David Afkham: “Hacer música es una forma de celebrar la vida y ofrecer esperanza”

David Afkham: “Hacer música es una forma de celebrar la vida y ofrecer esperanza”

Hace ya cinco años desde que David Afkham (Friburgo, 1983) se convirtiera en titular de la OCNE, y apenas uno, salpicado de tantos acontecimientos como los vividos en la primavera de este 2020, desde que, además de director principal, asumiera la dirección artística de la orquesta tras una reorganización en la que Félix Palomero se convirtió en el nuevo director técnico de la formación. Afkham, aún no en los cuarenta, es un conversador que impregna constantemente a sus respuestas con un ingrediente pensador que asoma siempre bien madurado, y planteado con lógica y determinación. La conversación tiene lugar en inglés (aunque el español de Afkham mejora por días y salpica las respuestas aquí y allá), en el salón de tapices del Auditorio Nacional, con entrevistador y entrevistado portando mascarillas de alto nivel de protección, a algo más de dos metros de distancia, con la grabadora en un punto medio entre ambos y con el entrevistador rezando a los dioses para que se capte con fidelidad el diálogo, pese a la distancia y al filtro de la mascarilla.

Antes de entrar en los tiempos difíciles que vivimos, ¿cuál es su balance de estos años al frente de la OCNE y, sobre todo, qué diferencias aprecia entre su anterior posición como director titular y la actual, que incluye también la dirección artística?

Hay por supuesto diferencias importantes. En primer término, porque ahora soy responsable de todos los programas, no sólo de los que yo dirijo como director principal. Esto es estupendo, porque te permite crear y desarrollar tu visión de manera completa, global, de forma orgánica. En las semanas en que no estás aquí, sabes que la línea que marca el proyecto sigue su curso…

Una suerte de estrategia…

¡Sí, exacto! Como director artístico, debes tener una estrategia. Y también, y aquí está la segunda gran diferencia que aprecio, debes mantener una colaboración más estrecha con tus músicos, el coro y la orquesta, y también con el equipo de administración. Tengo reuniones periódicas con todos ellos, no sólo sobre temas puramente musicales, sino también sobre asuntos estructurales. Todos estos elementos forman parte de un proceso, y afrontarlo de esta manera hace que todo sea más fácil de entender, asegurando siempre que todo camina en la misma dirección. Tener esta posibilidad es estupendo, y me siento realmente muy motivado por esta nueva posición y por ver cómo se materializa la idea, en esta nueva temporada, de los distintos ciclos que hemos diseñado…

Una especie de subciclos dentro del principal…

¡Sí!, Además, creo que, en nuestros días, la idea de ser cada vez más flexibles para traer distintas reflexiones sobre lo que nos preocupa como seres humanos, no que nos afecta como sociedad, es algo que está mucho mejor representado si tienes varios ciclos que solo con uno. Y para el futuro será también muy interesante. Además, por supuesto, la creación de ciclos nuevos como Reconozcamos los nombres y Focus Festival es algo que yo quería realmente hacer, y que es nuestra responsabilidad como institución pública: ofrecer a la generación más joven un espacio [utilizando esta palabra en español, y enfatizándola] donde encuentren buenas condiciones para su presentación, no solo un ensayo y un concierto y ya está. También la responsabilidad frente a los nuevos compositores, para estimular la reflexión sobre la historia y sobre las nuevas ideas.

En referencia a los difíciles tiempos que vivimos, mi primera pregunta sería ¿Cómo los ha vivido usted? Recuerdo a Barenboim diciendo hace unos días que se encerró con su piano y que lo ha vivido bastante bien, pero para un director “puro” (aunque usted sea pianista y violinista de formación), supongo que ha tenido que echar mucho de menos a la orquesta, que al final es su instrumento…

Siempre he sido consciente de que los directores no somos nada sin la orquesta. Pero este sentimiento ha sido ahora más evidente que nunca. Necesitamos hacer música, necesitamos compartir la energía y las ideas de hacer música en conjunto. Ha sido sin duda una época muy dura. De forma conjunta con el equipo de administración, hemos intentado en lo posible mantener un contacto estrecho con los músicos, mediante reuniones telemáticas, pensando en cómo adaptarnos a la llamada “nueva normalidad”, cambiando programas, trabajando también con la Comisión de la orquesta… ha sido muchísimo trabajo, y quiero expresar aquí mi profundo agradecimiento a los músicos de coro y orquesta, y al equipo de administración, porque ha sido un trabajo duro y extremadamente difícil. Y también debo agradecer su colaboración a todos los artistas invitados, directores y solistas, porque todos ellos entendieron que teníamos que adaptarnos a las nuevas condiciones sanitarias. Así que, para todos, coro, orquesta y artistas invitados, de corazón, mi mayor agradecimiento, porque su ayuda ha sido muy importante para mí. Este ha sido el lado muy emocional, el de echar de menos la música. Pero ahora hablemos de la reflexión. En momentos como estos empiezas a reflexionar, porque también tienes más tiempo. ¿Qué estoy, qué estamos haciendo? ¿Cuál es el propósito de lo que hacemos? ¿Estamos conectados con nuestra audiencia, nuestro público [de nuevo asoma el español] en la forma en que realmente queremos estarlo? ¿Cuál es nuestro mensaje? Tal vez estas reflexiones no se estén planteando… o al menos no con tanta frecuencia como debieran, cuando estás metido a fondo en la rutina diaria, semanal. Así que esto también ha tenido en cierto modo un lado positivo, el de poder salir por un tiempo de esa rutina y pararse a pensar sobre todas estas cuestiones.

¿Podría esto plantearse como que estos acontecimientos invitan a reflexionar sobre si queremos simplemente recobrar el estado anterior de las cosas, tal como estaban, o más bien aprovechar la oportunidad para introducir cambios significativos?

Creo que en cada cambio reside algo bello en cuanto a comenzar algo nuevo. Como dijo Hesse [primero lo dice en alemán, luego en inglés]: En cada comienzo hay magia. No quiero decir que yo lo haya pasado bien estos meses, de ninguna manera, pero sí es cierto que nos brindan la oportunidad de cambios. Ahora ya no podemos pensar en términos de obertura-concierto-pausa-sinfonía. Tenemos que pensar en nuevas formas [en español] de programar, en nuevas orquestaciones (porque ya no nos podemos permitir 16 primeros violines) … Hemos de aprovechar esa oportunidad para introducir cambios y pensar en nuevas ideas. La otra cosa que pienso que es importante es (se detiene unos segundos) … que también disfruté de pasar más tiempo con mi familia. He visto sufrir a muchas familias, y mis sentimientos están con ellas. Para mí, estar confinado fue una oportunidad de disfrutar de mi familia.

Puedo entenderle muy bien. Hablando de la temporada 20-21, el primer trimestre, también porque este es el año Beethoven, está muy centrado en el músico de Bonn, con repertorio de contingente limitado etc. A partir de enero parece haber una normalización de repertorio, con mayores plantillas orquestales. Pero ¿hay un plan B si la situación de la pandemia no permite esa normalización?

La idea de Beethoven en este primer trimestre siempre estuvo ahí, aunque es una pena [en español] que hayamos tenido que abandonar Fidelio. Es cierto que algunas combinaciones de programa han tenido que cambiar para adaptarlas a la plantilla reducida, pero indudablemente tuvimos suerte de que en estos meses hubiéramos planeado un ciclo Beethoven y no uno de Mahler. Cuando este avance de programación se diseñó, en abril-mayo, no sabíamos cómo iba a evolucionar la pandemia y lo que ello condiciona. Pensamos que tal vez a partir de enero podría permitirse cierto alivio. Ahora sabemos que las cosas no van tan rápido como hubiéramos deseado, y por supuesto tenemos un plan B, estamos trabajando en su desarrollo. Estamos en contacto continuo con los artistas, viendo cómo podemos mantener la idea básica de los ciclos, pero adaptando los programas a lo que las circunstancias sanitarias permitan. Eso exige una comunicación continua con todos los artistas implicados (de ahí el agradecimiento que antes manifesté), porque requiere una gran flexibilidad por parte de todos. Esa flexibilidad supone un gran gasto de energía, pero también es buena en tanto que evita descansar en rutinas.

En cuanto al futuro, más allá de la pandemia, ¿cuál es su visión acerca de la estrategia futura a seguir por la OCNE, en cuanto a cobertura de vacantes, giras?… Las giras, para mi sorpresa, se están convirtiendo en materia de controversia estos días, pero usted declaró en una entrevista hace tiempo que la OCNE debía salir más de gira…

Empezando por el proyecto para el futuro, a mí me gustaría insistir en la idea de ciclos diferentes, para afrontar desde nuestra perspectiva los retos que tenemos como sociedad, no solo la pandemia… el medio ambiente, Europa, inmigración, muchos temas importantes, sobre los que podemos reflexionar en ciclos diferentes. Aparte de los ciclos, otro tema importante es el de la Academia, llevar a cabo el trabajo pedagógico que necesitamos hacer. Esto requiere nueva energía y es una idea muy importante para mí. Antes hablamos de Fidelio, y me gustaría poder retomar la idea de hacer ópera en cuanto sea posible, me parece muy importante afrontar repertorio diferente, ayuda a abrir la mente, expandir el horizonte. También me parece relevante establecer una conexión entre la música de cámara en Satélites y los ciclos más grandes, tratarlos no como algo diferente, sino como algo que está interconectado. Otro asunto que me gustaría impulsar es el de ofrecer a través de la OCNE un espacio de reflexión, un espacio para que nos integremos mejor en la sociedad, con cursos o conferencias con ponentes invitados, asegurar una mayor participación del público… todo forma parte de una idea, como orquesta, de estar más conectados a la sociedad, devolverle una parte de lo que nos da. En cierto modo esto conecta también con el asunto de las giras. Creo que las giras son importantes, porque todo lo que entregas, vuelve. Cuando tocas en un sitio que no es el tuyo habitual, debes tener otro grado de concentración, adaptarte a la acústica, etc. Pero también muestras, entregas, tu tradición, tu energía. Es otro tipo de intercambio entre los músicos y un público diferente, un intercambio que “nos vuelve” y que, de nuevo, nos ayuda a reflexionar sobre nosotros…

Ustedes se enriquecen con lo que les llega de esos nuevos lugares y público diferente, y ese público obtiene nuevas perspectivas sonoras, nuevas aproximaciones más allá de las que escuchan a su orquesta local…

Absolutamente. Cada orquesta tiene su propia identidad y personalidad. Nosotros somos la OCNE, y tenemos nuestra identidad. En Francia, Estados Unidos, Alemania o Inglaterra encontrará otras identidades. Creo que es muy interesante poder escuchar esas diferentes identidades. Ahora bien, en cuanto a la controversia, entiendo que en el mundo actual no tiene sentido que una orquesta entera vuele a dar un solo concierto en Tokyo, por ejemplo, con todo lo que implica sobre la huella de carbono. Eso no quiere decir que no haya planes o que no tenga sentido una gira por el extranjero, pero hay que hacerlo de forma responsable, encontrar un equilibrio correcto. Por otra parte, como Orquesta y Coro Nacionales, el primer objetivo debe ser hacer giras dentro de España. Estoy muy contento de que en nuestro retorno hayamos empezado justamente actuando en Granada y Santander, y me encantará expandir eso en el futuro. El otro componente es el de que hacemos intercambios, de manera que no sólo la OCNE haga giras por España, sino que otras orquestas españolas nos visiten aquí. Pero el resumen es: estoy a favor de las giras siempre que se hagan de forma sana, con un equilibrio razonable, no a lo loco.

Hay otro lado controvertido de las giras. Gente como Norman Lebrecht considera que son un asunto puramente comercial y que por tanto deberían ser eliminadas…

Se lo que quiere decir. Y si piensas en términos de puro mercado, puedo entender su rechazo. Pero no conviene olvidar que hay orquestas que realmente viven de las giras, que apenas llevan a cabo pequeñas residencias y que sin las giras no podrían sobrevivir. Piense en la Mahler Chamber o la Chamber Orchestra of Europe… yo tendría mucho cuidado en una generalización negativa de las giras teniendo en cuenta sólo un aspecto o dos. Creo que, en términos generales, las giras aportan más que quitan. Piense en las giras de la Filarmónica de Berlín con Karajan por Japón… fueron una forma maravillosa de intercambio cultural… enriquecen mucho más que empobrecen. Siempre que se lleven a cabo con un equilibrio sano.

Volviendo a cuestiones relacionadas con las experiencias vividas en estos meses, en los que tantas cosas hemos tenido que adaptar. Un fenómeno que hemos vivido es el de la “explosión” del streaming. Dentro de la idea actual de la transformación digital, ¿hay planes en la OCNE para impulsar algún tipo de plataforma digital?

Esta es una idea que quiero poner en marcha desde hace tiempo. Porque no solo debemos ofrecer música a la audiencia que puede asistir a nuestros conciertos en vivo. Queremos llegar a más gente. En estos tiempos difíciles nos hemos dado cuenta de cuán importante es el streaming digital, así que estamos trabajando en ello…

Es una excelente noticia…

Sí, es una necesidad. Tenemos que hacerlo. Y tendrá también un impacto sobre nosotros. Yo estoy encantado, y muy agradecido, con la relación que tenemos con el público del Auditorio Nacional. Pero somos la Orquesta y Coro Nacionales de España, y tenemos la responsabilidad de llegar a todo el país…

Y es otra forma de hacerlo, además de las giras…

Absolutamente. Hay un aspecto sobre el streaming que es importante. Soy un poco crítico con algunas cosas que vimos sobre ello al principio de la pandemia. Todo el mundo se puso a hacer streaming desde sus casas, algunas veces hasta vestidos de aquella manera… (risas)… estoy haciendo una caricatura, pero lo que quiero ilustrar es que no podemos poner en riesgo la calidad, ni infravalorar lo que se ofrece. El streaming nunca será un sustituto de la experiencia del concierto en vivo, esa conexión especial que, aunque no siempre, se establece a menudo entre artista y público. Conexión que nos impacta, o nos enseña, o nos hace pensar. Y es importante también que, lo que se haga por streaming, se haga con calidad, no de cualquier manera, como a menudo vimos en algunos casos al principio de la pandemia.

Volviendo al futuro, pero más allá de la OCNE, este verano hubo una charla de Ivan Fischer para la Hans Eisler Hocschule en Berlín, sobre el futuro de las orquestas sinfónicas. Básicamente Fischer realizó una charla provocadora en la que planteaba que las orquestas debían experimentar una gran transformación si querían sobrevivir, y planteaba cuatro problemas básicos: el volumen, el repertorio, la falta de demanda de creatividad hacia los músicos de la orquesta, y la falta de interés de políticos y filántropos en continuar apoyándolas. ¿Cómo ve usted el futuro de las orquestas sinfónicas?

Este es un gran tema, y complejo. Lo primero que quiero decir es que nosotros, como músicos, tenemos una herencia fantástica, una extraordinaria tradición de repertorio, desde el renacimiento hasta nuestros días. Y tenemos la responsabilidad de compartirlo con la sociedad. Las grandes obras de arte tienen siempre un contenido que las hace intemporales, por eso son obras maestras. Siempre hay un componente social, filosófico, humanista, que hace de esa obra algo actual y vigente. Como decía Mahler, se trata de mantener vivo el fuego. Es nuestra responsabilidad mantener eso vivo en la actualidad. Por supuesto, entiendo a Ivan en cuanto a la necesidad de impulsar cambios, el concepto “clásico” de concierto, el número de ejecutantes, incluso el atuendo, el frac… tiene 200 años, es una pieza de museo. Si mantenemos ese tipo de formato como está, sin pensar más, entonces no veo un gran futuro, la verdad. Perderemos público y esto quedará como algo elitista, y eso no tiene sentido. Mire la sociedad: es toda una mezcla. Como institución pública, tenemos la responsabilidad de conectar con toda la sociedad, de transmitirle esa herencia formidable de la que hablé antes. Esto también significa ser más flexible, adaptarse más, a veces ser más radical en algunos programas, mantener un diálogo más abierto con los compositores para ofrecerles diferentes combinaciones instrumentales, no solo las sinfónicas. Los compositores actuales estarían encantados de ser más experimentales… Ser rígidos es muy peligroso. Reflexionar y adaptarse es muy importante.

Otra cuestión relacionada con el futuro de la OCNE es la relacionada con la cobertura de vacantes. ¿Cuáles son sus planes al respecto?

La pandemia lo paró todo. En marzo teníamos pensada una audición para un segundo concertino. Pero hubo que suspenderlo porque, entre otras cosas, muchos candidatos no podían viajar. Pero tenemos vacantes y por supuesto haremos audiciones para cubrirlas. Personalmente estoy peleando por cada plaza y hasta donde sé, el proceso de cubrirlas va a ir adelante, naturalmente bajo las condiciones sanitarias que nos dicten las autoridades. Tenemos que hacer música, es un símbolo de vida. Hacer música es una forma de celebrar la vida, de dar esperanza… Mi sueño ahora es justamente hacer música para celebrar la vida y ofrecer esperanza.

Y dar esperanza es tan necesario… en estos tiempos se mezclan incertidumbre y esperanza… y en la última ustedes tienen un papel muy importante.

Sí, y no es fácil… con las mascarillas, las distancias, los cambios de programa…

¿Cómo se ha adaptado la orquesta a tocar con distancia y con mascarilla?

Tenemos que adaptarnos. Es un proceso, pero estoy muy contento de que podamos hacer música juntos de nuevo, incluso en esta circunstancia. Vamos progresando. Hoy hemos tenido un ensayo fantástico con el coro, tan diseminado que el sonido llegaba como en Dolby Surround (risas), pero sonaba estupendamente. Estoy tremendamente orgulloso de cómo orquesta y coro, y también el equipo de administración, se están adaptando a estas nuevas circunstancias.

Una última pregunta más dirigida específicamente a usted. Estábamos esperando verle dirigir La pasajera de Weinberg y se tuvo que cancelar. ¿Hay planes de recuperarla?

Me encantaría. La cuestión es, igual que con Fidelio, conciliar agendas de todos los implicados. Esto se planificó hace dos o tres años. Ahora habría que encontrar la manera de hacerlo de nuevo dentro de un tiempo. Pero quiero ser positivo y pensar que lo haremos.