CUENCA / Una Semana de misterio y suspense

Cuenca. Teatro Auditorio. 18-IV-2025. 62ª Semana de Música Religiosa. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Dir.: Jordi Francés. Stravinsky: Misa. Millán de las Heras: Via Crucis.
Con el lema In Via ondeando en las banderolas del Paseo del Huécar, la Semana de Música Religiosa de Cuenca volvió a convertirse en lugar de peregrinación: ese en el que desde hace más de seis décadas convergen de manera absolutamente singular las esencias de la tradición de la música sacra —y sus muchos derivados— con los nuevos signos de espiritualidad a través de obras de reciente creación. El itinerario de la 62ª edición arrancó el 12 de abril en la Catedral de Santa María y San Julián con el homenaje de Peter Phillips y las voces de The Tallis Scholars al quinto centenario de Palestrina y culminó, la noche del Viernes Santo, con el estreno de Via Crucis del compositor conquense Manuel Millán de las Heras en el Auditorio José Luis Perales.
El viaje sonoro propuesto por Andoni Sierra, director artístico del festival, abarcó nueve siglos de caminos y trayectos, algunos históricos, otros cargados de un profundo simbolismo. Así, por ejemplo, Carlos Mena y Concerto 1700 recorrieron las rutas de la fe de Simón de Cirene con obras de Vivaldi, Haendel, Stradella y Bach. La Folía, por su parte, interpretó músicas sacras en lenguas indígenas y asiáticas de las misiones jesuitas por el mundo, además de un estreno, Llamada y partida, de David Ruiz Molina. Y la idea del viaje interior, a través del sufrimiento y la revelación, tomó cuerpo en los instrumentos del ensemble Het Collectief durante el Cuarteto para el fin de los tiempos que Messiaen compuso en el campo de prisioneros de Görlitz.
Hubo tiempo también para el repertorio ‘monumental’ de la mano de la Sinfónica de Navarra, el Orfeón Pamplonés y el maestro Perry So, que se dieron cita en Cuenca para abordar la Sinfonía nº 2 ‘Lobgesang’ de Mendelssohn, con su conmovedor Die Nacht ist vergangen! (¡La noche ha pasado!) en la voz de la soprano Jone Martínez. El Jueves Santo el propio Sierra se ocupó de dirigir a la Orquesta y Coro de la SMR en las páginas del Réquiem de Mozart y un desconocido Miserere a cuatro y ocho voces de Santiago Pradas recuperado del Archivo de la Catedral de Cuenca, donde el compositor y organista fungió como maestro de capilla a finales del siglo XVIII. Parece ser que la obra estremeció en su día a la mismísima reina Victoria de Inglaterra.

El concierto del 18 de abril comenzó con casi diez minutos de retraso debido a la procesión del Santo Entierro, que congregó a una multitud en los alrededores del Monasterio de la Inmaculada y colapsó el acceso al Auditorio. Allí Jordi Francés, al frente de un coro mixto y un doble quinteto de viento pertenecientes a la ORCAM, ofreció una lectura luminosa de la Misa de Stravinsky, cuyo mayor reto consiste precisamente en la contención expresiva de una partitura sin adornos pero con mucha alma. El director catalán evitó la ostentación litúrgica por medio de texturas claras y un sentido de la declamación, siempre al servicio del texto, que hizo resonar los ecos del canto gregoriano sin renunciar al estallido glorioso del Hosanna in excelsis.
Via Crucis, la obra de encargo de la SMR a Manuel Millán, recrea las catorce estaciones de la subida de Jesús al monte Calvario, pero lo hace desde una perspectiva intensamente teatral, más cercana a una Pasión que a la meditación contemplativa de la que hicieron alarde, dentro del mismo género, compositores como Liszt. Para ello, el profesor y guitarrista conquense recurre a textos de los evangelios canónicos y apócrifos que intercala con poemas de los siglos XV y XVI junto a exclamaciones en latín. Como si de una tragedia griega se tratara, aquí el coro adopta una dimensión casi escénica para contar una historia que participa tanto del misterio de la fe como de la eficacia narrativa del suspense ante un desenlace por todos conocido.
Escrita para orquesta sinfónica completa, coro y narrador, Via Crucis transita entre sonoridades muy diversas: angustiosos pasajes seriales durante la ascensión al Gólgota, secciones modales inspiradas en la música antigua, acumulaciones armónicas, micropolifonías de influencia ligetiana (sobre todo en el Iesus pro redemptione hominum cecidit) y polifonías cercanas al estilo renacentista de Alonso Lobo. Como en las Equivalencias de Gustavo Torner —a cuyo centenario se dedicó el estreno de Via Crucis—, Francés y la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid lograron dar forma y color a la geometría interna de la obra de Millán, en la que el tiempo se detiene y el espacio conduce siempre a Cuenca como origen y destino.
Benjamín G. Rosado


