogotá?
La labor formativa de la Filarmónica de Bogotá tiene un fuerte contexto educativo y social. Sin detrimento de ello, desde el punto de vista artístico, asistir a un concurso internacional —aunque sea como público o audiencia— representa para estudiantes y melómanos una experiencia reveladora, que les abre los ojos a una dimensión insospechada y, eventualmente, puede sembrar en alguno de ellos la semilla de una futura vocación artística.
¿Qué impacto se espera que tenga en las nuevas generaciones de violinistas de Colombia y América Latina?
Ofrecemos la posibilidad de asistir al concurso, y el impacto que este pueda generar en los asistentes es, para nosotros, de máximo interés por las razones ya mencionadas. Se trata de consolidar el vínculo con la música en tres niveles: primero, en el público general como audiencia; segundo, en nuestros estudiantes vinculados a los diferentes programas de la Filarmónica de Bogotá, presentes en colegios públicos, localidades, hospitales y centros de formación musical; y finalmente, en una dimensión más íntima, en el interés musical puramente individual.
¿De qué manera se espera que esta iniciativa fortalezca la estructura pedagógica en las escuelas de música del país?
El Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá puede convertirse en una fuente de inspiración poderosa para jóvenes y talentosos estudiantes de música. Les permite conocer de primera mano los altos niveles artísticos que se alcanzan en distintas partes del mundo, incluida Latinoamérica, y ampliar así sus referentes musicales. Además, despierta el interés individual por la excelencia, lo cual puede traducirse en un mayor compromiso con la formación y el desarrollo técnico y expresivo. En este sentido, el concurso contribuye indirectamente al fortalecimiento de la estructura pedagógica en las escuelas de música, al estimular la aspiración artística y la proyección profesional desde edades tempranas.
Más allá del premio económico, ¿qué oportunidades de circulación, residencia o vinculación ofrece el concurso a sus ganadores?
El concurso, por sí mismo, contribuye a la creación de redes que promueven la circulación y proyección de sus participantes. Un aspecto especialmente valioso de nuestro concurso es la realización de clases magistrales dirigidas a estudiantes de nuestros programas de formación, así como de conservatorios y escuelas de música del país. A esto se suma un incentivo adicional: la entrega de instrumentos donados por la Fundación Ramírez Moreno al Concurso Internacional de Violín Ciudad de Bogotá, lo cual fortalece aún más el impacto formativo de esta iniciativa.
¿Qué alianzas interinstitucionales, tanto nacionales como internacionales, respaldan esta iniciativa?
El concurso es una iniciativa de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte del Distrito Capital, en colaboración con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, entidad adscrita al sector cultural. Además, contamos con el apoyo de importantes aliados como el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y la Asociación Nacional de Música Sinfónica, quienes hacen posible la realización de este concurso.
En un contexto político como el de Colombia, donde la cultura puede verse afectada por fenómenos como la corrupción o los favores políticos, ¿cómo se garantiza la transparencia, el mérito artístico y la independencia institucional en la implementación de un concurso de esta magnitud?
Los protocolos y criterios de selección y calificación para avanzar de una ronda a otra en el concurso están claramente establecidos. Estos criterios están normados y son seguidos estrictamente por el jurado internacional invitado, garantizando así la transparencia, el mérito artístico y la independencia en todo el proceso.
¿Cuál es la visión a largo plazo del Concurso Internacional de Violín?
Nuestro objetivo es asegurar que la primera edición sea de gran calidad, lo cual nos permitirá darle continuidad en el futuro. Aspiramos a que el concurso se convierta en una política de la ciudad y en uno de los certámenes más importantes de América Latina en el ámbito internacional.
¿Qué tipo de legado espera dejar esta iniciativa en el ecosistema musical y educativo de Bogotá?
Esperamos, como mencioné al principio, que el concurso sirva para estimular a los niños, niñas y jóvenes de los programas de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en colegios y localidades; pero también esperamos que contribuya al ecosistema internacional del país y del continente. Con ello, aspiramos a posicionar a Bogotá como un epicentro cultural y un punto de encuentro para violinistas de todo el mundo.
¿Qué mensaje les daría a los jóvenes violinistas que están comenzando su formación en Iberoamérica y sueñan con pisar escenarios internacionales?
El mensaje, en nombre de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, es que estudien violín y música pero, sobre todo, que disfruten del proceso. No solo por la belleza de la práctica musical, sino también porque, sin duda, se ha convertido en una valiosa opción de vida y una vía de movilidad social, ya que la excelencia y la calidad dan mayores oportunidades.
(foto: Kike Barona)


