Cuando los años solo pasan para bien

Cuando los años solo pasan para bien

El caso de Martha Argerich es algo que a uno no deja de asombrarle una y otra vez, y supongo que no soy el único. La argentina, un verdadero supertalento del piano, una fuerza de la naturaleza en cuanto a temperamento, lleva mucho tiempo instalada en las más altas cotas del panorama pianístico, y sólo su reticencia a los recitales solistas y al aparato que conllevan ha recortado su presencia respecto a la de otros compañeros.

Pero Martha siempre le deja a uno con la boca abierta. Hace unos meses lo hizo con una memorable actuación en el ciclo de Grandes Intérpretes, junto a la Kremerata Báltica. Y ahora nos llega esta alucinante interpretación de la Tercera sonata de Chopin, grabada el pasado día 25 de junio en Hamburgo, dentro del proyecto Die Liebe Erde allüberall de la Symphoniker Hamburg (se pueden leer detalles del proyecto aquí).

Argerich grabó en los años 60 esta sonata, pero, que yo sepa, no había vuelto sobre ella hasta ahora. La Argerich del 65 era un torrente de energía, la Argerich casi octogenaria conserva una agilidad y fuerza literalmente asombrosas, pero ha ganado con los años la serenidad, el equilibrio de quien tanto ha vivido. Da igual que el vídeo no tenga la adecuada sincronización de imagen y sonido. Uno cierra los ojos y escucha.

Escucha la exaltación de la más genuina pasión romántica en un primer tiempo apolíneo, la elegancia del fulgurante vuelo del scherzo, que le tiene a uno sin respiración, y el canto emocionante de la intensa melancolía del tercero, una melancolía entre reflexiva y contemplativa, muchas veces estremecedora en su discurso, a menudo acariciado, para cerrar con una apasionada efusión de vitalidad en un cuarto tiempo simplemente sensacional.

La gran Martha Argerich en todo su esplendor. Increíble que no haya aplausos al final. Hasta ella misma parece algo desconcertada, como diciendo ¿eso es todo? Pues no, no es todo. Seguro que mucha gente le habrá hecho llegar testimonios de admiración por esta interpretación, verdaderamente sublime. A veces, los años solo pasan para bien. Y para Argerich ese parece ser el caso. Gracias Martha Argerich. El mundo necesita, más que nunca, música como esta, interpretada con esta intensidad emocional y con esta perfección artística.