Cuentos reales e intemporales

Cuentos reales e intemporales

QUIJANO RUTINA: Cuentos Reales / Jotapunto Ed. Madrid, diciembre de 2020. 109 págs.

Sabroso, enjundioso a la vez que ligero, chispeante y ameno relato este, salido de las manos, por no decir de la memoria, la inspiración y el gracejo, bien aderezados por una cultura periodística de altos vuelos, del glorioso personaje que fuera Quijano Rutina, venido al mundo en Calzadilla de los Hermanillos (o Hermanillas), provincia de León y enseguida trasladado a Madrid con su familia. Con el tiempo fue un voraz degustador de aquellos manjares liricos que brotaron durante decenios de la boca del escenario del Teatro Real de Madrid a la vez que un fetichista recopilador de anécdotas, sucedidos, vivencias y chismes enhebrados en el transcurrir de la vida del coliseo y de sus más grandes figuras canoras.

A lo largo de ocho jugosos capítulos más un epílogo en el que se nos cuenta a grandes rasgos la biografía del personaje se nos desvelan algunos de los secretos del Teatro de la Plaza de Oriente en una narración que adopta en ocasiones el aire de una caricatura en la que, se afirma, “es posible que encontremos más certezas, que se nos cuenta con desenfado lo que de verdad pasaba, que en una fotografía donde todos posan, modosamente compuestos durante el instante en el que se abre el obturador”. Estamos ante unos cuentos “reales”; e intemporales”.

Nos dice el transcriptor, Joaquín Turina Gómez (autor de un extenso estudio de 550 páginas sobre el Teatro Real publicado por Alianza en 1997), que, en cualquier caso, estamos ante una aproximación más apasionante a lo que de verdad pasaba en el Teatro, con el público y los profesionales. “Como decía el famoso libretista Felice Romani estos fragmentos de episodios reales, de historia real, con personajes reales, están adaptados porque circunstancias inevitables han cambiado la urdimbre, los colores, los caracteres. Se hace necesaria toda la indulgencia de los lectores”.

Entre bromas y veras, con un estilo distendido, a veces graciosamente alambicado, remedando dichos, construcciones sintácticas y expresiones decimonónicas, se nos va ofreciendo un muy suculento panorama de lo que debió de cocerse en el ilustre coliseo. Para gozo del lector de nuestros días. Y así desfilan ante nuestros ojos e imaginación la breve historia de un novio infiel al que su novia trata de pegarle un tiro en plena actuación del divino tenor que fuera Giuseppe Anselmi, ídolo de todas las damas madrileñas (menos mal que era un sueño); el campanudo comunicado de la empresa del Teatro anunciando una temporada en la que no faltan algunas obras cómicas evocadoras de óperas de tronío: La farolita, Ruperto, el pobre diablo o la cuatrilogía La Golfemia, Lorencín, el camarero del cine, La Fosca y Simón es un lila. Estas cuatro últimas del maestro Luis Arnedo.

No sabemos muchas veces a ciencia cierta qué cosas son verdad y cuáles mentira. Qué nombres son reales o inventados. Y la duda nos divierte. Seguimos también el caso de un estreno de una ópera endeble sin tenor; un impagable cuadro, lleno de color y desenfocadas descripciones, de una noche de ópera en la que lo que más interesaba eran los entreactos y los escotes de la señoras de la buena sociedad; los problemas de la empresa ante la huida de la soprano protagonista de Andrea Chénier con un violinista; la cruenta guerra entre la empresa y la afición por la subida de un treinta por ciento del precio del abono, con muy divertidos diálogos y encontronazos; la desaparición de un medroso y joven director, Gaetano Babagnoli, poco antes del estreno de una Aida

La narración concluye con todo lo acaecido a raíz de la muerte en Madrid el 4 de diciembre de 1867, días después de cantar Los hugonotes de Meyerbeer, de la eximia mezzo francesa Constanza Nantier-Didier, pareja del gran tenor Enrico Tamberlick. El cronista hace acopio de la información recogida en diversos medios –no todos auténticos, nos tememos- y de las reacciones producidas; y aprovecha la ocasión para hablar de cementerios madrileños y de practicar un estudio tanatológico. Inefable.