Cristina Pavarotti, Alberto García Demestres: ‘No es frecuente que una mirada masculina asuma la perspectiva femenina’

El próximo 26 de julio, el Festival de Perelada presenta el estreno absoluto de Diario di una madre, un nuevo ciclo de canciones compuesto por Alberto García Demestres con textos de Cristina Pavarotti, que será interpretado por la soprano Sabina Puértolas y el pianista Rubén Fernández Aguirre. Con este dietario sobre la maternidad, Demestres y Pavarotti revalidan una colaboración que ha dado ya, entre sus frutos, la ópera La straordinaria vita di Sugar Blood, también estrenada en Peralada en el año 2017.
¿Cómo surgió el proyecto de Diario de una madre y cómo se fue gestando?
A.G.D.: Mi primera idea fue escribir un tríptico de canciones (últimamente he compuesto muchos trípticos) sobre la relación madre-hija. Como no soy ni madre ni hija, llamé a Cristina, con quien mantengo una muy bella relación desde hace 40 años y con quien hemos creado juntos dos óperas. A ella le gustó el proyecto, empezamos y fue imposible parar: al final salieron catorce canciones, en las que hemos buscado un equilibrio dramatúrgico. Además de dos piezas para piano que funcionan como interludios, hay cuatro canciones sobre la infancia, cuatro sobre la juventud, tres sobre la madurez y otras tres sobre los días finales de la madre. Hay, por tanto, un arco que va desde la gestación (porque en la primera canción la hija aún no ha nacido: es el primer momento en el que la madre siente a la hija en su vientre) hasta el momento en que la madre siente que se acerca a la muerte.
¿Cuánto tiempo les llevó terminarlo?
A.G.D. Dos años. Lo terminamos hace tres años, más o menos, pero por motivos ajenos a nosotros el estreno se retrasó. Ahora tenemos la suerte de que el Festival de Peralada lo haya programado y la enorme suerte de contar con Sabina Puertolas y Rubén Fernández Aguirre como intérpretes; ambos ya han tocado y cantado mi música y son dos personas que aman nuestro trabajo.
Desde el punto de vista literario, ¿cómo ha enfocado su trabajo?
C.P.: Tras la primera propuesta de Alberto, nos dimos cuenta enseguida de que tres canciones no serían suficientes y de que resultaba más interesante crear una verdadera dramaturgia, algo que no es fácil realizar en un concierto. Normalmente, los ciclos de lieder giran en torno a un tema; en este caso, sin embargo, se trataba de transmitir la plenitud del sentido de una vida que se desarrolla y de una relación que cambia continuamente con el paso del tiempo. Al principio teníamos la intención de trabajar como siempre lo habíamos hecho, pero en un momento dado la cosa se me fue de las manos, porque evidentemente necesitaba decir más. Luego, Alberto puso en música mis textos y sentí una total consonancia con lo que había escrito.
En cuanto a la música, ¿cómo ha abordado este trabajo?
A.G.D.: Con mucha humildad y mucha feminidad, en el sentido de que he querido expresar de verdad, hasta el fondo, lo que siente una mujer: algo que, como hombre, nunca he experimentado. No digo que me haya identificado con el hecho de ser mujer, pero he intentado acercarme a una forma de sentir femenina. También queríamos escribir sobre temas de los que normalmente no se habla ni en las canciones ni en la ópera. Me interesaba mucho hablar de cosas que nunca viviré; gracias a la amistad con Cristina he intentado acercarme más a ella, comprender lo que ella quería expresar, porque para mí es una escritora magnífica. Lo cierto es que sus palabras me conmovían mucho; hay canciones que me salieron de forma espontánea, sin tener que cambiar ni una sola nota. Musicalmente hay momentos que nadie espera. Con este proyecto creo que he dado un paso adelante en mi carrera como compositor, y espero transmitir a los oyentes las grandes emociones que este trabajo me ha transmitido a mí. Hay un par de canciones que, cuando las escucho, se me saltan las lágrimas.
¿Se trata de un ciclo exigente desde el punto de vista técnico?
A.G.D.: Mucho, tanto para la voz como para el piano. A veces pienso que no entiendo nada de composición porque escribo cosas que están al alcance de muy pocos pianistas acompañantes, aunque para mí Rubén es mucho más que esto: es un pianista completo que sabe perfectamente cómo apoyar a los cantantes y controla todas las capas de la composición. Desde el punto de vista vocal, el ciclo es muy exigente, aunque durante un tiempo he sido cantante por lo que conozco las facetas técnicas de cómo se canta, cómo se respira, cómo hay que llegar al agudo… Lo bueno es que tanto a Rubén como a Sabina les gusta mi música, y a mí me encanta su forma de hacer música. Creo que se trata de un proyecto redondo; aunque para que sea verdaderamente redondo falta la parte del público, que la gente se emocione.
El proyecto también va acompañado de fotos.
A.G.D.: Sí. Los fotógrafos May Zircus y Álvaro Rodríguez han hecho unas fotos realmente sorprendentes, utilizando transparencias, tal y como hago yo en mi música. Sus imágenes ofrecen muchas interpretaciones sobre el tema de la madre. No son un simple complemento, sino parte integrante del proyecto.
¿Qué tipo de estilo utilizan los textos?
C.P.: No son biográficos en sentido estricto, pero hay mucho de nuestra vida en ellas. Lo que he intentado hacer es condensar la escritura. He elegido un italiano bastante coloquial; por desgracia, el público español se perderá algunos matices, estamos pensando en realizar una traducción. Los textos hablan del misterio que supone dar vida a una vida, y seguir el desarrollo de esa existencia. No pretendo decir nada más que cualquiera que haya vivido esta experiencia sepa, sino plantear preguntas. También lo dije en la presentación del festival: me alegra mucho que sea un hombre quien ponga música a esto, porque creo que, en este momento de continuas divisiones, es algo poco común lograr que una mirada masculina asuma la perspectiva femenina. Normalmente soy yo la que se pone al servicio de las ideas de Alberto, mientras que en este caso ha sido un poco al revés. El hecho de haber logrado esta síntesis y el enorme esfuerzo de escucha que ha realizado Alberto me parece algo admirable.
Stefano Russomanno


